Souls in the Moonlight 2 (1958)

Souls in the Moonlight 2

Con el olor de la sangre
Dirigida por Tomu Uchida

Sinopsis: Ryunosuke parece haberse asentado gracias a las atenciones de Otoyo, con la que por fin se ha reencontrado. Su vida vuelve a sufrir un cambio cuando el recaudador de impuestos Kamio obliga a la mujer a acostarse con él, provocando su posterior suicidio. El vacío que deja lo llena Otoku, que junto con su hijo toma el relevo en la labor de ablandar el corazón del asesino. Por su parte, el trío formado por Hyoma, Shichibei y Omatsu, continúa su persecución en busca de venganza.

La segunda parte de Souls in the Moonlight deja de lado al protagonista durante más de media hora para centrarse en la presentación de los nuevos personajes (sobre todo femeninos) que intervienen en la historia. Ahora más que nunca nos damos cuenta de cómo se entrecruzan los destinos de todos, avanzando en una trama en la que cada pequeña acción tiene un efecto importante e impredecible sobre el resto de individuos. A ese respecto, si bien sigo considerando que la visita de Ohama a Ryunosuke es el desencadenante de la tragedia, debo dar la razón a un gran aficionado con el que debatía hace unos días; el motor de la trama es el asesinato inicial en el paso de montaña. A pesar de no tener una fuerte repercusión sobre los sucesos inmediatamente posteriores, es sin duda el acontecimiento que marca el inicio de este peculiar efecto mariposa.

Masahiro Makino ralentiza el avance y se recrea más en cada escena. El bis de Otama con la canción del pájaro que vuelve al nido, y la característica lentitud para hablar de Chiezo Kataoka, ya consumen una parte importante del metraje. No en vano, Kenji Misumi resumió Souls in the Moonlight 2 en apenas cuarenta minutos de The Final Chapter. Por desgracia, tener más tiempo no hace que las escenas de acción mejoren lo más mínimo. El colmo ha sido para una de las estocadas del protagonista con la lanza, que se clava en el vacío al costado izquierdo del adversario durante lo que parece una eternidad, sin el menor esfuerzo de cámara por ocultarlo. Mejor resultado tienen sus intervenciones con la flauta, que emulan aquel mítico fotograma de Mifune en Whirlwind.

Souls in the Moonlight 2

Dije en el comentario anterior que el Ryunosuke de Makino era menos malvado que el de Misumi. En esta segunda entrega lo corroboro, llegando a verle incluso actuar por una buena causa y a renunciar al combate para salvar una vida. Si recordamos la misma escena en Satan’s Sword, el motivo por el que detiene la refriega es salvarse a sí mismo. Sin embargo, como si de un tiburón se tratase, el alter ego de Chiezo Kataoka reacciona a la sangre transformándose en un monstruo hambriento de víctimas.

En el apartado de las curiosidades, la espada que regalan a Nemuri en Souls in the Moonlight 2 es obra del célebre armero Horikawa Kunihiro. Me hubiera gustado comprobar (aunque seguramente habría salido decepcionado) si se ha cuidado el detalle del hamon (linea de templado) y se ha hecho en los estilos irregulares que caracterizan la producción de Horikawa. Tratándose del cine lo habitual es ver el estilo suguha (linea recta) y con menos frecuencia notare (ondas regulares de gran amplitud), por lo que mostrar uno diferente habría sido un claro guiño al origen de la katana. En Satan’s Sword la misma espada es obra de Amakuni Yasutsuna, el herrero a quien se atribuye la forja de la primera tachi, y cuyas espadas hoy día se consideran tesoro nacional de Japón.

Como conclusión, decir que la película se me ha hecho bastante amena, y eso es de agradecer en la entrega central de una trilogía. Dejar tranquilo a Ryunosuke y jugar con las vidas del resto de personajes ha sido un acierto para llevar la historia al siguiente nivel.

Souls in the Moonlight 1 (1957)

Souls in the Moonlight 1

La espada impasible
Dirigida por Tomu Uchida

Cuando publiqué el comentario de Sword of Doom escribí que Kihachi Okamoto había conseguido realizar una película muy superior a la Great Buddah Pass de Kenji Misumi, a pesar de haber hecho casi un calco de buena parte del metraje. Recuerdo aquellas palabras porque ahora me gustaría repetirlas para comparar a la derrotada de aquel duelo imaginario, con la primera parte de Souls in the Moonlight. Esta vez, al estar las dos rodadas a color sería difícil incluso distinguir algunas escenas. Tan parecidas son las caracterizaciones de los personajes, que he tenido que comprobar que el intérprete de Yohachi no fuera el mismo en ambas versiones (Akira Kishii en la de 1957 y Yoichi Mashio en la de 1960).

Para aquellos que no conozcan las maravillas de Daibosatsu Tôge, recuerdo que la obra relata la historia de Ryunosuke Tsukue, un samurái sin sentimientos que desencadena una tragedia al violar a la mujer de su rival en un torneo de esgrima la noche antes del enfrentamiento. No satisfecho con su acción, a la mañana siguiente mata en combate al furioso marido y se fuga con su destrozada esposa. Desde ese momento, Hyoma, el hermano menor del fallecido, comenzará a andar un camino de venganza que le lleva a recorrer el país en busca de su enemigo mortal.

Aunque probablemente sería divertido repasar una a una las diferencias con la obra de Misumi, considero que no es tan relevante y además privaría al lector de descubrirlas por sí mismo con el visionado. Sí diré que en general me ha dado la impresión de que este Ryunosuke es un poco menos diabólico que el de Satan’s Sword. Salvo que esté pecando de inocencia, aquí ni siquiera llega a violar a Ohama (aunque se asegura de provocar la ruptura de su matrimonio en la víspera del torneo) y la temprana aparición de Tango Ueda reduce la duración del periodo de máxima violencia del personaje.

Souls in the Moonlight 1

Que Chiezo Kataoka (Ryunosuke en Souls in the Moonlight) es un gran actor es algo que no voy a poner en duda, y sería muy injusto decir que su interpretación del papel no es muy buena. Sin embargo, reconozco que no me gusta verle como protagonista. Incluso en un rol tan frío como el de Ryunosuke me sigue pareciendo demasiado pasivo y carente de energía. Esto se hace evidente en escenas como la de su última riña con Ohama, o más aún en la de la locura cuando cree haber visto un fantasma. Su esgrima tampoco es de lo mejor del género, y las pobres coreografías de la película lo dejan en evidencia repitiendo una y otra vez unos golpes demasiado artísticos y nada creíbles.

Suelo reservar un par de líneas para las curiosidades, y esta vez quería hacer mención al uniforme del Shinsengumi. Estamos tan habituados ya a que el cine sobre la milicia cambie los colores y el diseño, que se hace extraño ver el auténtico haori azul en pantalla. Se utiliza mucho más cuando el Shinsengumi es un elemento secundario de la trama que cuando la protagoniza, y supongo que la explicación es que cuando sólo tienen un par de escenas interesa que el espectador los reconozca rápidamente.

Y si nada más que añadir, concluyo advirtiendo que, a pesar de ser peor que las dos versiones que mencionaba anteriormente, pocas pegas se le pueden poner a la ejecución. En este momento estoy impaciente por descubrir a dónde nos llevará la historia, ya que en una sola entrega el director Uchida ha cubierto las dos primeras partes de la conocida trilogía de Misumi.

Sleepy Eyes of Death 14: Flyfot Swordplay (1969)

Flyfot Swordplay

Las muñecas del Shogun
Dirigida por Kazuo Ikehiro

La última entrega de la saga clásica la dirige Kazuo Ikehiro, rescatando para la introducción los primeros minutos de A Trail of Traps. Si comparamos las imágenes, evidenciamos la pobre calidad del DVD de Flyfot Swordplay, que supone además un hándicap a la hora de valorar las escenas de acción, rodadas en su mayor parte de noche y con escasa visibilidad. Pataletas aparte, el título internacional de la obra me ha llamado la atención por emplear la palabra flyfot en lugar de swastika, a pesar de ser menos adecuado para traducir el manji japonés. Es obvio que la película nunca se habría titulado Swastika Swordplay, pero no deja de ser impactante hasta qué punto el nazismo ha dañado un símbolo tan importante en otras culturas orientales (en mi reseña de Inn of Evil podéis encontrar algo más de información).

Sinopsis: Nemuri recibe el encargo de violar a una joven que utiliza el encaprichamiento del señor del clan Kishiwada para controlar todas sus acciones. El espadachín acepta la misión, pero al llevarla a cabo resultan dañadas dos muñecas que custodiaba el feudo para el Shogun. Nuestro protagonista se ofrece para conseguir unos duplicados, aunque lo hará bajo la constante amenaza del clan Shimazu de Satsuma, animado por la situación para eliminar a un rival en la lucha por el poder.

El contexto político, por sorprendente que resulte, parece ser el de la sucesión de Ieyoshi Tokugawa de 1837. En Full Moon Swordsman se databa la aventura en 1841, por lo que no entiendo este viaje en el tiempo. Para hacerlo más confuso, en uno de los diálogos se dice que cuando Ienari sea nombrado Shogun, Tadakuni Mizuno será ascencido a Consejero Mayor. O bien el subtítulo inglés es incorrecto, o bien el guionista ha tenido un lapsus con los nombres. Lo que está claro es que la frase es contradictoria en sí misma, puesto que el nombramiento de Ienari tuvo lugar antes incluso de que naciera Tadakuni.

Flyfot Swordplay

El que esta entrega me haya parecido una de las peores se debe a que el argumento se olvida por completo durante más de una hora para centrar nuestra atención en el enfrentamiento de Nemuri con Satsuma. Se diría que más que nunca las muñecas son una pobre excusa para mostrarnos unas cuantas escenas de acción y rellenar metraje. Son las mismas trampas de siempre, las mismas violaciones consentidas, el mismo protagonista impasible, y una aventura que carece completamente de interés.

Si hay algo destacable en Flyfot Swordplay son las coreografías grupales en las que los rivales de Nemuri se ponen en fila india para enfrentarse a él de manera individual. El supuesto Jigen-ryu de Satsuma parte de una posición grotesca y nada práctica en la que cada luchador esgrime la espada por encima de la cabeza con la mano derecha invertida. Esta perversión de la postura de la libélula (tonbo gamae) es pura invención cinematográfica. Los combates evidencian que tampoco resulta muy útil.

Puesto que en mi opinión el propio Kazuo Ikehiro resta importancia en su película a las muñecas de Hina (que en teoría deberían ser el motor de la trama), he decidido dedicarles unas lineas como favor al espectador curioso. Estas figuras de madera se visten con atuendos del periodo Heian, y se colocan en un expositor de siete escalones con una jerarquía muy estricta. En la plataforma superior se sitúan las muñecas imperiales, el emperador y la emperatriz; en el segundo escalón hay tres cortesanas sirviendo sake; en el tercero encontramos cinco músicos, cuatro con instrumentos y el cantante con un abanico; el cuarto escalón presenta a dos ministros, uno en cada esquina; en el quinto hay tres samurái; en el sexto hay objetos cuyo uso tiene lugar en palacio; y por último, en la parte inferior se ponen objetos para uso fuera de palacio.

Conforme a lo dicho anteriormente, considero Flyfot Swordplay una de las dos o tres peores cintas de la saga, pero aprovecho la ocasión para rendir mi más sincero homenaje a esta estupenda colección de catorce películas, que quedó para siempre marcada por la pérdida de Raizo Ichikawa. Ante la figura de Nemuri Kyoshiro somos más conscientes de que nos dejó un actor maravilloso.

Azumi 2: Death or Love (2005)

Azumi Death or Love

El precio de la misión
Dirigida por Shusuke Kaneko

La segunda parte de Azumi se diferencia de su predecesora en el intento que hace por introducir amor y sentimentalismo en la trama. La misma construcción del título resulta cómica, cuando la violenta tipografía roja del nombre de nuestra protagonista se ve atacada por unos elegantes caracteres blancos llenos de florituras que dibujan las palabras Death or Love. Es como si la mano de Shusuke Kaneko relevara a la de Ryuhei Kitamura y nos dejara claro desde la misma escena de créditos qué es lo que va a aportar a la historia.

Sinopsis: el grupo de asesinos que emprendiera la misión se ve reducido a tan solo dos miembros; Azumi y Nagara. Habiendo eliminado a dos de los tres señores de la guerra, se dirigen a por Masayuki Sanada, el último objetivo. No será fácil, puesto que el ejército Toyotomi ya ha dado varios pasos hacia la guerra. El clan Sanada, como vanguardia de los opositores al shogunato, utilizará a sus ninja Uenokogashu para acabar con la vida del monje Tenkai y la de sus dos peones asesinos.

El making-of de El Señor de los Anillos insinuaba que para vender mejor una película en Hollywood había que desarrollar una historia de amor, razón por la que casi vemos a Arwen luchar en el adarve del Abismo de Helm. La entrada de Ginkaku en nuestra historia sirve únicamente para llenar el vacío que dejaba Nachi (interpretado también por Shun Oguri) al morir a los 15 minutos de la entrega anterior e impedir el romance.

Azumi Death or LoveLas coreografías de acción empeoran considerablemente, puesto que el número de personajes con un estilo de combate convencional se ha visto seriamente reducido, especialmente en el bando enemigo. Ejemplo ideal del tipo de acción que vamos a tener nos lo ofrece Roppa utilizando un arma inverosímil (compuesta aparentemente por dos hojas tipo falcata unidas por el mango) a modo de boomerang, con un efecto visual que nos recuerda aquellos discos de energía que lanzaba Krilin en Dragon Ball.

Pese a todo, la mejora de los efectos especiales con respecto a la primera parte permite que la película se haga llevadera en sus 106 minutos. Es una lástima que el guionista no haya sabido concluir la cinta donde a todas luces debía haberlo hecho. En lugar de eso, sin explicación ninguna, Azumi aparece con su vestuario de gala en una batalla campal que tiene para nosotros efecto deja vu. Mucha palabrería y poco sentido completan este final tan descuidado.

Si soy completamente sincero, debo decir que recordaba Azumi 2: Death or Love bastante peor de lo que me parece ahora. La recomendaría sólo a aquellos que disfrutaran con su predecesora, por supuesto rebajando las expectativas.

Sleepy Eyes of Death 13: Full Moon Swordsman (1969)

Full Moon Swordsman

El gemelo malvado
Dirigida por Kazuo Mori

El mismo año en que Raizo Ichikawa nos dejó para siempre, uno de sus más emblemáticos personajes regresó encarnado por Hiroki Matsukata. Full Moon Swordsman es la decimotercera entrega de la saga Sleepy Eyes of Death y una de las últimas películas dirigidas por Kazuo Mori.

Sinopsis: tras ser confirmado Ieyoshi Tokugawa como heredero, se produce en él un cambio de actitud y personalidad radical. Se convierte en un demonio al que sólo le interesa disfrutar del poder y de la inmunidad para abusar de mujeres. Es en una de esas cacerías cuando se topa con Nemuri, que desde ese momento no cesará en su empeño por descubrir quién y cómo está suplantando al futuro Shogun. Para ello contará con la ayuda de una hermosa espía que comparte su objetivo.

En esta ocasión la presentación del protagonista es especial. El director no quiso simplemente vestir a Matsukata de Nemuri y arrojarlo delante de la cámara, sino que esperó casi diez minutos para darle entrada, en un plano lejano y desenfocado que va descubriendo la sorpresa poco a poco. La caracterización es bastante diferente, tanto en estética como en carácter, siendo lo más llamativo de todo ese exagerado peinado que involuntariamente te distrae cada vez que le miras. Su actitud también ha cambiado, ya que no espera a estar en el punto de mira para interesarse por los sucesos. Por si eso fuera poco, esta vez es capaz de aguantar los 81 minutos de metraje sin acostarse con ninguna mujer.

Full Moon Swordsman

Lo del hermano gemelo impostor no es la primera vez que lo vemos en la saga. Sword of Villany ya nos había mostrado un caso similar que seguramente nos sorprendió durante el desenlace. En Full Moon Swordsman es parte de la trama y no se oculta al espectador, reservando el interés para la forma en que Nemuri intentará impedir la nefasta sucesión. Durante su viaje además llegará un momento en que es difícil saber si quienes le rodean son aliados o enemigos, alimentando así la incertidumbre.

Normalmente hay pocos personajes en esta saga, además del principal, capaces de captar nuestra atención. Yo en esta película me he encontrado con un inspector general llamado Kanjuro Sano que me ha cautivado. A pesar de tener un papel de villano, demuestra poseer todas las cualidades del auténtico samurái. Sirve a su señor con todo su empeño, por encima de la ley y del bien, y resuelve de la mejor manera posible cuando el fracaso se hace inevitable.

Uno de los interrogantes que todos teníamos antes de ver la película era el de las escenas de acción con Hiroki Matsukata. En líneas generales son más dinámicas y plásticas que las de Raizo (tenía 11 años menos), y en ocasiones se desarrollan a cámara lenta. Los saltos, los giros agresivos, y los movimientos elásticos del actor se alejan de aquellas batallas en las que Nemuri permanecía firme como un árbol y desataba su danza mortal en un espectáculo de precisión y velocidad. Personalmente me gustaban más las anteriores, pero se agradece un poco de frescura después de doce episodios.

Full Moon Swordsman es para mí un aprobado alto que objetivamente se mantiene en el nivel medio de la saga. Subjetivamente, la pérdida de Raizo Ichikawa es una herida abierta que su sustituto no consigue cerrar.

Sleepy Eyes of Death 12: Castle Menagerie (1969)

Castle Menagerie

La tierra prometida
Dirigida por Kazuo Ikehiro

Nos encontramos ante la última entrega protagonizada por Raizo Ichikawa de la saga. Unos meses más tarde tomaría el relevo Hiroki Matsukata para representar al personaje en otras dos películas, pero Sleepy Eyes of Death no llegó más allá de 1969. En Castle Menagerie Kazuo Ikehiro tuvo el honor de trabajar con Raizo en el que sería el último chambara del actor.

Sinopsis: un samurái cristiano se hace pasar por Nemuri para cometer multitud de crímenes por toda la ciudad, dejando siempre una nota que confirma su autoría. Las víctimas son elegidas por una de las mujeres de mayor rango en el harén del shogun, que ha prometido dejar marchar a 58 creyentes si gracias a su líder consigue afianzar su influencia en palacio. Aunque en un primer momento Nemuri no se preocupa demasiado por los sucesos, su intervención evitando un aborto le sitúa en el punto de mira de los conspiradores.

En cierto sentido no es de extrañar que Nemuri ignore al impostor durante buena parte de la cinta. Después de todo, matar y violar son sus especialidades, y la única diferencia es que las presas de su rival son inocentes. Ya en The Mask of the Princess habían tratado de complicarle con una trama similar, aunque en aquella ocasión tuvo que lidiar con un inspector incansable. En esta duodécima entrega el imitador realiza varias exhibiciones de habilidad que nos hacen preguntarnos si no estará incluso al nivel del auténtico.

Castle Menagerie

La dirección artística de Castle Menagerie me ha gustado mucho. Kazuo Ikehiro casi siempre sorprende con alguna toma original que te hace disfrutar de situaciones sencillas. Valga el ejemplo de la persecución a nivel del suelo en la que vemos cómo unas sombras avanzan en busca de unos pies. Sin olvidarnos por supuesto del baile de máscaras que lleva a Kyoshiro a enfrentarse con una de las trampas más extrañas que se ha encontrado.

Entre las notas curiosas que siempre incluyo en mis comentarios está la pipa que vemos atada al cinto del protagonista al principio de la película. No es habitual verlo en el cine, pero fumar era uno de los pasatiempos más representativos de la vida del samurái durante el periodo Edo. También llamará la atención de los menos experimentados la patrulla contraincendios que deambula por el castillo recitando obviedades a voz en grito. Pese a que nos pueda parecer una tontería, Annales des Empereurs du Japon recoge durante el Periodo Heian más incendios en el Palacio de Kioto de los que puedo contar con los dedos de las manos. Las lámparas de aceite, las velas, y los cortesanos maquinadores, no son buena compañía para la madera.

Realmente no estamos ante una de las mejores entregas de la saga, pero no puedo evitar sentir una punzada de emoción cuando veo a Nemuri alejarse al tiempo que aparece el kanji del final. Es en ese momento cuando comprendo que volveré a ver al personaje, pero sin el actor. Raizo Ichikawa murió de cáncer unos meses después, a los 37 años, habiendo participado en más de cien películas y dejando una huella imborrable en aquellos que le apreciamos. Fue el ronin por excelencia, y alcanzó la inmortalidad a través de los papeles que interpretó.

The Blazing Sword (1966)

The Blazing Sword

El vicecomandante demonio
Dirigida por Hirokazu Ichimura

Seguramente la mayor parte de nosotros conoce a Hirokazu Ichimura por la saga Crimson Bat. Sin embargo, antes de aquellas películas dirigió The Blazing Sword, basada en una novela de Ryotaro Shiba de 1964 titulada Moeyo-ken. El reparto que da vida a los personajes resulta prácticamente desconocido, encabezado por Asahi Kurizuka y Shunya Wazaki, dos actores que se encontraban en el inicio, y al mismo tiempo en la cúspide, de sus carreras cinematográficas. A Shunya volveríamos a verle en Reborn from Hell, pero Asahi apenas fue más allá de un par de papeles secundarios.

La narración se centra en la figura de Toshizo Hijikata, comenzando poco antes de la formación del Roshigumi y extendiéndose hasta el incidente de Ikeda-ya. El legendario vicecomandante del Shinsengumi se apodera de todas las decisiones importantes que llevaron a la creación de la milicia. La película está tan centrada en el protagonista, y se le da tanto peso, que casi parece que su enfrentamiento personal con Sohaku Rokusha es más importante que la lucha contra los nacionalistas (ishin shishi).

La primera advertencia que quiero lanzar es para los que se toman el jidaigeki como una enciclopedia de la historia de Japón. La biografía de Hijikata que vamos a ver tiene la dosis justa de veracidad para no alterar sustancialmente los acontecimientos en los que interviene. Pese a que efectivamente la importancia y la fama de nuestro personaje central puede compararse a la del comandante, lo que vemos en The Blazing Sword es una tremenda exageración que lo eleva a la excelencia tanto en liderazgo como en habilidad con la espada, dos campos en los que como mínimo estaba por debajo de Kondo y Okita respectivamente. Resulta llamativo que en el incidente de Ikedaya sea él quien insiste en llevarse menos hombres a la otra posada, cuando según las crónicas fue Kondo el que decidió tomar el contingente más pequeño (formado por los mejores, eso sí). Creo que este es un ejemplo perfecto del giro que se da a la historia para mayor protagonismo y gloria de Hijikata.

The Blazing Sword

Llama la atención que por enésima vez el uniforme que viste el Shinsengumi no sea el que todos los amantes de la milicia adoran y recuerdan. Para ser el elemento más característico del cuerpo no cabe duda de que es el gran sacrificado por el cine. En The Blazing Sword encontramos probablemente el caso más justificado, puesto que el haori azul con picos blancos ofrece un contraste muy bajo en blanco y negro. Quizás por ello el director decide vestir a sus personajes de blanco y negro (valga la redundancia), destacando así las montañas que adornan las mangas. Haciendo un rápido repaso por otros títulos del Bakumatsu, veremos que en When the Last Sword is Drawn se utilizan el rojo y el negro para igualar la agresividad del vestuario a la del sobrenombre de “Lobos de Mibu”; en Shinsengumi Chronicles Kenji Misumi elige el amarillo como alternativa al azul, aprovechándose del doble significado de la palabra japonesa asagi; finalmente, en Gohatto es más que evidente que los colores originales habrían destrozado esos fotogramas cargados de solemnidad, por lo que se eligió un moderno atuendo militar negro.

Las coreografías de acción vienen motivadas principalmente por actuaciones personales de Hijikata, cuyo individualismo le lleva a enfrentarse al peligro casi siempre en solitario. Su técnica de esgrima parece una variación del Tennen Rishin, lo que nos lleva a preguntarnos por qué representa al dojo en los desafíos habiendo al menos dos maestros presentes. En cualquier caso, y por más que se haga mención a diferentes escuelas, el estilo de combate de todos los personajes es prácticamente idéntico.

En The Blazing Sword no vamos a descubrir nada que no hayamos visto ya. Se trata de otra cinta más del Shinsengumi que comienza con la formación de la milicia y termina en Ikedaya. Se diferencia sólo en el protagonista y en la alteración de algunos sucesos. Creo que dejando al margen a los grandes aficionados, esta es una película que el espectador medio puede dejar pasar.