Thirteen Assassins (1963)

The Thirteen Assassins

Historia de un viaje
Dirigida por Eiichi Kudo

Juusan-nin no shikaku (título original) se ambienta en 1844, considerado primer año de la era Koka, aunque curiosamente todos los eventos ocurren dentro de la era Tenpo, que no terminó hasta el 2 de Diciembre. El personaje central es el hermano del Shogun, Narutsugu Matsudaira, quien con su actitud vandálica y arrogante no hace más que ganarse el odio de la mayoría de los clanes. Su posición social protege cada una de sus acciones, encontrándose incluso a la espera de que su hermano le nombre Consejero Mayor y le permita tomar parte en decisiones de política nacional.

Entre las subtramas de la película se plantea el dilema de la lealtad: ¿a tu señor o a tu país? Planear el asesinato de un familiar directo del Shogun es alta traición, pero no hacerlo es poner en peligro a todo Japón. El clan Akashi se mantiene leal a su señor Narutsugu, mientras que el grupo de asesinos de Shinzaemon se encomienda a la misión y deja que la historia juzgue si son traidores o patriotas.

The Thirteen Assassins

Thirteen Assassins avanza con un desarrollo muy lento hasta prácticamente el desenlace. Me recordó mucho a dos míticas obras del cine samurái. En primer lugar a cualquiera de las versiones de 47 Ronin, en cuanto a que se trata de un ataque planeado a la perfección, con extrema frialdad, y en el que todos los integrantes del grupo están decididos a sacrificar sus vidas por la causa, poniéndolas a disposición de otro Oishi. En segundo lugar le encontré un parecido a la legendaria Seven Samurai en el apartado del asalto definitivo, que tiene lugar en un pueblo en el que nuestro Kambei despliega sus trampas y estrategias para enfrentarse al enemigo con una ventaja que les permita superar la inferioridad numérica.

La acción es prácticamente inexistente hasta que se apodera de la última media hora de metraje. Se consigue un realismo aceptable tratando con la dificultad de que 13 personas puedan controlar a 52, aunque resulta un sinsentido el escaso aprovechamiento que hacen de los arcos, estando situados en una posición elevada y con un enemigo cercado. Las coreografías, por su parte, no son demasiado vistosas y abusan de la estocada horizontal al vientre en distancias muy cortas.

Concluyendo el comentario, nos encontramos ante 120 minutos de calidad del director Eiichi Kudo, con buenas actuaciones, buenos escenarios, una historia con mucha fuerza, y sobre todo haciendo gala de una gran narrativa. A pesar ello, debo reconocer que no es tan buena como la recordaba.