Sleepy Eyes of Death 08: Sword of Villany (1966)

Sword of Villany

El fuego vengador
Dirigida por Kenji Misumi

En la filmografía chambara de Kenji Misumi la octava entrega de Sleepy Eyes of Death se sitúa entre la entretenida Zatoichi and the Chess Expert y la estupenda Zatoichi Challenged. A pesar del título internacional que encabeza la reseña, es más conocida como The Sword that Saved Edo. Yo me he decantado por Sword of Villany, ya que es menos engañoso y ofrece una traducción literal del original Burai-ken. En el reparto Raizo Ichikawa se ve acompañado de Shiho Fujimura y Shigeru Amachi, ambos grabados a fuego en nuestra memoria por sus respectivos papeles como Yuki en Ghost Story of the Snow Witch y Hirate en The Tale of Zatoichi.

Sinopsis: un grupo de ronin aparece en la ciudad de Edo con el objetivo de vengar a su difunto maestro. Su líder, Aizen, no se conforma con castigar a los culpables directos, sino que señala al tairo Tadakuni Mizuno como último responsable. Para eliminarle, su plan es iniciar un incendio que les permita actuar en medio de la confusión. A fin de evitar la pérdida de vidas inocentes, Nemuri se interpondrá en el camino de los vengadores.

La historia comienza con el relato de un ladronzuelo local, que nos mete de lleno en la trama con su original narración de los hechos. Desde ese momento crece dentro de nosotros la sensación de que detrás de lo que vemos hay un pasado interesante que nos gustaría descubrir. Poco a poco se van desvelando los detalles del infame Incidente Oishi, que acabó con un incendio y un cadáver sin identificar.

Sword of Villany

Los momentos de acción son de muy buena factura, destacando el enfrentamiento sobre el puente en el que Nemuri desenvaina por primera vez. Inesperadamente nos topamos con otro imitador del Corte de Luna Llena, aunque esta vez nos sorprende por su reiteración y no por su originalidad. A cambio veremos que Nemuri utiliza con frecuencia una variante de la pose heijozen kennosei, apuntando la Katana hacia atrás con violencia y manteniendo a raya a los atacantes que quedan a su espalda.

Igualmente destacable es la gran batalla que tiene lugar en los tejados con una marea de llamas como fondo. Esto nos recuerda el asalto de Ikedaya por parte del Shinsengumi, cuando los imperialistas pretendían incendiar Kioto también como maniobra de distracción. La diferencia es que en Sword of Villany lo consiguen, motivo por el cual no tiene sentido el otro título internacional. En cualquier caso, lo curioso es que una vez se produce ya no parece tener relevancia alguna para la trama.

Nada más que añadir al comentario de este estupendo chambara, que se sitúa para mí a la cabeza de la saga. La incertidumbre del Incidente Oishi y la complejidad del personaje de Aizen disparan el interés por la historia.

Bronze Magician (1963)

Bronze Magician

El monje que pudo reinar
Dirigida por Teinosuke Kinugasa

Para los aficionados al jidaigeki el Periodo Nara es un agujero negro sobre el que el cine no nos ofrece información alguna. Teinosuke Kinugasa es, a día de hoy, el único director que conozco que rompe esa barrera invisible para contarnos uno de los incidentes más controvertidos de la historia de Japón, ambientado entre los años 762 y 769. Raizo Ichikawa, Miyako Endo y Tomisaburo Wakayama, interpretan los papeles principales con las notas de fondo de Akira Ifukube.

Sinopsis: Yodo (Dokyo), un monje entrenado en las montañas, es llevado a la corte para poner en práctica su magia y curar a la emperatriz. Sorprendiendo a todos con su habilidad, llega a convertirse en el fiel consejero y portavoz de Su Majestad, ganándose el odio de los Fujiwara. Tras sobrevivir a un golpe de estado, los verdaderos problemas aparecerán cuando despiertan los sentimientos y desaparece su magia.

La historia de Dokyo es de las más interesantes y llamativas del Periodo Nara. Se trata ni más ni menos que del monje que casi llega a emperador, con lo que hubiera roto la sagrada línea de sucesión de descendientes de la diosa del Sol. Su primer encuentro con la emperatriz en la película seguramente se refiera al del año 762, cuando se dice que la curó de una grave enfermedad. Sin embargo, para entonces ya llevaba casi nueve años en la corte, donde fue convocado por su fama como traumatólogo. Su ascenso comenzó unos años después de la abdicación de la emperatriz Shotoku (antes Koken), cuando fue nombrado shosozu en 763, recibió el rango de ministro de estado en 764, y de canciller en 765. Un año después fue honrado con el título de Rey de la fe Budista, aglutinando en su persona el poder político y religioso de la nación.

Bronze Magician

En el jidaigeki es muy habitual que al protagonista se le haga un lavado de cara cuando se presenta ante la audiencia. Lo vi recientemente en The Conspirator y vuelvo a verlo en Bronze Magician. Para empezar, si alguna vez Dokyo tuvo políticas restrictivas en cuanto a gasto público fue siempre perjudicando a la aristocracia, permitiendo en cambio que proliferara la construcción de estatuas y templos, y que estos se enriquecieran obteniendo tierras para labrar. Además, no contento con el poder adquirido, se alegró al escuchar la profecía que aseguraba paz si era nombrado sucesor de Shotoku. La propia emperatriz alarmada mandó verificar el oráculo, resultando ser muy diferente de lo que se decía en principio. En History of Japan, de Cambridge, se admite que hay motivos para sospechar que Dokyo estaba detrás de todo, pero Murdoch va más allá en A History of Japan, y afirma sin titubeos que el monje no solo ideó la profecía original, sino que incluso mutiló y desterró al mensajero que trajo la rectificación.

El personaje que interpreta Raizo Ichikawa parece diferenciarse también físicamente del auténtico. Según recoge una cita de la emperatriz Shotoku, ambos se habían afeitado la cabeza. Ella lo hizo cuando abdicó en 758, por lo que seguramente volviera a llevar el pelo largo después de unos años. Dokyo en cambio es de esperar que mantuviera la cabeza rapada durante toda su vida como monje, especialmente teniendo en cuenta que en su apogeo doblaba la edad de Raizo en el rodaje (66 años frente a 32).

Al margen de lo real o lo ficticio de la trama, en mi opinión el desarrollo es demasiado lento y carece de ritmo, por no mencionar que el final elegido encajaría mejor en una película sobre Rasputín. Desgraciadamente la beatificación de Dokyo impide explotar el potencial de su aventura con Shotoku, así que tendremos que conformarnos con admirar esta obra desde la curiosidad histórica y no desde el interés cinematográfico.

Lady Sazen and the Drenched Shallow Sword (1969)

Lady Sazen and the Drenched Shallow Sword

La mujer barbuda
Dirigida por Kimiyoshi Yasuda

De Michiyo Okusu pensaba no haber visto ninguna película con anterioridad, pero lo cierto es que revisando su filmografía encontramos papeles relativamente importantes tanto en Zatoichi’s Pilgrimage como en Babycart in the Land of Demons. En Lady Sazen and the Drenched Shallow Sword el director Kimiyoshi Yasuda le da la oportunidad de demostrar lo bien que se desenvuelve disfrutando de una presencia casi permanente en escena y empuñando una katana con la mano izquierda.

En varios lugares de Internet mencionan que es la segunda parte de una obra de 1968 titulada Onna Sazen. El distribuidor de este DVD bootleg no dice nada al respecto, y durante el desarrollo hay varios detalles que contradicen esa posibilidad. Valga la pena mencionar que aquel del que supuestamente se venga en la primera entrega sigue aquí vivito y coleando. Jmdb y eiren.org apoyan esta teoría.

Sinopsis: cuando una mujer está a punto de ser atrapada por los hombres que la persiguen, interviene Okin, una muchacha tuerta y manca que compensa su minusvalía con un talento asombroso para el combate. Desde ese momento se sitúa en el punto de mira del magistrado de templos y santuarios, que colabora con el sumo sacerdote suministrándole mujeres a cambio de favores políticos. Por si fuera poco, a la protagonista se le abre un nuevo frente cuando encomiendan al leal Eizaburo la misión de arrebatarle su espada.

Simplificando lo que vamos a encontrarnos en esta cinta podríamos decir que se trata de la versión femenina de Tange Sazen. La principal diferencia entre ambos personajes es que el fajín del kimono de Okin no le permite situar el daishō a la cintura, y por ello sólo puede llevar la mayor de las espadas colgada a la espalda. Eso seguramente le ha ahorrado buena parte de los problemas de su equivalente masculino, al que recordamos cargando una valiosa valija de la misma manera. En cualquier caso, cuando la protagonista viste ropa de hombre desenvaina de forma natural desde el lado derecho, no desde el izquierdo como hacía Tange en un movimiento impresionante y característico. Las limitaciones del original se ven incrementadas al tratarse ahora de una mujer. Ante la frase “ha sido una mujer tuerta y manca” no puedo evitar pensar que para todos los que la rodean no es más que un monstruo de feria que viola las leyes de la naturaleza y la sociedad.

Lady Sazen and the Drenched Shallow Sword

Las escenas de acción son de lo más destacado que vamos a encontrar en Lady Sazen and the Drenched Shallow Sword. Michiyo está soberbia en unas coreografías tremendamente difíciles que le obligan a utilizar la mano mala con mucho trabajo de muñeca. El estilo de combate que le han enseñado se asemeja al de Zatoichi, basado en la velocidad, los giros circulares, y la estocada inversa. Sin embargo, debo decir que el espadachín empleaba una espada relativamente corta y con la hoja casi recta, mucho más apropiada para los movimientos de la técnica. Okin en cambio tiene que lidiar con una katana más larga, una tsuka (mango) de más de 20cm, y un sori (curvatura de la hoja) estándar que dificulta los cambios de dirección. Dicho esto, en el último enfrentamiento de la protagonista, rodado con plano vertical, Michiyo se muestra mucho más hábil que en el resto del metraje. La lejanía de la cámara y el hecho de que mire hacia abajo más de la cuenta ha provocado que me pasara por la mente la sombra de un doble. No en vano su kimono blanco aparece impecable, cuando en todos los primeros planos está lleno de sangre. Por supuesto podría ser simplemente un error de continuidad y la mía una acusación injusta, pero sea como sea, Kojiro Hongo llega a eclipsarla.

Datar esta película históricamente supone arrojar hipótesis y conclusiones gratuitas que aún así me parecen adecuadas para enriquecer el comentario. La pista nos la da Kawachi-no-Kami como magistrado de templos y santuarios. Ese título era hereditario de la familia Inoue durante el periodo Edo, y por lo tanto lo llevaron varios hombres a lo largo de más de 200 años. El cargo tampoco ayuda demasiado a reducir la búsqueda, puesto que se trata de una de las primeras posiciones oficiales a la que acceden aquellos destinados a desarrollar carrera política. Por suerte, el único que murió en el puesto fue Masasada Inoue, que además lo hizo prematuramente a los 32 años en 1786. Él podría haber sido uno de los elegidos por Yasuda para la lista de malvados, aunque también es posible, e incluso probable, que todo sea ficticio y nos encontremos a mediados del siglo XIX. Después de todo, una de las muchas concubinas de Ienari se llamaba Osode, a pesar de que su padre no era sumo sacerdote.

La valoración final de la cinta es bastante positiva. Sería injusto exigirle más de lo que pretende, que es simplemente el entretenimiento del espectador ante un personaje curioso. Michiyo Okusu está lejos de tener la magia y el carisma de Ryutaro Otomo, pero la comparativa no actúa en detrimento de la diversión.

Sleepy Eyes of Death 07: The Mask of the Princess (1966)

The Mask of the Princess

El feo rostro de la venganza
Dirigida por Akira Inoue

The Mask of the Princess incorpora a Akira Inoue a la lista de directores de la saga, rescatando una trama que tiene su origen en Sword of Seduction. Al igual que en su paso por Zatoichi (Zatoichi’s Revenge), aquí tampoco aporta nada original o destacable a la aventura, razón por la que no me entusiasma demasiado su trabajo.

Pensaba añadir una sinopsis en regla, pero tras darle muchas vueltas he visto que difícilmente se pueden escribir tres líneas para presentar la historia. Perdemos el encanto de lo que supone enfrentarse a lo desconocido, y asistimos en cambio al regreso de la vengativa Princesa Kiku. En esta ocasión se verá ayudada por un grupo de ninjas especialistas en emboscadas, que pondrán a prueba la capacidad de alerta de Nemuri.

Lo mejor de la película es la fotografía, que arroja espectaculares fotogramas de duelo y de siluetas oscuras contra cielos imposibles, con toda probabilidad pintados sobre murales. También es original la forma de filmar con una cámara que no deja de temblar mientras deambula entre los personajes. Incluso en los planos fijos se aprecia ese traqueteo imparable que dinamiza la escena.

The Mask of the Princess

En el terreno de la acción tenemos a dos personajes que verdaderamente suponen un desafío para el protagonista, cada uno con su particular manera de anular el temible Corte de Luna Llena. De los dos, destaca el imitador. El resultado de su enfrentamiento, y las palabras que se dice Nemuri a sí mismo antes del ataque, reflejan que en kenjutsu hay algo más aparte del conocimiento superficial de una técnica. Hablo por supuesto del menkyo kaiden (los secretos del arte), transmitido de maestro a discípulo para certificar el dominio total.

Aunque en algunas de las entregas anteriores es difícil de apreciar debido a los destellos y a la resolución de imagen, creo que hasta ahora el hamon (linea de templado) de la katana Masamune de Nemuri había sido de estilo Suguha (patrón recto). Aquí vamos a ver en algunos primeros planos que la linea es ligeramente irregular, lo que se conoce como Ko-midare. A pesar del significativo cambio, las espadas que se conservan de Masamune suelen combinar los estilos Notare (olas suaves) y Gunome (patrón redondeado).

Curiosidades aparte, concluyo el comentario admitiendo que la cinta es entretenida a lo largo de sus 86 minutos, pero reflexionando sobre la trama se hace evidente lo pobre que es el guión. Desde luego no está entre las mejores de la saga.

The Conspirator (1961)

The Conspirator

Sin salida
Dirigida por Daisuke Ito

Habiendo participado en el Festival de las Artes de 1961, The Conspirator es uno de los pocos jidaigeki de Daisuke Ito que por el momento han llegado a occidente. Lo protagoniza Kinnosuke Nakamura, y le acompañan en el reparto Noriko Kitazawa, Kaneko Iwasaki, y Chiyunosuke Azuma. La banda sonora va a cargo del genial compositor Akira Ifukube.

Sinopsis: Nobuyasu, también llamado Saburo Okazaki, es primogénito del daimyo Ieyasu Tokugawa. Su madre, de la familia Imagawa, pretende vengarse de sus nuevos parientes pactando con el clan Takeda y asegurando el ascenso al poder de Saburo. Pese a que el muchacho no comparte los deseos de su madre, la trama de engaños y traiciones le acabará salpicando injustamente.

El personaje de Nobuyasu es un desafío para los que nos gusta la historia de Japón, ya que no hay mucha literatura en inglés que le mencione. En internet se cita el Mikawa Monogatari (escrito en japonés por un vasallo Tokugawa) para decir que Katsuyori Takeda elogió su participación en Nagashino, reconociendo que no había ningún joven como él en toda la nación. Sin embargo, en aquella batalla lideraba un pequeño contingente en segunda línea de defensa que dificilmente habría visto de lejos al Daimyo de Kai. En The Maker of Modern Japan: The Life of Tokugawa Ieyasu se habla bastante de Nobuyasu, y por lo visto no era muy querido dentro del clan debido a su carácter mezquino. Los comerciantes extranjeros contaban de él historias que harían temblar al mismísimo Calígula, y aunque evidentemente se trata de exageraciones, lo cierto es que nadie movió un dedo para cambiar la decisión de Oda en 1579. De hecho, más de un general Tokugawa se llevó una alegría, entre ellos Tadatsugu Sakai. Tampoco creo que Ieyasu lamentara demasiado su pérdida, puesto que nunca habría elegido a un sucesor que tambaleara la estabilidad del clan.

La interpretación de Kinnosuke Nakamura en el papel central es muy buena. Representa a un hombre cargado de emociones y sentimientos contradictorios, que respeta y odia a su padre, y ama y reprende a su madre. Está atrapado entre tres clanes, dos progenitores, y tres mujeres. Muy bien caracterizado en el sentido de que no es el héroe tradicional que no tiene culpa de nada y se comporta de forma ejemplar. En un par de escenas vemos cómo no duda en maltratar a otros cuando tiene un ataque de furia. Es por ese motivo que nos cuesta compadecernos de su situación.

The Conspirator

Identificar la batalla introductoria de la película ha sido un verdadero quebradero de cabeza, pero finalmente he optado por la vía del descarte y me he quedado con Nagashino. No puede ser Mikata-ga-Hara porque fue una absoluta derrota Tokugawa, ni tampoco ninguna de las batallas posteriores a 1575, puesto que Ieyasu se muestra preocupado por el castillo de Hamamatsu. Al margen de eso, lo único que hay a favor de Nagashino es la linea triple de arcabuceros protegiendo el arroyo, aunque el pobre Oda se revolvería en su tumba si viera que el director adjudica su idea a Nobuyasu.

The Conspirator refleja a la perfección la fragilidad de las alianzas en el Sengoku. Tan solo en el entorno de Saburo hay una Imagawa (su madre) y una Oda (su mujer). El problema viene cuando estas alianzas se rompen o cambian y hay que soportar la carga de familiares descontentos. El método más efectivo para garantizar la unión era el envío de rehenes. Lejos de ser perfecto, en la mayoría de los casos aseguraba el respaldo de los vasallos. El propio Saburo estuvo en esa situación durante unos años al cargo de Morouji Imagawa.

No sé si será porque no me ha gustado la imagen que se da de figuras como Ieyasu y Nobunaga, o porque no he conectado en ningún momento con el protagonista (por los motivos que decía antes), pero lo cierto es que he acabado desencantado con la película. Opino que es difícil implicarse en el final de la historia si te es indiferente lo que le pase al personaje principal. En cualquier caso, es una valoración muy personal que estoy seguro variará en otros espectadores.

Warrior’s Flute (1955)

Warrior's Flute

Amar en tiempos de guerra
Dirigida por Yasushi Sasaki

Warrior’s Flute es otra de las escasas obras que hoy día podemos ver ambientadas en el Periodo Heian, más concretamente en la era Juei, cubriendo un intervalo de casi cuatro años entre 1181 y 1184. El director es Yasushi Sasaki, al que no hace mucho dejé bastante mal parado en mi reseña de Shinsengumi. En esta ocasión incluye en el elenco a la gran Hibari Misora y al carismático Ryutaro Otomo, cuyo papel es poco más que un cameo.

La trama de la película comprende una sección del Heike Monogatari que va desde el capitulo 6, con la rebelión de Yoshinaka en Kyushu, hasta el capítulo 9, con la muerte de Atsumori Taira. Sin embargo, el director deja de lado las batallas y la Guerra Gempei para desarrollar la historia de amor de Atsumori y Tamaori, constantemente trabada por las intrigas de algunos miembros de la corte, que aprovechan la inestabilidad Taira para conseguir poder.

Por poner nombres a los personajes que en la historia son simplemente referidos por su cargo, encontraríamos en primer lugar al emperador Antoku. Tenía cuatro años al comienzo de los hechos y siete al final, por lo que su corta edad le imposibilitaba para sus tareas imperiales. En su lugar actúa el regente Motomichi Konoe, que había sido kampaku durante los años del emperador Takakura, y posteriormente nombrado sessho para hacerse cargo del joven Antoku. Completa el trío de poder el Emperador Retirado Go-Shirakawa, que vio pasar desde su posición a cinco emperadores distintos entre 1158 y 1192.

Warrior's Flute

A pesar de la sencillez con la que Yoshinaka Minamoto parece abrirse paso hasta Kioto, en realidad la contienda estuvo bastante igualada hasta la caída del gobierno Taira. Todas estas batallas son obviadas, y la única mención que se hace a ellas es la de los gritos de los alarmados ciudadanos al ver que las fuerzas enemigas se acercan cada vez más a la capital.

El personaje de Atsumori es de origen desconocido para mí. En Warrior’s Flute la identidad de su padre acaba siendo la del emperador exiliado, probablemente Takakura, que fue el último desposeído del cargo. En el Heike Monogatari sólo he encontrado que era un refinado miembro de la corte, no muy preparado para el combate. Su duelo con Kumagae Naozane tiene lugar en el capítulo 9 del poema, durante la batalla de Ichi-no-Tani en 1184, cuando el chico tan sólo tenía 15 años. Fue entonces cuando el soldado Minamoto encuentra entre sus pertenencias una flauta y confirma su sospecha de que no era un general Taira.

La transformación de una historia de guerra en una historia de amor convierte en original e interesante este título de Yasushi Sasaki, que con un impecable blanco y negro nos acerca a la cultura Heian como pocas veces tenemos ocasión. Elementos característicos de este tiempo son las armaduras estilo o-yoroi, con esas secciones enormes que triplican el tamaño del guerrero, y las espadas tachi colgando del cinto con el filo hacia abajo, prueba del escaso uso que se hacía de ellas en un tiempo en que el arquero a caballo era todavía el guerrero por excelencia japonés.

Sleepy Eyes of Death 06: Sword of Satan (1965)

Sword of Satan

El peso del karma
Dirigida por Kimiyoshi Yasuda

La sexta entrega de Nemuri Kyoshiro vuelve a estar dirigida por Kimiyoshi Yasuda, segundo director que repite en la saga tras Kenji Misumi. Sword of Satan es un regreso a los inicios del personaje, rodeado de muerte y traicionado por un aura maldita que afecta a todos sus contactos con el mundo. Es un Nemuri imprevisible, que vaga por el país siendo justo con los justos y duro con los cobardes.

La trama planteada es tremendamente similar a la de varios títulos de Zatoichi. El protagonista causa de forma involuntaria el suicidio de una buena mujer que cumplía una misión. Tras descubrirlo, se compromete a reparar el daño relevándola en su cometido de proteger al pequeño Tsurumatsu. El muchacho es reclamado por el clan Iwashiro para hacerlo daimyo y evitar la extinción del linaje de la casa. A las fuerzas del feudo se une la hermana de la “ardilla voladora” Banzo, asesino a sueldo que Nemuri derrotaba en Full Circle Killing, que busca la destrucción del enemigo común.

En esta ocasión la aventura no parte de acontecimientos o personajes históricos, salvo que consideremos determinante la presión que ejercía el Shogunato sobre los clanes en su intento por abolirlos. El clan Iwashiro además ofrece un ejemplo de la política Tokugawa de control a los daimyo, pues tenemos un chambelán en Edo y otro en la provincia. Como sabemos, los señores feudales debían residir en la capital en años alternos, por lo que se veían obligados a repartir sus recursos para mantener dos residencias.

Sword of Satan

Entre los personajes malvados se incluye uno que hasta ahora había tenido un papel neutral; el Consejero Mayor Tadakuni Mizuno. En esta entrega es un corrupto que obtiene ingresos por hacer la vista gorda en actividades monstruosas. A él se unen los egoístas samurái del clan Iwashiro, capaces de enjaular a su señor con tal de asegurar la continuidad del feudo. Por último, como viene siendo característico de la saga, los cristianos y sus misas negras ponen la nota tenebrosa con un sacerdote satánico.

Las mujeres que entran en contacto con Nemuri evidencian sus carencias como protector. No se parece en ese aspecto a Zatoichi, que rara vez permitía que sus allegados sufrieran daño alguno. Al protagonista de Sleepy Eyes of Death le faltan dedos para contar las chicas que han muerto por relacionarse con él. Y no solo las que tienen buenas intenciones, puesto que los papeles femeninos tienden con bastante frecuencia a representar a asesinas a sueldo.

Yasuda demuestra una maestría extraordinaria cuando llega el momento de rodar coreografías de acción. Su uso tanto de la cámara fija como en desplazamiento es exquisito, y nos permite ver la danza mortal de Nemuri sin perder detalle. La originalidad del director va tan lejos que durante medio minuto nos metemos en la piel del protagonista y empuñamos su katana en una maravillosa escena de combate en primera persona, como en un videojuego.

Nada más que añadir. Sword of Satan está en la línea de los otros títulos de la saga, aunque para mí ha destacado sobre todo en el terreno de la acción, como mencionaba en el párrafo anterior.