Samurai Saga (1959)

Samurai Saga

Amor en las palabras
Dirigida por Hiroshi Inagaki

También conocida como Life of an Expert Swordsman, esta película supone otro éxito más del tandem Inagaki-Mifune. El director se atreve con una versión japonesa de Cyrano de Bergerac, y el resultado es un título imprescindible en la videoteca de cualquier amante del jidai-geki.

Sinopsis: Heihachiro es un samurái de gran talento para el combate y la poesía. Su único defecto es esa enorme nariz que afea su rostro y le acompleja, haciéndole perder la esperanza por conquistar a su amada. La llegada de Jurota, un joven apuesto, supone para él la oportunidad de llegar al corazón de su dama, aunque sea vestido con la piel de otro hombre.

La aparición de Mifune es gloriosa. El lugar elegido no podría ser mejor, ya que se desarrolla en un escenario de teatro. El actor enseguida se hace con el control absoluto de la situación y nos regala un divertidísimo monólogo, demostrando que nació para ese trabajo. Por enésima vez, Hiroshi Inagaki ofrece a Mifune el papel perfecto para su estilo y su personalidad. Samurai Saga pasa a formar parte de la selecta lista de trabajos del director que no podrían haber tenido otro actor como protagonista; entre ellas Rise Against the Sword, The Three Treasures, o la trilogía Samurai.

Samurai Saga

La hermosa pero ilusoria relación amorosa entre Jurota y Ochii se lleva buena parte del metraje, siempre con Heihachiro en la sombra haciendo que las piezas encajen. A partir de la batalla de Sekigahara el tono es algo diferente. Al principio parece una de esas historias en las que nadie muere, en las que los combates terminan con los malos huyendo y los buenos riendo. La batalla entre el Este y el Oeste lo cambia todo e inicia el drama. Los últimos minutos son una maravillosa experiencia cinematográfica.

La desproporcionada nariz de Heihachiro me recuerda a la cicatriz de Tange Sazen. Ryutaro Otomo es otro de esos talentos capaces de transformarse en el paso de un fotograma a otro. En esencia, es lo que hace Mifune cuando Heihachiro pierde en un instante toda su autoridad y su fuerza, y se convierte en una criatura vulnerable ante la mujer que ama.

No creo que pueda decir nada más sin destripar la trama. Recomiendo su visionado a todos los aficionados al género. Pocos peros se le pueden poner a una película en la que pasan 40 minutos sin que suceda nada y aún así ya estás disfrutando de ella.

Saito Dosan – Rage of Power (1991)

Saito Dosan

La ley del más fuerte
Dirigida por Eiichi Kudo

Saito Dosan – Rage of Power es la historia del meteórico ascenso de un mercader que llegó a convertirse en el señor de Mino, la provincia que se situaba en el camino hacia Kyoto como una puerta al dominio de Japón. Durante 14 años Saito Dosan fue Daimyo y tuvo a tantos hombres a su servicio como jamás habría imaginado. Esta película nos cuenta cómo se abrió paso hacia el poder, demostrando conocer el juego político y usando todas las cartas en su favor.

Eiichi Kudo nos muestra a un protagonista que domina todas las disciplinas que requieren precisión y talento: danza, estrategia, combate, poesía… Saito Dosan aparece como un Da Vinci japonés que se hace querer por señores cada vez más poderosos. El matrimonio es su principal instrumento para prosperar, llegando a estar con tres mujeres distintas que le aportaron los contactos familiares que necesitaba en cada momento.

En la película se menciona a otro personaje histórico cuya carrera fue muy parecida a la del protagonista; Soun Hojo. Mientras que Saito Dosan es prácticamente un desconocido para los aficionados a este género, Soun Hojo fue un ejemplo de cómo en esta era turbulenta casi cualquier persona podía valerse de su ambición, su astucia, y su fuerza, para tratar de hacerse con la supremacía. Comenzó su carrera con seis sirvientes, y cien años después su tataranieto comandaba un ejército de más de diez mil hombres. El escritor Stephen Turnbull llega a usar a las cinco generaciones del clan Hojo como una forma de presentar la cronología de la fase de escisión del periodo Sengoku.

Saito Dosan

A pesar de su voraz ambición, el director ha querido que parezca que todos los movimientos de Dosan hasta alcanzar la cima estaban justificados. Siempre se enfrenta a sus rivales en defensa propia, cuando la única elección es matar o morir. Esto es, en mi opinión, la farsa que hace de esta obra un mero chambara de entretenimiento con tintes históricos. Ninguna película que pretenda ser biográfica debería endiosar al personaje hasta el punto de explicar su hazaña a través de una serie de casualidades del destino. ¿Habría llegado a ser señor de Mino si los hermanos Toki no hubieran planeado ponerse en su contra? Aquí parece que no, porque la idea de Saito Dosan dando un golpe de estado contra Yorinari Toki echaría por tierra todos los valores que se le atribuyen. Y como este ejemplo hay al menos otras tres situaciones en las que Eiichi Kudo se empeña en validar las acciones del protagonista. No en vano la cinta acaba en su momento de máximo esplendor, dejando fuera del metraje a los 17.500 soldados que, guiados por su hijo, evidencian a través de su derrocamiento que el hombre conocido como La Víbora de Mino no debía ser muy querido por todos.

Al margen de mis críticas y mi escepticismo, Saito Dosan – Rage of Power me ha gustado en todo lo demás. Hay buenos decorados, un hermoso vestuario, muchos extras, y una banda sonora que por lo general acompaña bien a la escena. Las coreografías de combate cuerpo a cuerpo son puro chambara y están monopolizadas por un protagonista de los que dan quince golpes y caen quince enemigos. No son realistas y tampoco demasiado vistosas, pero quedan más que compensadas por las escenas de batalla.

Concluiré la reseña reafirmándome en que una cinta de 4 horas debería ser capaz de lidiar por igual con las luces y las sombras del personaje central. 240 minutos de metraje sin altibajos se consideran un homenaje, no una biografía.

Zatoichi 25: Zatoichi at the Blood Fest (1973)

Zatoichi at the Blood Fest Regreso al hogar
Dirigida por Kimiyoshi Yasuda

Zatoichi at the Blood Fest fue la sexta y última dirección de Kimiyoshi Yasuda en la colección Zatoichi y en su carrera cinematográfica. Significó el fin de una saga que había dado al mundo 25 películas en 11 prolíficos años, a cargo de algunos de los mejores directores del género y con interpretaciones de casi todas las leyendas del cine japonés. Hubo que esperar otros 16 años hasta que el personaje apareciera de nuevo, pero el estilo ya no fue el mismo.

Sinopsis: el espadachín decide volver a su pueblo natal sin demasiadas ganas y encomendando su destino al azar. A su llegada parece que le dan un recibimiento de reyes, pero la cosa acaba en un malentendido y opta por marcharse de nuevo. Justo antes de partir se encuentra con su hermana de leche, que le proporciona un motivo para quedarse. Su estancia se ve perturbada por el magnate Shinbei, un antiguo amigo de la infancia convertido en explotador, y por un magistrado corrupto que abusa de los campesinos.

Después de mucho tiempo volvemos a conocer detalles del pasado del personaje, siendo la entrega en la que más descubrimos sobre su infancia. Se aloja en la casa donde vivió cuando era pequeño y nos cuenta quién fue su referente materno, por lo que suponemos que era huérfano. Se nos dice también que andaba mal de la vista cuando era joven, lo que podría significar que sufrió algún tipo de enfermedad degenerativa en los ojos. En películas anteriores ya se había sugerido que no era ciego de nacimiento, pero nunca se había mencionado que fuese un defecto progresivo.

Zatoichi at the Blood Fest

Al igual que en Zatoichi in Desperation, la acción tarda mucho en llegar, desenvainando el masajista por primera más allá del ecuador de la película. Nada más hacerlo, alguien pronuncia su nombre, y desde ese momento disfrutaremos del Zatoichi más duro y salvaje de toda la serie, con un par de frases memorables.

Las coreografías combinan todo tipo de planos y cámaras, algunas con mejor resultado que otras. Los movimientos son tan rápidos como de costumbre, pero con mucha más fuerza y menos continuidad. Esto permite al director recrearse en cadáveres y heridas conforme se van produciendo, dejando que la sangre cobre el protagonismo que reclama el título.

El rival más fuerte cada vez tiene menos de rival y menos de fuerte, ya que apenas aparece más tiempo que el resto de extras y su combate dura solo unos segundos. Se echan de menos aquellos ronin que empujados por la mala fortuna tenían que enfrentarse a Zatoichi con el corazón dividido entre la necesidad y el respeto.

Como valoración final, decir que me gustó mucho más la primera vez que la vi. Vale para pasar un rato de entretenimiento, pero no me parece que llegue al nivel medio de la saga.

The Samurai Pirate (1963)

The Samurai Pirate

Las aventuras de Luzon
Dirigida por Senkichi Taniguchi

La edición inglesa de la película se conoce por varios títulos: 7th Wonder of Sinbad, The Adventures of Sinbad, The Great Thief, y The Lost World of Sinbad. Esto nos da una idea del interés comercial por relacionar Daitozoku, título original, con el legendario marinero de Las Mil y una Noches. A pesar de ello, la obra de Senkichi Taniguchi tiene una personalidad propia que la convierte en un valioso trabajo.

Sinopsis: Luzon (Toshiro Mifune) es condenado a morir en la hoguera bajo falsas acusaciones de piratería y bandidaje. Mientras los pobres aldeanos lloran su pérdida, él sonríe en su barco recordando al oficial sobornado. En ese momento, y sin otra razón que el aburrimiento, decide convertirse en un pirata de verdad. Su aventura comienza cuando su navío es hundido y su tesoro robado, quedando a la deriva y conociendo a un misterioso ermitaño al llegar a la costa.

The Samurai Pirate

El marco de la historia es realmente curioso, ambientado en un pueblo en el que impera la cultura árabe, tal y como podemos apreciar en los peinados, los escenarios, las vestimentas, y los bailes. De hecho, el origen japonés del protagonista se menciona en varias ocasiones como un elemento diferenciador con respecto a la población local. No obstante, todos los actores del reparto son japoneses, lo que da lugar a ese contraste único. El repertorio de personajes tiene todo lo necesario para el cine de aventuras, con un protagonista bueno y osado, una princesa a la que rescatar, un malvado que quiere hacerse con el poder, una poderosa bruja que le ayuda, una hermosa ladrona reformada, y un ermitaño medio loco que conoce algunos trucos de magia.

Los efectos especiales son de los de antes, de los que se hacían con cariño y bajo presupuesto, cuando se ataba a una mosca con un hilo para que se colocara donde era requerida en lugar de crearla digitalmente. Nos permiten ver las metamorfosis del ermitaño, el espejo mágico y las transformaciones de la bruja, y hasta a Mifune volando sobre una cometa en una de las escenas más emblemáticas del jidai-geki de aventuras. También son una constante las tomas grabadas colocando a los actores delante de una pantalla con proyección de fondo.

Que nadie se lleve a engaño, todo sea dicho, porque no vamos a encontrar una obra maestra en The Samurai Pirate. Eso sí, todo el que quiera disfrutar de una tarde de fin de semana con una inocente historia para todos los públicos va a quedar más que encantado.

The Abe Clan (1995)

The Abe Clan

Fidelidad eterna
Dirigida por Kinji Fukasaku

The Abe Clan es el título internacional de este telefilm dirigido nada menos que por Kinji Fukasaku en 1995. Es una cinta que sin grandes pretensiones nos narra una interesante historia basada en la novela de Ogai Mori. Existe un precedente de 1938 con el mismo título y dirigida por Hisatora Kumagai, aunque no puedo hacer comparaciones ya que no la he visto.

Sinopsis: Yaichiemon es el cabeza de familia del clan Abe, y debe su posición social y su estipendio de 1100 koku a Lord Hosokawa, a las órdenes del cual demostró su valía en repetidas ocasiones. Tras la muerte del daimyo Hosokawa, 18 de sus vasallos más fieles realizan el seppuku aún sin haber recibido permiso, y el anciano Yachiemon comienza a ser tildado de cobarde por no haber hecho lo mismo. Abrumado por los acontecimientos, el nuevo daimyo Mitsunao prohibe el suicidio, pero Yaichiemon sucumbe finalmente a la presión social y elige la muerte. Las consecuencias de su último acto determinarán el futuro del clan Abe.

Lo primero que hice al acabar de ver la película fue buscar información acerca de la veracidad de los hechos. Al escritor Ogai Mori le encuadran dentro de la ficción histórica, por lo que quise saber si se trataba de un relato ficticio que se entrelaza con eventos reales, o si por el contrario toda la trama y sus personajes tienen una base histórica. Para satisfacer mi curiosidad leí la primera parte de la novela Abe Ichizoku, y la verdad es que no me ha ayudado mucho a salir de dudas. Las primeras páginas que repasan a la familia Hosokawa están repletas de referencias, pero más adelante desaparecen casi por completo. Está claro que 19 vasallos siguieron a su señor a la muerte (en eso consiste el junshi), y que uno de ellos se llamaba Yaichiemon Abe, pero en lo relativo a la familia Abe no sé cuánto es interpretación o ficción de Mori.

The Abe Clan

En cualquier caso, lo más destacado de la película es la visión que ofrece una vez más de la complicada moral samurái. El mencionado junshi se lleva al límite de lo ridículo cuando se incluye el suicidio de tres animales. Además es reseñable el hecho de que todos se suicidan contraviniendo los deseos del señor por el que lo hacen, demostrando así que su motivación principal no es la fidelidad, sino mantener el honor. Esto se ve también dentro de la familia Abe, que prefiere aceptar un destino brutal antes que ver disminuido su prestigio.

Desde luego no la considero una obra maestra, como he leído en varias críticas, pero sin duda el potencial de la historia es tal que da mucho que pensar. Quizás sacrificando escenas de acción para alargar la primera parte y profundizar en la filosofía de la novela, además de controlar la sobreactuación de todos los actores, se podría conseguir una auténtica joya del cine. Esto no quita que para tratarse de un telefilm, que cuenta con gente de la talla de Koichi Sato y Hiroyuki Sanada, el nivel haya sido más que aceptable.

Zatoichi 24: Zatoichi in Desperation (1972)

Zatoichi in Desperation El mundo de Zatoichi
Dirigida por Shintaro Katsu

Esta película completa el camino recorrido por Shintaro Katsu en el desarrollo de Zatoichi. En las primeras quince entregas se conformó con ser el protagonista, pero a partir de ese momento su recién creada productora se hizo cargo del personaje. Con Zatoichi in Desperation el mítico actor prueba también a ocupar el puesto de director. Además no se contenta con seguir la línea habitual de sus predecesores, sino que hace una apuesta arriesgada que diferencia a su obra de todas las demás.

Sinopsis: Zatoichi se cruza con una anciana en un puente. Después de entablar conversación con ella, le ofrece dinero en agradecimiento. Al tratar de cogerlo, la mujer se cae desde las alturas y muere ante la impotencia del masajista. A sabiendas de que la hija vive en un pueblo cercano, decide viajar allí para compensarla. Lo que parece una labor relativamente fácil se complica con la entrada de unos yakuzas que persiguen el precio de su cabeza.

Se trata sin lugar a dudas de la película más negra y cruda de toda la saga. La muerte se pasea a voluntad por cada una de las escenas, y la brutalidad de los malvados se eleva hasta límites insospechados. Todo está rodado desde ángulos imposibles, con cámaras cuya visión se ve obstruida por diferentes objetos del escenario. También son una constante las imágenes desenfocadas en primeros planos asfixiantes. A veces sólo las voces nos permiten saber qué está pasando y quiénes están presentes. Supongo que la intención de Katsu era la de ofrecernos una visión más cercana a lo que fue vivir dentro del personaje durante diez años.

Zatoichi in Desperation

El argumento es el más simple de toda la filmografía de Zatoichi, con un encuentro y una conversación forzada que conducen la trama sin demasiado sentido. Al margen de la nueva atmósfera y el peculiar estilo de rodaje, en lo referente a la historia no hay originalidad por ninguna parte. El juego de los dados es una repetición, y la persecución que sufre el protagonista se debe, como ha sucedido ya en varias ocasiones, a la ambición de los cazarrecompensas.

Las coreografías deben estar entre las más pobres de la saga. Los cambios de cámara son constantes, y los planos son tan próximos a los luchadores que sólo les vemos caer muertos. El rival duro no tiene mayor desarrollo que el de cualquier otro personaje secundario, y por eso no nos sorprende nada que su duelo no destaque demasiado en el metraje.

La primera vez que la vi me pareció de lejos la peor de todas. Hoy le reconozco el mérito de querer ofrecer un estilo diferente al otro tan explotado. Sin embargo, perder el humor, las risas, y lo entrañable de la aventura, es perder todo lo que ha hecho grande a estas películas.

Shogun’s Shadow (1989)

Shogun's Shadow

El protegido
Dirigida por Yasuo Furuhata

Once años después de The Shogun’s Samurai volvemos a encontrarnos una película sobre la disputa de poder entre hermanos Tokugawa. Puede ser confuso al principio el hecho de que al joven Ietsuna se le llame Takechiyo, que fue también el nombre de su padre Iemitsu (y el de su bisabuelo Ieyasu), y por ello podemos llegar a pensar que estamos viendo otra versión de la misma sucesión. Sin embargo, aquí la disputa surge en la cuarta generación Tokugawa, y los hermanos enfrentados no son Iemitsu y Tadanaga, sino Ietsuna y Tsunayoshi.

Shogun’s Shadow comienza con la mortal persecución que sufre el heredero legítimo del Shogun, a quien su propio padre pretende matar en favor de su hijo menor. Para su protección contará con un grupo de valientes ronin liderados por Gyobu, cuyo cometido le servirá además para saldar una vieja deuda.

De entrada me resulta extraño que Iemitsu actúe en favor de Tsunayoshi, ya que en Kaempfer’s Japan: Tokugawa Culture Observed se dice que precisamente le preocupaba que pudiera usurpar el puesto de su hermano mayor. Ese fue el motivo de que le educara en las letras y no en la espada. En cualquier caso la trama es entretenida y el marco histórico interesante.

Shogun's Shadow

Lo más espectacular de la película es ver a los especialistas realizar todo tipo de escenas arriesgadas sin ningún tipo de ayuda informática. Vemos a un hombre en llamas, a otro que salta al agua desde unos veinte metros de altura, peligrosas caídas a toda velocidad, etc. Incluso para los caballos debió ser una película muy dura, ya que he tenido la oportunidad de comprobar en las tomas a cámara lenta que les atan con una cuerda las patas delanteras para que den una voltereta completa antes de caer contra el suelo. Evidentemente al terminar la cinta no aparece el rótulo de que ningún animal sufrió daños durante la filmación, lo que me lleva a la terrible sospecha de que el caballo que rueda por la ladera de la montaña era también de verdad. Es irónico que precisamente uno de los personajes de la trama, Tsunayoshi, pasara a la historia como un excéntrico y acérrimo defensor de los animales.

Entrando ya en el plantel de actores, encontramos a tres clásicos como son Ken Ogata, Sonny Chiba y Tetsuro Tamba. Los tres tienen papeles no muy exigentes y tampoco demasiado protagónicos, por lo que toda la atención se centra en el acompañamiento de guerreros y en sus impresionantes coreografías de acción. En especial destaco a Hu Jian Qiang, que trabajó de stunt en las tres Shaolin Temple de Jet Li.

La música es discreta durante todo el metraje, hasta que llegamos a la persecución a caballo y se nos queda la boca abierta con un tema de rock en japonés e inglés de The Alfee titulado You Get to Run, que por otra parte no desentona tanto con el chambara ochentero.

Aunque no me parece para nada un título imprescindible, Shogun’s Shadow gustará en general a los amantes del género, y en particular a los aficionados al cine de acción.