Bounty Hunter 3: Eight Men to Kill (1972)

Eight Men to Kill

Y el Hades le seguía
Dirigida por Shigehiro Ozawa

Aquel que inició la trilogía en 1969, Shigehiro Ozawa, regresa tres años después para cerrarla con Eight Men to Kill. Recupera en esta película algunos de los elementos que habían caracterizado Killer’s Mission y que fueron desechados por Eiichi Kudo en su continuación. Tomisaburo Wakayama vuelve a estar soberbio en un año en el que daría vida por primera vez al lobo solitario en Sword of Vengeance.

Sinopsis: 500 kilos de oro han sido robados de una de las minas más importantes del gobierno Tokugawa. El precario estado financiero del Shogunato convierte en asunto prioritario la recuperación de tan valiosa mercancía. Tras varios intentos fallidos, los consejeros recurren al cazarrecompensas Ichibei Shikoro, que competirá con otro ronin en la búsqueda del oro.

El título que he elegido para el comentario es una cita textual de uno de mis pasajes favoritos del Apocalipsis: “y miré, y he aquí un caballo amarillento; y el que estaba montado en él se llamaba Muerte; y el Hades le seguía”. Estas palabras me vinieron a la cabeza cuando vi a Shikoro a caballo, seguido por un incansable enterrador mudo y jorobado del que se dice que siempre aparece para ver morir a alguien. En compañía de nuestro protagonista es normal que no le falte trabajo, pues Eight Men to Kill es la obra más oscura de la trilogía.

Eight Men to Kill

Mencionaba que Shigehiro Ozawa pasó por alto la intervención de Eiichi Kudo, que había transformado al cazarrecompensas en un hombre de equipo al que cualquiera podía contratar siempre que tuviera dinero y un propósito digno. Aquí vuelve a su cliente inicial, el Shogunato Tokugawa, con el que si bien no comparte ideas, al menos parece interesarse en lo que recibe a cambio de sus servicios. El director también saca de su letargo al bastón-espada y al desenvainado inverso que lo convierte en un instrumento mortal. Aunque las oportunidades de mostrarlo son más escasas que en la primera parte, desde luego hacen olvidar la ametralladora de Fort of Death. La única idea a la que se le da continuidad de aquella cinta de Kudo es la medicina como forma de vida. Otro tema es que los pacientes de sus intervenciones quirúrgicas pierdan sangre como para llenar un tonel, y que curiosamente nunca se sabe si han sobrevivido o no.

La banda sonora de Sakurai Hideaki es un acompañamiento decente, pero la veo lejos de aquellas notas de Yagi Masao que tanto nos recordaron a la saga James Bond. Poco más tiene que envidiar esta cinta a sus predecesoras, ya que el argumento y la dirección son quizás de lo mejorcito que nos dio el chambara de 1972. Además de Sword of Vengeance, Zatoichi at Large, y Zatoichi in Desperation, de los hermanos Okumura, no debemos olvidar las dos partes de Shadow Hunters, aparentemente también influenciadas por esta genial trilogía.

Resumiendo lo que avanzaba al comienzo del comentario, Eight Men to Kill es un cierre delicioso para las aventuras de Ichibei Shikoro. Ningún aficionado al género debería desaprovechar la ocasión de ver las películas precursoras de Lone Wolf and Cub. Shigehiro Ozawa ha conseguido con estos títulos cambiar la imagen que sus chambaras sesenteros daban de él.

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