Throne of Blood (1957)

Throne of Blood

En las redes del destino
Dirigida por Akira Kurosawa

Tres años después de su obra maestra, Seven Samurai, Akira Kurosawa volvió a deleitarnos con una de las mejores adaptaciones de la literatura jamás hechas en la historia del cine. En la versión doblada que llegó a Estados Unidos su título era Macbeth, algo que la situaba como una más de las docenas de obras que se hicieron con ese nombre. Sin embargo, el título internacional se tomó de la versión subtitulada, Throne of Blood, que al menos servía de identificativo para hacer justicia a esta obra de arte, que no solo llevó la tragedia de Shakespeare a la pantalla con suma delicadeza y cuidado, sino que además la introdujo en el mundo de los samuráis.

Sinopsis: Washizu y Miki regresan después de una victoria militar contra los sublevados. Por el camino entran en un tétrico bosque donde se encuentran con un espíritu que predice el destino de cada uno, erigiendo a Washizu como señor de la Mansión del Norte y más tarde del Castillo de las Telarañas, y a Miki como comandante del primer fuerte y como padre del sucesor de Washizu. No le hacen demasiado caso, y lo toman a broma hasta que su primera predicción se cumple.

Resulta macabro e impactante ver como una simple profecía lleva a un hombre a su autodestrucción. Movido por la ambición de su mujer y el temor a su destino, Washizu se va consumiendo cada vez más en su locura. Durante toda la película vemos como cada una de sus acciones es un paso más que le acerca a la perdición. Su esposa Asaji se convierte en títere del espíritu, llenando los oídos de su marido con palabras envenenadas que le nublan el entendimiento y alimentan los deseos ocultos de su corazón.

Mientras que películas de época como Ran, The 47 Ronin, o Seven Samurai, consiguen atraparte y trasladarte en el tiempo a través de su duración (todas ellas rondando las cuatro horas), Throne of Blood es capaz de hacer lo mismo en la mitad de tiempo. Y es que se desarrolla con una lentitud aplastante, embriagándonos con interminables escenas como la de Washizu y Miki cabalgando perdidos entre la niebla. Poco a poco el espectador queda también atrapado en las telarañas del bosque y de Kurosawa, para terminar el film como despertando de un sueño neblinoso.

Throne of Blood

La actuación de Toshiro Mifune perfectamente podría ser la mejor que hizo nunca. Por primera vez tiene un papel que no limita su exceso de expresividad, en ocasiones cercano a la sobreactuación, sino que se lo exige y lo potencia. Es una representación cien por cien teatral. Todas sus frases son exclamaciones, cada movimiento se exagera al máximo, piernas arqueadas dando pasos de marioneta, los ojos abiertos como platos. En todo momento secundado por Isuzu Yamada en el papel de Asaji, pintada como una muñeca de bunraku, inexpresiva, deslizándose por los escenarios como el ciempiés que forma el emblema de su marido.

La música es siempre de flauta, con notas tan estridentes que parecen desafinar. El vestuario se hace imposible de pasar por alto, tanto en las perfectas armaduras de samurái que lleva cada uno de los cientos de extras que participan, como en los diversos señores y comandantes que aparecen. Los escenarios son casi todos muy amplios y con paredes vacías, contribuyendo a crear ese ambiente tétrico y de soledad absoluta en el que se va quedando nuestro protagonista.

Throne of Blood es una obra maestra, mi película favorita de todos los tiempos, y para algunos el mejor Shakespeare en pantalla.

Destiny’s Son (1962)

Destiny's Son

Destino aciago
Dirigida por Kenji Misumi

En este repaso que estoy haciendo a mi colección de jidai-geki lo que más me llama la atención es lo mucho que ha cambiado mi gusto y mi manera de ver el cine en estos ocho años que han pasado. El ejemplo más contundente que me he encontrado hasta ahora es precisamente el de Destiny´s Son, de la cual escribí verdaderas sandeces. Leyendo aquellos comentarios antes de reescribirlos ahora para este blog, me parece que el autor fuera otra persona. Esto me demuestra que cuando vemos una película lo que más influye a la hora de juzgarla son nuestras espectativas, nuestra personalidad, y lo que esperamos encontrar en ella.

Reflexiones personales aparte, otra novela de Renzaburo Shibata dirigida por Kenji Misumi y protagonizada por Raizo Ichikawa. ¿Nos suena el tridente? Al igual que en Sword Devil, producto de los hombres que acabo de mencionar, la historia se construye alrededor de un personaje principal bueno y sencillo, sin ningún conocimiento de esgrima. En un momento determinado la espada se presenta en su camino, y lo que al principio parece una bendición capaz de llevarle a cualquier parte se convierte en su maldición. Otras similitudes entre los protagonistas de ambas películas son un pasado incierto, unos padres desconocidos, y el rechazo de la sociedad por sus dudosos orígenes.

En la segunda mitad de Destiny´s Son, el camino de Shingo le introduce de lleno en los momentos más turbulentos del Bakumatsu, concretamente los que tuvieron lugar después de lo relatado en Samurai Assassin. El periodo de tiempo abarcado es muy amplio, desde 1853 hasta 1861, y la única percepción que tenemos del paso de los años, además de la narración, es el cambio de peinado del protagonista, que varía adecuándose a su situación personal. No soy un experto en este tema, pero me ha parecido clásico y formal cuando su vida está en perfecto orden, descuidado cuando se desentiende del mundo, y tradicional cuando parece recuperar su sitio (de derecha a izquierda en la imagen).

Destiny's Son

Hablar de la acción con Kenji Misumi es repetirme una vez más. Planos bien estudiados, coreografías elegantes y perfectas en las que el héroe derriba de un golpe a cada enemigo, y duelos larguísimos con una importante componente psicológica. Nuevamente aparece una técnica única que otorga ventaja al protagonista frente a sus desconcertados adversarios. El Corte de la Luna Llena de Sleepy Eyes of Death, la Pose Silenciosa de Satan´s Sword, el Iejutsu de Sword Devil, y ahora la Postura del Laúd; una posición principalmente defensiva y útil exclusivamente en enfrentamientos individuales.

Al margen de todo lo anterior, lo que verdaderamente diferencia a esta película son sus escenarios y paisajes. La fotografía es excelente y los decorados increíblemente variados y cuidados, llegando a su máxima expresión en el laberinto del Castillo de Mito y sus infinitas habitaciones (a quien haya jugado al Samurai Warriors de Playstation le vendrán a la mente un montón de recuerdos). En definitiva, un imprescindible del chambara y de Misumi.

Lone Wolf and Cub 5: Babycart in the Land of Demons (1972)

Babycart in the Land of Demons

Paseo por el infierno
Dirigida por Kenji Misumi

Sinopsis: cinco hombres que cubren sus rostros con dibujos de demonios ponen a prueba las habilidades de Itto Ogami, para después entregarle una quinta parte de sus honorarios y un fragmento de información sobre la misión. La tarea consiste en asesinar al abad, líder secreto de espías Yagyu, en cuyo poder obra un documento que puede poner patas arriba al clan Kuroda. Un segundo encargo, sin haber completado aún el primero, complicará aún más la labor del lobo solitario.

Kenji Misumi toma el relevo de Buichi Saito y dirige la quinta entrega de la saga. A mi parecer es aquí donde se frena esa mejoría constante que va desde una relativamente mediocre Sword of Vengeance, hasta posíblemente el cénit de la colección con Babycart to Hades y Babycart in Peril. La breve aparición de Retsudo Yagyu a caballo, espectacular con su uniforme de samurái y el parche en el ojo, nos saca una sonrisa cuando recordamos a aquel viejo harapiento que hablaba en la primera película como si tuviera una parálisis.

Babycart in the Land of Demons

Aprovecho en el comentario para hacer un homenaje al personaje de Daigoro. Si bien ya se le habían dado anteriormente bastantes minutos de protagonismo, esta vez se le da también la oportunidad de lucirse. El pequeño Akihiro Tomikawa se porta como un señor y demuestra que “el cachorro” no es parte del decorado, sino que cuando rechazó aquella pelota para elegir el camino del infierno, lo hizo para no mirar atrás. No sé cuál será su papel en el manga, pero desde luego en esta saga estaba completamente a la sombra.

Mientras veía la película se me pasó por la cabeza que era bastante menos sangrienta que sus predecesoras, pero claro, en cuanto llegamos a la batalla final sale todo de golpe (nunca mejor dicho), con coreografías de naginata y katana endiabladamente rápidas. Lo que sí me ha sorprendido, y mucho, es que por primera vez no hay ni un solo destape en todo el metraje. No es que se presenten muchas oportunidades, pero hasta el momento eso no había sido ningún problema.

Nos acercamos al final del camino y en mi opinión mantenemos el nivel de las anteriores, aunque quizás se eche en falta ese toque especial que tenían las otras (y no me refiero al destape).

Yagyu Secret Scrolls 1 (1957)

Yagyu Secret Scrolls

Las tres piezas del puzle
Dirigida por Hiroshi Inagaki

Hiroshi Inagaki, el gran maestro del jidai, repite el exitoso dueto que hizo grande a la trilogía Samurai. Me refiero por supuesto a Toshiro Mifune (que fue Musashi) y a Koji Tsuruta (Kojiro Sasaki), ahora convertidos en hermanos y aliados ninja en las dos partes de Yagyu Secret Scrolls.

Sinopsis: Tasaburo y Senshiro son dos hermanos ninja a los que se les ha encargado reunir los 3 pergaminos secretos del clan Yagyu. En esa labor tendrán que competir con otros clanes, ya que cada cual pretende utilizar las reliquias con un objetivo diferente. Como todas las ecuaciones dan como resultado un gran daño para la familia Yagyu, ésta tendrá que valerse de Tajima, Jubei, Matajuro, Tomonori, y Oki, para salvar el peligro.

Uno de los títulos por los que se conoce a esta obra es Ninjitsu, aunque yo no la consideraría dentro del género ninja. Puede que Mifune y algún otro protagonista sean ninjas, pero la historia y los combates son de samuráis. El que se deje ver de vez en cuando alguna técnica shinobi, algún salto, o algún otro detalle por el estilo, no convierte a la película en nada que se parezca a Kagemaru of the Iga Clan, Shadow Warriors, Owl’s Castle, y demás ejemplos puros de ese cine.

Yagyu Secret Scrolls

Como siempre, me gusta saber el año en el que transcurre la trama de la forma más exacta posible. En esta ocasión sabemos que el Shogun es Iemitsu (porque es del tiempo de Jubei Yagyu), pero concretamos más gracias a Hikozaemon Okubo, que por el hecho de seguir vivo ya nos encuadra la historia entre 1633 y 1639. El otro personaje histórico con papel protagónico es Nobutsuna Matsudaira (Izu-no-Kami), que por esas fechas ya había sido nombrado roju y gozaba de gran autoridad.

En cuanto a mis valoraciones personales, desde luego no la veo a la altura ni de Samurai, ni de los principales trabajos de Inagaki. Una muestra de que el proyecto no fue tan ambicioso está en la banda sonora, que siempre dota de fuerza a las películas del director. En esta ocasión me ha pasado bastante desapercibida. Además, no sé si habrá sido cosa del DVD, pero en la parte final no he podido dejar de pensar en lo mucho que se nota que todo el sonido viene de estudio y no de la escena.

En cualquier caso, y por crítico que haya sido, es una película bastante interesante y posiblemente un imprescindible del género. La comparación con otras obras maestras de Inagaki le puede hacer bastante daño, pero desde luego la vamos a disfrutar todos los amantes del director.

Zatoichi 16: Zatoichi the Outlaw (1967)

Zatoichi the Outlaw

El hombre de las dos caras
Dirigida por Satsuo Yamamoto

Satsuo Yamamoto dirige la que fue su única película dentro de la saga, también titulada The Blind Swordsman’s Rescue, Zatoichi Breaks Jail (por alguna razón que solo los americanos conocen), o simplemente Zatoichi 16. Cabe destacar que fue la primera producción de Shintaro Katsu, y que en ella le acompañará gente como Ko Nishimura y Rentaro Mikuni.

Sinopsis: como de costumbre, Zatoichi se enfrenta al jefe yakuza local después de desenmascarar sus trampas a los dados. El oyabun enseguida intenta ponerle de su parte hospedándole en su casa y pagándole todos los gastos a cambio de pequeños favores. En uno de los encargos, Zatoichi conocerá al jefe Asagoro, y quedará impresionado por su bondad y su defensa a ultranza de los campesinos.

Es la segunda ocasión de la saga en la que el masajista llega a admirar y respetar de una forma tan profunda a un jefe yakuza. Esta vez sorprende la estructura de la película, ya que si siguiera el formato habitual podríamos haberla dado por terminada a los 40 minutos. A partir de ahí solo había dos opciones; o bien iba a constar de dos mini-aventuras, o bien el honorable Asagoro se iba a pasar al lado oscuro.

Zatoichi the Outlaw

Interesante que Zatoichi se meta en una trifulca entre bandas sin verse obligado a ello porque deba rescatar a alguien o porque le estén atacando. En Zatoichi the Outlaw decide enfrentarse a su patrón como favor a Asagoro, y sin declaración previa de intenciones. De hecho, para lo que nos tiene acostumbrados el sentido del honor y la hospitalidad del espadachín, se me antoja una reacción indigna.

Elementos distintivos de esta entrega, además de los ya mencionados, son la ausencia de un rival de altura y la estupenda escena final, que se engrandece con esa música épica sospechosamente parecida a la parte más famosa de O Fortuna. Las coreografías de acción que la completan son buenas, pero no tanto como las mejores de la saga.

Añadir que, si en Zatoichi’s Cane Sword dio la casualidad de que aventuré que el marco histórico que rodea las aventuras del personaje se sitúa a mediados del siglo XIX, aquí se confirma y se concreta con los primeros signos de disputa entre imperialistas y defensores del Shogunato. Además, uno de los personajes menciona los 300 años de gobierno Tokugawa.

En fin, por si fuera poco también tenemos a un grupo de ciegos que pondrán la nota de humor a estos 95 minutos de diversión. Creo que Zatoichi the Outlaw se merece una nota alta dentro de la colección.

Warring Clans (1963)

Warring Clans

Pequeños y grandes insectos
Dirigida por Kihachi Okamoto

Por muy bien que se conozca (o sea crea conocer) a un director, no siempre es fácil atribuirle sin dudar una película vista al azar por primera vez. El caso de Okamoto es una excepción. Su talento para mezclar géneros es único, especialmente con la comedia y el drama. Si ves que tiene lugar tragedia al tiempo que se oye música de circo, y además se deja ver en escena a Makoto Sato, hay una probabilidad del 101% de que Kihachi Okamoto esté detrás de todo.

Sinopsis: Kichi es un poderoso ninja que huye del clan Takeda, y más concretamente de otro ninja llamado Saburoza. En su viaje conoce a dos hombres misteriosos, a cual más extraño. El primero es un enemigo sin demasiadas ganas de jugarse la vida; Doko Harima. El otro es un alegre vagabundo convencido de que algún día será el señor de Japón, y su nombre es Tokichiro Kinoshita. Este último les convence para unirse a los Bashaku y transportar con ellos 300 rifles hasta su señor Nobunaga Oda.

Warring Clans

La trama se desarrolla en el periodo Sengoku. Se me antoja complicado señalar exactamente el año, pero desde luego no hay duda de que estamos entre 1560 (primera batalla de Kinoshita en el ejército de Oda) y 1575 (destrucción del clan Takeda). Como apuesta personal, yo afinaría el intervalo a 1567 (Asedio de Inabayama) y 1570 (Batalla de Anegawa). En primer lugar, se nos dice que Kinoshita era uno de los generales más distinguidos de Oda, lo que implica que debía de haber demostrado su habilidad en combate. Por otra parte, no se dice una sola palabra de Ieyasu Tokugawa, sugiriendo que Oda no se había aliado aún con él en Anegawa.
Alguno se estará preguntando el motivo por el que considero tan interesantes las fechas que rodean a este don nadie, pero es que el amigo Tokichiro Kinoshita cambió su nombre por Hideyoshi Toyotomi y llegó a ser efectivamente el señor de todo Japón.

Cuando una película trata los enfrentamientos del Sengoku a un nivel inferior al de la batalla solemos encontrarnos con una historia más de ninjas que de samuráis. Estos habitantes de las sombras vienen siempre acompañados de efectos especiales a veces ingeniosos, a veces destartalados. En Warring Clans no se arriesga más que con humo, fotogramas cortados, y algún que otro salto imposible. Las escenas de lucha (cuando por fin aparecen) son bastante flojas, aunque su relevancia en la trama es igualmente escasa.

Nos encontramos ante un título del Sengoku que merece nuestro tiempo, aunque sólo sea por ver al futuro Hideyoshi Toyotomi, encarnado por un soberbio Makoto Sato, vagabundear sonriente por Japón y utilizar a unos y a otros para cumplir su sueño.

Samurai Rebellion (1967)

Samurai Rebellion

Helena de Troya
Dirigida por Masaki Kobayashi

En estos últimos meses he estado dando un repaso a mi colección de jidai-geki, volviendo a ver todos los títulos que la componen para comentarlos con la memoria fresca. He encontrado tanto películas que me gustaron mucho más la primera vez, como películas que no supe apreciar en su momento y que ahora me fascinan. Mi toma de contacto con Samurai Rebellion allá por 2005 o 2006 cumplió con las expectativas sin llegar a maravillarme. Sin embargo, en esta ocasión me ha transmitido una historia poderosísima que Masaki Kobayashi trata con habilidad y maestría, sin nada que envidiar a la encumbrada Harakiri.

Sinopsis: el señor del clan Aizu ha expulsado del castillo a Ichi, la madre de su segundo hijo, por haberle abofeteado en un ataque de furia. A Yogoro, primogénito de uno de los vasallos más importantes, se le concede el dudoso privilegio de casarse con ella, provocando el desagrado y el rechazo de su familia, los Sasahara. Con el tiempo, Ichi se gana el amor incondicional de su marido, pero de nuevo su señor interviene con una dolorosa reclamación.

Samurai Rebellion

Antes de nada voy a situar brevemente el marco histórico en el que tienen lugar los acontecimientos. Nos encontramos en la era Kyoho (la misma de Gonza the Spearman) y el Shogunato está en manos de Yoshimune Tokugawa, biznieto de Ieyasu. El clan Matsudaira tiene varios brazos importantes en su genealogía, y de uno de ellos desciende la familia de los Shogun (Ieyasu Tokugawa se llamaba Takechiyo Matsudaira al nacimiento). Otra de las ramas familiares es la del clan Aizu, que por aquel entonces tenía como lord a Masakata Matsudaira, a quien vemos en la película.

Samurai Rebellion relata el drama de una familia de vasallos que se convierte en el juguete del hombre al que sirven, incapaces de desobedecer ninguna orden a riesgo de perjudicar incluso a sus parientes. Vemos la peculiar relación que hay entre marido y mujer, méramente funcional y basada más en el respeto que en el amor. Ellas cuidan de la casa, engendran, y crían a los hijos, mientras que ellos sirven al clan heredando el cargo y el estatus del padre.

Todos y cada uno de los actores participantes superan con nota las exigencias interpretativas de sus papeles, en especial Toshiro Mifune (Isaburo Sasahara), Yoko Tsukasa (Ichi), y Go Kato (Yogoro). Tatsuya Nakadai está también estupendo representando a Tatewaki, aunque se trata de un personaje secundario.

Samurai Rebellion

La acción se concentra en los últimos 15 o 20 minutos, con coreografías que se exceden en su teatralidad, ralentizando cada movimiento y obligando a todos los enemigos a detenerse antes de ser golpeados. Ni siquiera se salva el legendario combate entre Mifune y Nakadai, que tantos fotogramas ha dejado para la historia, y en el que las espadas se buscan descaradamente en cada intercambio. En cualquier caso, que nadie se confunda, en el jidai-geki se valora más la elegancia de las escenas de lucha que el realismo y la espectacularidad, así que dejo esto como advertencia y no como queja.

Mi evaluación final es previsible; una obra maestra en toda regla, y sin duda una de las diez mejores películas del cine de samuráis.