Bounty Hunter 1: Killer’s Mission (1969)

Killer's Mission

Shikoro, Ichibei Shikoro
Dirigida por Shigehiro Ozawa

La primera película de la trilogía Bounty Hunter viene de la mano de Shigehiro Ozawa, director cuya contribución al jidaigeki hasta la fecha me había parecido bastante mediocre. Ahora he tenido ocasión de degustar esta cinta, que parece ser el eslabón perdido entre el cine de Zatoichi y el de Lone Wolf and Cub, con un Tomisaburo Wakayama que se come el mundo para amenizarnos la tarde durante 90 minutos.

Sinopsis: el buque holandés Rotterdam, rechazado por el Shogun, pone rumbo a Satsuma en busca de un comprador para sus 1.000 armas de fuego de última generación. De cumplir su propósito y aceptar la mercancía sus nuevos clientes, la guerra civil en Japón podría ser inevitable. Contratado por el propio Ieshige Tokugawa, el cazarrecompensas Ichibei Shikoro buscará la forma de impedir la transacción.

La trama se sitúa en 1741, primer año de la era Kanpo, con Yoshimune Tokugawa en el cargo de Shogun (aunque en Killer’s Mission sea su hijo quien parece gobernar). La política aislacionista (Sakoku) del Shogunato continúa vigente desde la Rebelión de Shimabara, y el comercio con los extranjeros está fuertemente controlado. Sólo el clan Shimazu de Satsuma parece esquivar la prohibición a través de las casi-independientes Islas Ryukyu, por lo que para el Rotterdam se presenta como un objetivo evidente.

Si George Lazenby se convirtió en 1969 en el segundo James Bond, podríamos decir (en broma, por supuesto) que Tomisaburo Wakayama fue el tercero. No en vano, Killer’s Mission comienza arrebatando varias notas de la banda sonora que acompañó tantos años al agente 007, y durante el resto del metraje utiliza variantes muy parecidas. Además, el protagonista es un agente del gobierno con un extenso repertorio de artilugios que le ayudan en su misión, aunque no sea Q quien se los suministre. A pesar de los pocos minutos con los que cuenta, la chica Bond no falta tampoco a su cita con el tradicional y distintivo final.

Killer's Mission

Aparte de lo tomado prestado a James Bond, Tomisaburo Wakayama roba el Reverse Sword Drawing de su hermano Katsu en Zatoichi, y lo utiliza durante toda la película para esgrimir su propio bastón-espada. Por si fuera poco, en una de las escenas nos impresiona con una imitación muy precisa del masajista, copiando incluso esa jovial carcajada que le caracteriza. Como contraprestación, Tomisaburo debió de prestarle su “inmenso miembro” tres años después para la trilogía Hanzo The Razor.

Llaman la atención lo salvaje de las coreografías de acción, con un Ichibei que se lanza sobre sus enemigos empuñando la espada de mil maneras diferentes con el único objetivo de hacerles pedazos. La violencia y la carnicería de esas escenas va en descenso conforme avanza la historia, pero sentaron la base de lo que unos años después veríamos en Lone Wolf and Cub.

Me reservo una de mis habituales notas curiosas para los extranjeros holandeses, cuyo idioma a oídos de los japoneses parece ser tan exótico como para nosotros el de las tribus de cualquier cultura recóndita. Escuchando al Capitán Seagal me parecía oir la voz de Charlton Heston en Naked Jungle al dirigirse a los salvajes del Amazonas en su lengua. La otra nota interesante es la del estilo Jigen-ryu que practica Ijuin Ukyo. La escuela que enseña esa técnica la fundó Todo Shigekata para reemplazar al Taisha-ryu en Satsuma, una región que históricamente ha dado a Japón algunos de sus más hábiles espadachines.

Cierro el comentario diciendo que me ha parecido una cinta entretenida, con un protagonista muy carismático y bestiales escenas de acción. Todo aficionado al chambara debería intentar hacerse con ella.

Bride of White Castle (1961)

Bride of White Castle

Trabaja y sueña
Dirigida por Tadashi Sawashima

Encontré esta película hace unos meses, por fin con imagen limpia y subtitulada en inglés. Nunca fue editada en DVD, y la única fuente física era un VHS japonés sin subtítulos de ninguna clase. Sin duda Tadashi Sawashima y Hibari Misora merecían que los aficionados al género pudiéramos descubrir otro de sus trabajos de la forma en que se merece.

Sinopsis: Okimi es una joven huérfana que se gana el pan como tejedora. El sueño de su vida es que el señor del castillo de Hakuba se desplace hasta el pueblo y la convierta en su esposa, tal y como sucediera en la historia romántica que le contó un anciano local. Su deseo parece cumplirse cuando un rufián vestido de gran señor se presenta en su casa para aprovecharse de su hospitalidad. Desde ese momento, Okimi decide no despegarse de él ni un instante para no perder su esperada oportunidad.

Bride of White Castle desarrolla durante 85 minutos una trama de lo más inocente. Los acostumbrados al chambara se darán cuenta enseguida de que Okimi responde al perfil de chica que sería violada y maltratada en cualquier otra película del género. Aquí su inocencia despierta los sentimientos de tres criminales que se niegan a hacerle más daño del que ya le causan mediante su engaño. Hibari Misora interpreta de manera excelente un papel que la lleva de la ilusión a la realidad en un viaje de ida y vuelta a la capital.

Bride of White Castle

El emblema que aparece en el cofre robado es el Katabami del clan Sakai, seguramente identificado por algunos aficionados como el que aparecía en el traje de Mifune en Yojimbo. Cruzando este dato con la localización de Hakuba, por aquel entonces en la provincia de Shinano (Nagano en la actualidad), podemos situar la trama entre 1619 y 1622. El dato es inequívoco, puesto que ese fue el único periodo en que un miembro de la familia Sakai gobernó el feudo. Aunque es evidente que la intención del director no era enmarcar la historia en una fecha tan concreta, la elección del mon nos da una idea de la época que tenía en mente cuando rodó la película.

Entre los actores que acompañan a Misora en esta aventura tenemos a Koji Tsuruta (Kojiro Sasaki en la trilogía Samurai), esta vez pasando más tiempo en manos del maquillador que del coreógrafo. Las escenas de acción son suaves incluso para lo que esperaba, y casi la totalidad de los combates los resuelve utilizando las manos. Los héroes de Travels of Hibari and Chiemi y Case of the Golden Hairpins eran más dados a desenvainar sus katanas.

A la hora de sacar conclusiones, cualquiera que haya visto alguna cinta dirigida por Sawashima y protagonizada por Misora sabrá exactamente lo que va a encontrarse en Bride of White Castle. Para los demás, es una película desenfadada, con mucha canción, para todos los públicos, y con alguna que otra nota agridulce. Imprescindible para los fans de la actriz.

Sleepy Eyes of Death 03: Full Circle Killing (1964)

Full CIrcle Killing

El aspirante a Shogun
Dirigida por Kimiyoshi Yasuda

La tercera entrega de la saga la dirige Kimiyoshi Yasuda, uno de mis directores preferidos de Zatoichi. En esta ocasión deja la acción en un segundo plano para centrarse en el desarrollo de la historia y sus personajes. Con un reparto para mí desconocido a excepción del protagonista, sorprende la dedicación que pone todo el mundo en su papel, haciendo un magnífico trabajo para enriquecer la trama con sentimientos y motivaciones secundarias a la línea principal.

Sinopsis: malcriado y dominado por su madre, Takayuki, uno de los hijos bastardos del Shogun, se abre paso entre los demás herederos a base de asesinatos y argucias para asegurarse la sucesión. A su paso por Edo, Nemuri presencia un acto infame y cruel que provoca su más profundo desprecio hacia el muchacho. Desde ese momento se pondrá de parte de los campesinos y atraerá toda la atención del aspirante a Shogun.

El marco histórico se concreta aún más, y coincide con el de Sword of Adventure. Tenemos pruebas suficientes de que los hechos tienen lugar durante la Gran Hambruna Tenpo, entre 1833 y 1837. Aparece también Tadakuni Mizuno, consejero del Shogun (roju) desde 1828. En la película tiene una gran implicación en la sucesión, y mi opinión personal es que muy probablemente la tuviera también en la realidad. Al poco de abdicar Ienari, su hijo Ieyoshi le nombró Consejero Mayor y le otorgó un gran poder político.

Full CIrcle Killing

Ienari Tokugawa era el Shogun de los excesos. Su paso por el poder fue el más largo de todos, y dedicó una buena parte de su tiempo al harén de mujeres que le dio más de cincuenta hijos. Es la segunda vez en la saga que el papel de malvado recae sobre uno de estos bastardos, y la verdad es que me parece de agradecer que un chambara de clase B encuentre de forma constante sucesos históricos sobre los que construir una trama ficticia.

En el apartado de acción no tenemos casi la oportunidad de ver coreografías al estilo tradicional. Los combates están plagados de primeros planos, centrando la atención en heridas, sangre, cortes, y expresiones de dolor. Las espadas también son protagonistas de estos enfrentamientos. De hecho, parte de la motivación de Takayuki se basa en conseguir la katana de Kyoshiro, obra del legendario fabricante Masamune. Hoy día se conocen cinco creaciones suyas, y todas pasaron por manos de generales ilustres como Toshie Maeda, Nobunaga Oda, Ieyasu Tokugawa, o Hideyoshi Toyotomi. Ello nos da una muestra de lo valiosa que es la única posesión de Nemuri, a pesar de que la detallada ornamentación de la saya ya hacía intuir algo.

Me ha gustado más que las dos anteriores, aunque está lejos de ser la cinta de acción ideal. Disfrutaremos más de la historia y los personajes que del Corte de Luna Llena.

13 Assassins (2010)

13 Assassins

Una vida, una misión
Dirigida por Takashi Miike

Tenía muchas ganas de ver lo que Takashi Miike había hecho en este remake suyo de Thirteen Assassins, uno de los grandes clásicos del jidaigeki y de Eiichi Kudo. Considerando que acaba de repetir el atrevimiento con Harakiri, y que eso ya ronda el sacrilegio, me parecía necesario prepararme antes psicológicamente.

Sinopsis: a principios de la era Koka, el inspector Doi se encuentra ante la imposibilidad de hacer justicia con Narutsugu Matsudaira, que amparado por su posición social y por ser el hermano del Shogun realiza una atrocidad tras otra sin recibir castigo alguno. Su única esperanza reside en Shinzaemon, a quien le encomienda la misión de reunir un grupo de hombres para asesinar al monstruo durante su largo viaje a Akashi.

La primera hora de película es casi idéntica escena por escena a la original de 1963. Es como si Miike hubiera hecho un índice de la versión antigua y lo hubiera seguido al pie de la letra llevando a cabo pequeños ajustes aquí y allá. En este tiempo sólo hay cuatro novedades, dos de ellas dedicadas a amenizar el metraje con algo de acción, y otras dos destinadas a enfatizar la personalidad brutal de Narutsugu. Mientras que en el clásico parecía un niño grande malcriado y consentido, aquí es más bien un psicópata. Uno de tantos otros en la historia que llegaron al poder con una mente enferma, o que enfermaron la mente a causa de su posición de poder. En varios sentidos su forma de ponerse por encima del mundo y de la muerte me ha recordado a la visión popular del emperador romano Nerón.

13 Assassins

A partir de esa primera hora, el director se recrea con los detalles y las dificultades del viaje, acelerando un poco el desarrollo para poder empezar la batalla lo antes posible. Otorga protagonismo a personajes que no lo tenían, Hirayama y Koyata, uno por su extraordinaria habilidad con la espada y el otro por sus peculiaridades. Por lo demás, las caracterizaciones son muy similares a las de la obra de Eiichi Kudo, excepto quizás la de Hanbei, a quien ha envejecido para ponerse también en ese aspecto a la altura de Shinzaemon.

La batalla final es un verdadero espectáculo que dura el doble que la original. El número de rivales también sube de 50 a 200, aunque la diferencia se acorta porque Miike sí que obliga a sus trece asesinos a aprovechar la ventaja posicional antes de iniciar el combate. En cualquier caso, cuando comienza el cuerpo a cuerpo la superioridad numérica sigue siendo abrumadora.

Las coreografías son un deleite visual de velocidad, efectos de sonido modernos, un uso apropiado de la sangre, y una colocación de cámaras ideal. No son elegantes y cuidadas como las de los clásicos del chambara, pero en este terreno es en el único que agradezco la modernización del género. Casi siempre se emplean dos golpes con cada rival; uno para desviar la katana y el otro para cortar. El único duelo en el que se supone que debe haber un intercambio apropiado es también una preciosidad.

13 Assassins

Lo que debería haber sido el final de la película está transformado por no haber respetado la culminación de la relación entre Shinzaemon y Hanbei, algo que yo consideraba un elemento muy importante de la versión de 1963. Y más allá de eso, el final que Miike ha querido darnos tiene una nota discordante, imagino que fiel a su particular sentido del humor, que a mí me ha gustado poco o nada.

En definitiva, aunque me considero un poco purista en esto del jidaigeki, no puedo más que admitir que me ha agradado mucho ver esta actualización de una de sus grandes historias. Otra cosa es que vaya a reconocerle un gran mérito a un director que tan sólo ha desarrollado un patrón con nuevos medios y pequeños detalles.

Sleepy Eyes of Death 02: Sword of Adventure (1964)

Sword of Adventure

El guardaespaldas
Dirigida por Kenji Misumi

Esta fue para mí la primera toma de contacto con el personaje. La elegí probablemente porque me llamó la atención el nombre del director, Kenji Misumi. Si bien en su filmografía nunca he encontrado lo que yo llamaría una obra maestra, le considero uno de esos directores que te garantizan una tarde de entretenimiento y acción bien rodada.

Como decía en la reseña de The Chinese Jade, Nemuri Kyoshiro aparece aquí con unos sentimientos más humanos. Se involucra en la trama movido por la bondad y el extraño valor del viejo comisario Asahina, aunque antes de eso ya había mostrado simpatía hacia personajes enternecedores como Gentaro o Tsuya. El resto del metraje le veremos convertido en guardaespaldas, decidido a no permitir que el anciano sufra daño alguno.

Esta vez el marco histórico me ha confundido por su incongruencia con la primera parte. Allí situé los hechos en la década de 1840 basándome en la edad de Nariyasu Maeda, pero aquí tenemos como Shogun a Ienari Tokugawa, que abdicó en 1837. Si las dos entregas son continuadas, implicaría que Nariyasu tenía como máximo 26 años en The Chinese Jade, una edad que desde luego no aparenta. Otro personaje histórico en la película es Toshimasa Yagyu, undécimo cabeza de la familia Yagyu y decimosexto maestro del Yagyu Shinkage. No he encontrado fecha de nacimiento o muerte en ninguna parte, así que no ayuda a resolver la cuestión de la época.

Sword of Adventure

El detalle curioso que voy a incluir en esta reseña es el del joven samurái experto en shuriken. La hija del Shogun sugiere que su señor se enamoró de él debido a su belleza, y que le expulsó del clan por celos. Desde que leí el libro de Gary Leupp, Male Colors: The Construction of Homosexuality in Tokugawa Japan, he prestado una mayor atención a todas las referencias cinematográficas a la ambigüedad sexual, y aunque son pocas, de vez en cuando aparece alguna como esta. Más adelante el mismo samurái se ofende porque le llaman “actor hermoso”. En el libro que menciono se explica la estrecha relación existente entre el teatro kabuki y la prostitución masculina, normalmente ligada a roles femeninos (onnagata, como el de An Actor’s Revenge). El enfado del muchacho se entiende si traducimos el insulto como “marica”.

En Sword of Adventure se dice por vez primera que Nemuri Kyoshiro es hijo de un matrimonio mestizo, para enfado del protagonista. Es sólo entonces cuando me doy cuenta de que su pelo es de un extraño color castaño cobrizo. Me había pasado tan desapercibido que hasta he tenido que confirmar después que Raizo tenía el pelo negro, aunque pensándolo ahora con la mente fría era algo más que evidente.

Mi valoración final es mucho más positiva que la de la primera entrega. Es una obra que se defiende bien tanto como parte de la saga, como para verla de forma independiente. No creo que defrauden a nadie ni el ritmo de la trama, ni las estupendas escenas de acción de Misumi.

Ran (1985)

Ran

De un padre y sus hijos
Dirigida por Akira Kurosawa

Adaptación de la obra de Shakespeare King Lear, realizada por Akira Kurosawa en 1985 para convertirse en uno de sus trabajos más reconocidos a nivel internacional. Al igual que sucedía con Throne of Blood, el director parte de situaciones idénticas a las de la novela, pero se toma algunas licencias en cuanto al desarrollo que me han parecido de exquisita factura.

Sinopsis: el Gran Señor Hidetora (Tatsuya Nakadai) decide repartir sus dominios entre sus tres hijos, dividiendo los castillos conquistados y erigiendo al primogénito como nuevo líder de la familia. Para sí mismo sólo se reserva el título y un puñado de sirvientes. El hijo pequeño repudia la idea llamándolo viejo senil, y por este motivo es desterrado junto con el leal vasallo que lo defiende.

Al comienzo tenemos una lentitud aplastante, escenas larguísimas en las que no pasa nada y parecen atascarse, que sin embargo crean esa atmósfera tan típica de Kurosawa que te hace sentir que llevas el día entero metido en la historia. Algunas tomas llegan a parecer fotografías, donde nadie se mueve durante varios segundos y sólo el viento te recuerda que hay movimiento.

Ran

La temática y las ideas que se funden en Ran son extremadamente variadas, siendo quizás la más importante de ellas el amor filial. El destierro de Saburo, único hijo que no agasaja a su padre en la entrega de poderes, resulta en la maldición de un hombre que gradualmente se deshace de todos aquellos que le quieren de verdad. La envidia se da entre los hijos mayores por la parte de la herencia que recibe cada uno. La hipocresía emana de casi todos los vasallos aduladores que tan sólo ansían el poder. La venganza anida en los corazones de los conquistados, que buscan destruir a quienes les arrebataron lo que más querían. Por último, el destino mueve los hilos de hombres y mujeres, que actúan como marionetas camino de un desenlace trágico e inevitable.

Comparando Ran con la novela de El Rey Lear, vemos esas pequeñas y no tan pequeñas libertades que se toma Akira Kurosawa. En la obra de Shakespeare eran tres hermanas y no hermanos los que se reparten los poderes, quitando la figura del Duque de Cornualles y sustituyéndola por Lady Kaede. Este cambio crea una inevitable relación entre ella y Lady Washizou (de Throne of Blood), dos mujeres diabólicas que llevan a enormes señoríos a su destrucción, una por ambición y la otra por venganza.

A pesar del parecido con la mencionada Throne of Blood, el estilo del director es mucho más cercano al de Kagemusha, seguramente por la época en que se rodó. En ambas la acción tiene lugar en llanuras y verdes campiñas al aire libre. El vestuario también es similar, aunque en Ran hay un juego de colores y contrastes que no pasa desapercibido. Por ejemplo, los amarillos soldados de Tora y los rojos de Jiro se combinan en un asalto para honrar al fuego que poco a poco consume la torre frente a la que se apostan. También son elemento importante de los decorados los propios muertos, maquillados, ensangrentados, y posicionados de una forma digna de un cuadro.

Ran

El terreno de actuaciones está repleto de buenos papeles y de muchos personajes con gran desarrollo. Mis mayores elogios son para Tatsuya Nakadai, que a sus 53 años hizo la que probablemente sea su mejor película. En el cuerpo de Hidetora tiene que representar el orgullo de un padre, la ira cuando su orgullo se ve quebrantado, la locura de sentirse solo en el mundo que él ha creado, y finalmente el arrepentimiento. Un personaje realmente traumático cuya decadencia le lleva hasta el nivel más bajo.
Otras menciones destacadas son para Mieko Harada (como Lady Kaede), Jinpachi Nezu (como Jiro), Masayuki Yui (como Tango), y por supuesto Peter (como Kyoami, el bufón), que acaba convertido en la conciencia de su señor.

Única y excelentísima obra de Kurosawa, que adapta una de las más grandes tragedias jamás escritas. Ante esta película todo espectador debería descubrirse con independencia de cuales sean sus gustos personales.

Zatoichi 26: Darkness is his Ally (1989)

Darkness is his Ally

Regreso inolvidable
Dirigida por Shintaro Katsu

Después de 16 años con el personaje desaparecido, Shintaro Katsu y su productora volvieron a sacar a Zatoichi de las sombras para entregarnos la vigésimo sexta entrega de la legendaria saga. La otra dirección que había estado a cargo de Katsu fue Zatoichi in Desperation, una apuesta un tanto arriesgada que para mí estuvo entre las peores del espadachín ciego. Zatoichi – Darkness is his Ally evita caer en los problemas de aquella cinta y nos ofrece una conclusión para el recuerdo.

Sinopsis: el masajista sigue de un pueblo a otro, conociendo gente, jugando, buscando un sitio donde dormir, y tratando de sobrevivir a otro día. Al llegar a una aldea se encuentra con el comisario corrupto de turno, y con una peligrosa banda yakuza que le respalda. Para que la gente de la calle vuelva a disfrutar de justicia y paz, Zatoichi tendrá que desenvainar la espada de su bastón e iniciar el baño de sangre.

Darkness is his Ally

No sé si ha sido mi cabeza, que buscaba automáticamente relaciones, pero he visto algunos guiños a anteriores películas de la saga. Tal es el caso, por ejemplo, de las bromas sobre todas las veces que ha acabado en prisión, lugar donde comenzaba la trama de Zatoichi and the Doomed Man. También en el combate final, durante unos segundos y de manera bastante forzada, el espadachín resuelve un par de duelos con un bebé en brazos, trayendo recuerdos de Fight, Zatoichi, Fight. En otra escena acaba metido en un agujero por no fiarse de las indicaciones de unos niños, tal y como le pasaba en otra de las entregas de la saga cuyo nombre no consigo recordar.

Las coreografías de combate son impresionantes. Se vuelve a la cámara fija, los giros a la velocidad del rayo, y los enemigos que tardan en caer al suelo como bolos derribados. La novedad es que todas las escenas de acción están bañadas en sangre, más aún que en Zatoichi at the Blood Fest, llegando en algunos instantes concretos al nivel de Lone Wolf and Cub. Valga el representativo ejemplo de que el masajista inicia la batalla final con la cabeza de un hombre en la mano.

Mención especial a la brillante actuación de Ken Ogata, otro de mis favoritos, en el papel de guardaespaldas de la yakuza. Shintaro Katsu recuerda por fin que para hacer grande el duelo final debe desarrollar también al otro personaje a través de su relación con Zatoichi. En esta ocasión comparten momentos emotivos y llegan a entablar una amistad parecida a la de Hirate en la primera entrega de la saga.

Darkness is his Ally

En Zatoichi – Darkness is his Ally hay dos elementos que la señalan para mal. El primero es que el papel de “malo” fue dado al propio hijo de Shintaro Katsu, Ryutaro Gan, que según creo nunca había actuado en ninguna película, y sólo volvería a hacerlo dos veces más en su vida. El segundo es que durante el rodaje murió un especialista precisamente a manos del hijo de Katsu. Por una confusión se le dio una katana de verdad en lugar de la de atrezo, y le cortó el cuello con ella a Yukio Kato.

Dejando de lado los detalles macabros que rodean a esta cinta, a mí me ha parecido un trabajo estupendo, que deja fotogramas inolvidables, escenas preciosas, y un tema musical en inglés muy criticado. A mí personalmente me parece que la carrera de Zatoichi por el campo, persiguiendo una hoja, y sonando la canción The Loner, no tiene precio. Lo mismo va para el cierre de los créditos finales, cuando se congela la imagen del espadachín, continúa la música, y asumimos que nunca le volveremos a ver.

Si alguien no tiene pensamientos de ver más que una o dos películas del personaje, esta es una ocasión de oro que resume todas las claves que nos han hecho disfrutar del masajista durante tanto tiempo. Ver a Katsu tan gordo, entrado en años, y con el pelo tan blanco, evidencia que Zatoichi y él envejecieron juntos. Fue un solo ser, inseparable, que dejó para los aficionados decenas de horas del mejor chambara de la época.