Mission to Hell (1959)

Mission to Hell

El arma bajo la tierra
Dirigida por Tai Kato

La película de hoy es de esas que cuando aparecen hacen saltar las alarmas de los grandes aficionados al jidai-geki. Entre sus muchos títulos internacionales destacan Genghis Khan and His Mongols y The Great King of Mongolia, llevándonos erróneamente a pensar que tenenemos en nuestras manos una de esas escasas joyas ambientadas en el periodo Kamakura. Por desgracia, no es más que una triste forma de acercar esta obra al público internacional, ya que, como veremos después en detalle, Tai Kato nos transporta al mismísimo inicio del periodo Heian.

Sinopsis: el señor de la guerra Akudo-o ha reunido a un ejército de más de 150.000 hombres procedentes del norte de Japón y de todas partes del continente asiático. Su rebelión en Mutsu se ha extendido hacia el sur y su próximo objetivo es la recientemente trasladada capital del país. En su camino solo se interpone el castillo de Hizawa, cuya guarnición espera impaciente la llegada de refuerzos. El Emperador envía a Takemaru Oda como emisario, confiando en que su original estrategia de defensa les de la victoria en la contienda. El viaje hasta el castillo se verá obstaculizado por Akawashi Dewa, la mano derecha de Akudo-o.

Ahora que sabemos que la capital acababa de instalarse en Heian-kyô, y que la rebelión procede de Mutsu, podemos concluir que el conflicto se engloba dentro de la larga guerra entre los Emishi y el gobierno imperial japonés. Nos encontramos por lo tanto entre los años 794 y 802, con una historia que presumiblemente combina sucesos reales con otros muchos ficticios. Los Emishi siempre lucharon en inferioridad numérica y nunca más allá de defender sus tierras o realizar incursiones en los pueblos fronterizos. La participación de continentales asiáticos seguramente esté inspirada en las invasiones mongolas del siglo XIII, y en cierta forma autoriza los títulos internacionales que se le han dado a esta película.

Mission to Hell

Del aspecto físico de los Emishi (también llamados Ebisu o Ezo) se sabe poco más que la descripción del emperador chino Kao-tsung, que quedó sorprendido por sus caras y cuerpos cuando los conoció a través de una embajada japonesa en el año 659. Los llamaron “gente peluda”, motivo por el que suelen representarse como barbudos de aspecto prehistórico (recordemos a Kumasunehiko en Kuroneko). El director caracteriza a su ejército de salvajes tomando elementos de la cultura Ainu (supuestos descendientes de los Emishi), mongola, e incluso diría que árabe.

Entrando en valoraciones, creo que Tai Kato consigue salvar los muebles después de una terrible introducción que parece sacada de una película de bajo presupuesto sobre Genghis Khan. La primera hora lidia con las dificultades de nuestro héroe Takemaro (Hashizo Okawa) para superar la persecución de Akawashi (Jun Tazaki), dejando la batalla de Hizawa para el desenlace. El duelo final, con esas tempranas versiones de tachi con hoja recta, me ha recordado a la mítica lucha de Alain Delon con Stanley Baker en El Zorro; un interminable choque de espadas recorriendo todo el escenario para acabar en la torre ante la expectante mirada de todos.

Mission to Hell

No quería concluir el comentario sin hacer mención al magnífico ejemplar de armadura que viste el protagonista para la batalla final. Se trata de una versión tardía de la clásica tankô de infantería, que incorpora un faldón (kusazuri) similar al de la keikô de caballería. Las pieles de leopardo que lleva adheridas al casco (kabuto) son un añadido que combinado a las tradicionales plumas de faisán le da un toque exótico al vestuario.

Mission to Hell, como he preferido llamar a esta obra de Tai Kato, no pasa de ser una entretenida película de aventuras que seguramente ni decepcione ni entusiasme a nadie. Creo que resultará especialmente interesante para los que buscan tomarse un descanso del periodo Edo.

Souls in the Moonlight 2 (1958)

Souls in the Moonlight 2

Con el olor de la sangre
Dirigida por Tomu Uchida

Sinopsis: Ryunosuke parece haberse asentado gracias a las atenciones de Otoyo, con la que por fin se ha reencontrado. Su vida vuelve a sufrir un cambio cuando el recaudador de impuestos Kamio obliga a la mujer a acostarse con él, provocando su posterior suicidio. El vacío que deja lo llena Otoku, que junto con su hijo toma el relevo en la labor de ablandar el corazón del asesino. Por su parte, el trío formado por Hyoma, Shichibei y Omatsu, continúa su persecución en busca de venganza.

La segunda parte de Souls in the Moonlight deja de lado al protagonista durante más de media hora para centrarse en la presentación de los nuevos personajes (sobre todo femeninos) que intervienen en la historia. Ahora más que nunca nos damos cuenta de cómo se entrecruzan los destinos de todos, avanzando en una trama en la que cada pequeña acción tiene un efecto importante e impredecible sobre el resto de individuos. A ese respecto, si bien sigo considerando que la visita de Ohama a Ryunosuke es el desencadenante de la tragedia, debo dar la razón a un gran aficionado con el que debatía hace unos días; el motor de la trama es el asesinato inicial en el paso de montaña. A pesar de no tener una fuerte repercusión sobre los sucesos inmediatamente posteriores, es sin duda el acontecimiento que marca el inicio de este peculiar efecto mariposa.

Masahiro Makino ralentiza el avance y se recrea más en cada escena. El bis de Otama con la canción del pájaro que vuelve al nido, y la característica lentitud para hablar de Chiezo Kataoka, ya consumen una parte importante del metraje. No en vano, Kenji Misumi resumió Souls in the Moonlight 2 en apenas cuarenta minutos de The Final Chapter. Por desgracia, tener más tiempo no hace que las escenas de acción mejoren lo más mínimo. El colmo ha sido para una de las estocadas del protagonista con la lanza, que se clava en el vacío al costado izquierdo del adversario durante lo que parece una eternidad, sin el menor esfuerzo de cámara por ocultarlo. Mejor resultado tienen sus intervenciones con la flauta, que emulan aquel mítico fotograma de Mifune en Whirlwind.

Souls in the Moonlight 2

Dije en el comentario anterior que el Ryunosuke de Makino era menos malvado que el de Misumi. En esta segunda entrega lo corroboro, llegando a verle incluso actuar por una buena causa y a renunciar al combate para salvar una vida. Si recordamos la misma escena en Satan’s Sword, el motivo por el que detiene la refriega es salvarse a sí mismo. Sin embargo, como si de un tiburón se tratase, el alter ego de Chiezo Kataoka reacciona a la sangre transformándose en un monstruo hambriento de víctimas.

En el apartado de las curiosidades, la espada que regalan a Nemuri en Souls in the Moonlight 2 es obra del célebre armero Horikawa Kunihiro. Me hubiera gustado comprobar (aunque seguramente habría salido decepcionado) si se ha cuidado el detalle del hamon (linea de templado) y se ha hecho en los estilos irregulares que caracterizan la producción de Horikawa. Tratándose del cine lo habitual es ver el estilo suguha (linea recta) y con menos frecuencia notare (ondas regulares de gran amplitud), por lo que mostrar uno diferente habría sido un claro guiño al origen de la katana. En Satan’s Sword la misma espada es obra de Amakuni Yasutsuna, el herrero a quien se atribuye la forja de la primera tachi, y cuyas espadas hoy día se consideran tesoro nacional de Japón.

Como conclusión, decir que la película se me ha hecho bastante amena, y eso es de agradecer en la entrega central de una trilogía. Dejar tranquilo a Ryunosuke y jugar con las vidas del resto de personajes ha sido un acierto para llevar la historia al siguiente nivel.

Evil Man of Edo (1958)

Evil Man of Edo

Un hombre excepcional
Dirigida por Masahiro Makino

De la mano de Masahiro Makino nos llega esta preciosa historia del periodo Edo protagonizada por Ryutaro Otomo y Keiko Okawa. Muy en la línea de Bull’s Eye of Love, que data del año anterior y que reseñé hace unos días, se trata de una obra descafeinada que sin grandes pretensiones busca nada más que el entretenimiento y disfrute del espectador.

Sinopsis: Namino (Keiko Okawa) huye de su poderoso clan para evitar que la obliguen a casarse. A su llegada a Edo el posadero recomendado por su bisabuelo no la reconoce, por lo que se refugia en un humilde vecindario haciéndose pasar por hombre. En otra parte, un tal Akiyama se está haciendo rico gracias a las predicciones del falso adivino Doman, y su ambición le lleva a querer construirle un templo justo donde se asientan las viviendas de la nueva familia de Namino.

Protagonista indiscutible y actuación estelar de Ryutaro Otomo, en un papel que le viene como anillo al dedo y que le sitúa como antítesis del malvado hombre de Edo (traducción española del título Evil Man of Edo). Protector de los desamparados, profesor de escuela, vecino ejemplar y maestro con la espada; todo el mundo acude a él en busca de ayuda al grito de “¡Sensei! ¡Sensei!”. La bondad del personaje nos recuerda las apariciones del actor interpretando a Tange Sazen, quizás el ronin con mejor corazón del chambara.

Evil Man of Edo

Keiko Okawa por su parte se ve a sí misma realizando uno de esos recurrentes cambios de sexo en los que debe hacerse pasar por hombre (Senkichi) con un mínimo esfuerzo de caracterización. Las diferencias con Hibari Misora, que se mueve como pez en el agua en este terreno, son abrumadoras, ya que nuestra joven protagonista ni siquiera se molesta en cambiar el tono de voz. Lejos de reprochárselo, este hecho nos brinda algunas de las escenas más cómicas del metraje, ya que a Sanshiro (Ryutaro Otomo) le disgusta el amaneramiento del supuesto muchacho.

Puntuales a su cita con este estilo de película encontramos coreografías inofensivas y teatrales en las que la sangre y el realismo brillan por su ausencia. Emulando a Kenshin Himura, Sanshiro utiliza la espada golpeando a sus rivales con la parte que no corta, aunque, a diferencia del personaje del manga, el filo de su katana no está invertido y debe empuñarla con la hoja al revés. Este detalle provoca unos movimientos extraños en los que cada estocada se enfrenta a la resistencia y la inercia del desplazamiento de una hoja curva.

El punto final del comentario es para remarcar lo divertido y entrañable que es este título de Masahiro Makino, construido sobre los hombros de un fantástico elenco de personajes que compensan el vacío de sus carteras con un admirable espíritu de comunidad. Evil Man of Edo es una de esas películas capaces de mantenernos 90 minutos con una sonrisa en la cara, a la espera de un final en el que cualquier cosa es posible.

Souls in the Moonlight 1 (1957)

Souls in the Moonlight 1

La espada impasible
Dirigida por Tomu Uchida

Cuando publiqué el comentario de Sword of Doom escribí que Kihachi Okamoto había conseguido realizar una película muy superior a la Great Buddah Pass de Kenji Misumi, a pesar de haber hecho casi un calco de buena parte del metraje. Recuerdo aquellas palabras porque ahora me gustaría repetirlas para comparar a la derrotada de aquel duelo imaginario, con la primera parte de Souls in the Moonlight. Esta vez, al estar las dos rodadas a color sería difícil incluso distinguir algunas escenas. Tan parecidas son las caracterizaciones de los personajes, que he tenido que comprobar que el intérprete de Yohachi no fuera el mismo en ambas versiones (Akira Kishii en la de 1957 y Yoichi Mashio en la de 1960).

Para aquellos que no conozcan las maravillas de Daibosatsu Tôge, recuerdo que la obra relata la historia de Ryunosuke Tsukue, un samurái sin sentimientos que desencadena una tragedia al violar a la mujer de su rival en un torneo de esgrima la noche antes del enfrentamiento. No satisfecho con su acción, a la mañana siguiente mata en combate al furioso marido y se fuga con su destrozada esposa. Desde ese momento, Hyoma, el hermano menor del fallecido, comenzará a andar un camino de venganza que le lleva a recorrer el país en busca de su enemigo mortal.

Aunque probablemente sería divertido repasar una a una las diferencias con la obra de Misumi, considero que no es tan relevante y además privaría al lector de descubrirlas por sí mismo con el visionado. Sí diré que en general me ha dado la impresión de que este Ryunosuke es un poco menos diabólico que el de Satan’s Sword. Salvo que esté pecando de inocencia, aquí ni siquiera llega a violar a Ohama (aunque se asegura de provocar la ruptura de su matrimonio en la víspera del torneo) y la temprana aparición de Tango Ueda reduce la duración del periodo de máxima violencia del personaje.

Souls in the Moonlight 1

Que Chiezo Kataoka (Ryunosuke en Souls in the Moonlight) es un gran actor es algo que no voy a poner en duda, y sería muy injusto decir que su interpretación del papel no es muy buena. Sin embargo, reconozco que no me gusta verle como protagonista. Incluso en un rol tan frío como el de Ryunosuke me sigue pareciendo demasiado pasivo y carente de energía. Esto se hace evidente en escenas como la de su última riña con Ohama, o más aún en la de la locura cuando cree haber visto un fantasma. Su esgrima tampoco es de lo mejor del género, y las pobres coreografías de la película lo dejan en evidencia repitiendo una y otra vez unos golpes demasiado artísticos y nada creíbles.

Suelo reservar un par de líneas para las curiosidades, y esta vez quería hacer mención al uniforme del Shinsengumi. Estamos tan habituados ya a que el cine sobre la milicia cambie los colores y el diseño, que se hace extraño ver el auténtico haori azul en pantalla. Se utiliza mucho más cuando el Shinsengumi es un elemento secundario de la trama que cuando la protagoniza, y supongo que la explicación es que cuando sólo tienen un par de escenas interesa que el espectador los reconozca rápidamente.

Y si nada más que añadir, concluyo advirtiendo que, a pesar de ser peor que las dos versiones que mencionaba anteriormente, pocas pegas se le pueden poner a la ejecución. En este momento estoy impaciente por descubrir a dónde nos llevará la historia, ya que en una sola entrega el director Uchida ha cubierto las dos primeras partes de la conocida trilogía de Misumi.

Bull’s Eye of Love (1958)

Bull's Eye of Love

Blanco al corazón
Dirigida por Masahiro Makino

Sinopsis: tras el fallecimiento de Lord Minaguchi, el chambelán Hyobu pone en marcha su plan para hacerse con el control del clan. Su intención es casar a su hija con Sannojo, el hijo menor del difunto, y utilizarle como marioneta para hacer su voluntad en el feudo. La única oposición la encuentra en un anciano y fiel vasallo que viaja a Edo en busca del primogénito de Lord Minaguchi, que había renunciado a la vida de samurái hacía tres años.

Nos encontramos ante una película de amor sobre un hombre y una mujer que se quieren y son demasiado orgullosos para reconocerlo. Ella (Kocho) es la dueña de un establecimiento de tiro con arco, y él (Genjiro) un humilde obrero cuya deuda económica con su amada no hace más que aumentar. Puesto que 90 minutos serían demasiado largos para hacer que finalmente se entreguen el uno al otro, Masahiro Makino utiliza las maquinaciones del malvado chambelán para separar a los amantes tanto físicamente como en la escala social.

Cuando comencé a ver Bull’s Eye of Love no recordaba que Hibari Misora estaba en el reparto. A los pocos minutos de presentar la trama encontramos la primera canción a coro que introduce al personaje de Genjiro (interpretado por Kinnosuke Nakamura) seguida de un solo de Kocho (interpretada por la reina del Enka). Ha sido una verdadera lástima que no tengamos subtítulos para ninguna de las intervenciones musicales, ya que son parte de la narración de la historia y los actores reaccionan a lo que escuchan en ellas. En especial las de Hibari quedan algo huérfanas por no poder más que imaginar lo que dice.

Bull's Eye of Love

Curiosidad que quería mencionar en el comentario es el uso que se hace en un par de ocasiones del dedo meñique cuando los personajes hablan de la chica que les gusta. La explicación es que en el lenguaje corporal japonés se levanta este dedo para referirse a una mujer, novia, amante o esposa. Prestad atención al gesto en adelante, porque aunque es la primera vez que lo observo de forma tan evidente, no es raro encontrarlo en este cine.

Por desgracia nada puedo hacer para tratar de situar la trama en un momento histórico concreto. No he encontrado nada sobre el clan Minaguchi, y el feudo no aparece en ninguno de los listados de han a los que tengo acceso. Su emblema de la flor de peral tampoco me dice nada. El último recurso ha sido fijarme en la moneda de 1 ryo (koban) que entrega Genjiro al vidente. Su tamaño descartaría al siglo XVII, porque parece más pequeña, y al periodo Bakumatsu, porque es mucho más grande. Eso nos deja el intervalo posible de 1710-1859, siempre que el director haya cuidado ese detalle.

Entrando ya en valoraciones, la película me ha gustado de principio a fin por su sencillez, su ritmo, y sus personajes. Casi todas las escenas son divertidas y descafeinadas, y ni siquiera el malvado de la obra es capaz de despertar en el espectador el habitual sentimiento de odio y rechazo. La única escena de acción llega al final, pero para entonces habremos disfrutado lo suficiente como para dejarla pasar con una sonrisa.

Flower (2006)

Flower

¿Venganza?
Dirigida por Hirokazu Koreeda

Sinopsis: Sozaemon es un samurái en misión de venganza que se ha instalado en una zona pobre de Edo. El asesinato de su padre le brinda la oportunidad de obtener el reconocimiento del clan Matsumoto si consigue encontrar y matar al culpable. Sin embargo, su escasa habilidad para el combate y su desinterés por realizar la tarea acaban provocándole un debate interno que no es capaz de resolver. La relación con sus nuevos vecinos le ayuda a ver la vida con otros ojos.

Allá por 2006 nos llegó la primera, y hasta la fecha única, incursión de Koreeda en el jidai-geki. La carátula del DVD presumía de varias selecciones en diversos festivales de cine, concretamente Toronto, San Sebastián, Pusan, Vancouver, Hong Kong, Atenas y Londres. Pese a que la película no recibió ninguno de los galardones, las críticas fueron por lo general positivas, y Jun’ichi Okada ganó el premio Nikkan Sports al mejor actor debutante por su interpretación como Soza.

Flower es un drama contado a través de la comedia, con un sentido del humor del siglo XXI llevado al periodo Edo para hacernos disfrutar con los más humildes. Personajes entrañables como Mago, Jiro, Onobu, o Shigehachi, consiguen con su sencillez que entendamos el pensamiento del protagonista y su apego a la vida. La música renacentista, que tanto ha llamado la atención de los espectadores, me ha parecido un vehículo perfecto para revivir la alegría de una época pasada, aunque me ha dejado fuera de juego escucharla en una película oriental.

Flower

En Japón tradicionalmente se identifica la vida del guerrero con la de la flor de cerezo, puesto que su florecimiento es hermoso y efímero. Koreeda contradice a la cultura popular, y con la voz de sus personajes nos dice que las flores regresan cada año en primavera, mientras que el hombre que cae no vuelve a levantarse jamás. No en vano, el título original es Hana Yori mo Naho, que significa “incluso más que las flores”, haciendo referencia a que nuestro paso por el mundo es aún más breve. Esta idea se instala poco a poco en la mente de Soza y le hace darse cuenta de que debe aprovechar al máximo su existencia.

La obra se ambienta en 1702, en una era en que después de varias generaciones se comenzaba a olvidar lo que era vivir por la espada y morir en el campo de batalla. Un tiempo en que el samurái era más una élite social que una clase guerrera, y las armaduras un símbolo de respeto por antepasados ilustres. A pesar de todo, en secreto, 47 hombres se preparaban para recordar a todo el país el significado del bushido (los 47 ronin, por si algún novato me lee). Algunos de ellos aparecen en la película de Koreeda, pero lo glorioso de su tarea se desvirtúa hasta el punto de dejarlos como unos simples asesinos que van a realizar un acto cobarde. Nos encontramos por lo tanto ante dos historias de venganza cuyos protagonistas toman caminos opuestos, con un claro vencedor a ojos del director.

Aprovecho para mencionar a Engelbert Kaempfer, al que se nombra una vez durante la segunda mitad del metraje. Lo que se cuenta de él no pasa de ser una anécdota, pero este físico alemán es una de las pocas fuentes extranjeras contemporáneas a las que hoy día podemos leer. De sus obras sólo he tenido acceso a Kaempfer’s Japan: Tokugawa Culture Observed, que de hecho fue donde encontré casi toda la información que tengo sobre Tsunayoshi Tokugawa. Si recordamos el excéntrico amor por los animales que caracterizaba a este Shogun, entenderemos la reacción del casero cuando descubre que sus inquilinos están comiendo perro.

En conclusión, considero que Koreeda y Flower refrescan un género monopolizado por la violencia y los ideales del guerrero. Recomiendo el visionado, pero no iré tan lejos como para colocarla entre los imprescindibles del jidai-geki.

Sleepy Eyes of Death 14: Flyfot Swordplay (1969)

Flyfot Swordplay

Las muñecas del Shogun
Dirigida por Kazuo Ikehiro

La última entrega de la saga clásica la dirige Kazuo Ikehiro, rescatando para la introducción los primeros minutos de A Trail of Traps. Si comparamos las imágenes, evidenciamos la pobre calidad del DVD de Flyfot Swordplay, que supone además un hándicap a la hora de valorar las escenas de acción, rodadas en su mayor parte de noche y con escasa visibilidad. Pataletas aparte, el título internacional de la obra me ha llamado la atención por emplear la palabra flyfot en lugar de swastika, a pesar de ser menos adecuado para traducir el manji japonés. Es obvio que la película nunca se habría titulado Swastika Swordplay, pero no deja de ser impactante hasta qué punto el nazismo ha dañado un símbolo tan importante en otras culturas orientales (en mi reseña de Inn of Evil podéis encontrar algo más de información).

Sinopsis: Nemuri recibe el encargo de violar a una joven que utiliza el encaprichamiento del señor del clan Kishiwada para controlar todas sus acciones. El espadachín acepta la misión, pero al llevarla a cabo resultan dañadas dos muñecas que custodiaba el feudo para el Shogun. Nuestro protagonista se ofrece para conseguir unos duplicados, aunque lo hará bajo la constante amenaza del clan Shimazu de Satsuma, animado por la situación para eliminar a un rival en la lucha por el poder.

El contexto político, por sorprendente que resulte, parece ser el de la sucesión de Ieyoshi Tokugawa de 1837. En Full Moon Swordsman se databa la aventura en 1841, por lo que no entiendo este viaje en el tiempo. Para hacerlo más confuso, en uno de los diálogos se dice que cuando Ienari sea nombrado Shogun, Tadakuni Mizuno será ascencido a Consejero Mayor. O bien el subtítulo inglés es incorrecto, o bien el guionista ha tenido un lapsus con los nombres. Lo que está claro es que la frase es contradictoria en sí misma, puesto que el nombramiento de Ienari tuvo lugar antes incluso de que naciera Tadakuni.

Flyfot Swordplay

El que esta entrega me haya parecido una de las peores se debe a que el argumento se olvida por completo durante más de una hora para centrar nuestra atención en el enfrentamiento de Nemuri con Satsuma. Se diría que más que nunca las muñecas son una pobre excusa para mostrarnos unas cuantas escenas de acción y rellenar metraje. Son las mismas trampas de siempre, las mismas violaciones consentidas, el mismo protagonista impasible, y una aventura que carece completamente de interés.

Si hay algo destacable en Flyfot Swordplay son las coreografías grupales en las que los rivales de Nemuri se ponen en fila india para enfrentarse a él de manera individual. El supuesto Jigen-ryu de Satsuma parte de una posición grotesca y nada práctica en la que cada luchador esgrime la espada por encima de la cabeza con la mano derecha invertida. Esta perversión de la postura de la libélula (tonbo gamae) es pura invención cinematográfica. Los combates evidencian que tampoco resulta muy útil.

Puesto que en mi opinión el propio Kazuo Ikehiro resta importancia en su película a las muñecas de Hina (que en teoría deberían ser el motor de la trama), he decidido dedicarles unas lineas como favor al espectador curioso. Estas figuras de madera se visten con atuendos del periodo Heian, y se colocan en un expositor de siete escalones con una jerarquía muy estricta. En la plataforma superior se sitúan las muñecas imperiales, el emperador y la emperatriz; en el segundo escalón hay tres cortesanas sirviendo sake; en el tercero encontramos cinco músicos, cuatro con instrumentos y el cantante con un abanico; el cuarto escalón presenta a dos ministros, uno en cada esquina; en el quinto hay tres samurái; en el sexto hay objetos cuyo uso tiene lugar en palacio; y por último, en la parte inferior se ponen objetos para uso fuera de palacio.

Conforme a lo dicho anteriormente, considero Flyfot Swordplay una de las dos o tres peores cintas de la saga, pero aprovecho la ocasión para rendir mi más sincero homenaje a esta estupenda colección de catorce películas, que quedó para siempre marcada por la pérdida de Raizo Ichikawa. Ante la figura de Nemuri Kyoshiro somos más conscientes de que nos dejó un actor maravilloso.