Sleepy Eyes of Death 11: In the Spider’s Lair (1968)

In the Spider's Lair

Descarriados
Dirigida por Kimiyoshi Yasuda

La undécima entrega de Sleepy Eyes of Death la dirige Kimiyoshi Yasuda el mismo año de Zatoichi and the Fugitives. Ambas películas tienen un nivel bastante parejo si se comparan con otros títulos de sus respectivas sagas, pero hay una diferencia abismal en la cantidad de acción presente en el metraje. Es como si el director hubiera puesto a descansar al bonachón de Zatoichi para dar una buena parte de su trabajo al impasible Nemuri.

Sinopsis: dos hijos bastardos del Shogun Ienari viven aislados en un castillo remoto, aterrando a los pobres aldeanos sobre los que realizan terribles experimentos y torturas. Un día sus siervos se topan con Nemuri cuando intentan llevarse a Hyogo, el hijo adoptivo de un buen amigo suyo. El maestro del Corte de Luna Llena acaba acompañando a los secuaces hasta el castillo de los jóvenes descarriados, donde descubre sus macabras prácticas.

Desde el principio se presenta una discrepancia de base con la historia conocida del protagonista, puesto que se dice que acudió al pueblo a enterrar a su madre cuando tenía quince años. Siempre habíamos entendido que su muerte tuvo lugar cuando él apenas era un bebé, y de hecho es eso lo que mostró Kazuo Ikehiro en la introducción de A Trail of Traps. Otro ejemplo que se me ocurre es el diálogo de Nemuri en Sword of Villany, en el que afirma no haber conocido a su madre.

In the Spider's Lair

El castillo donde se desarrolla buena parte de la historia no está tan lejos de Edo, por lo que las referencias a lo remoto del lugar describen más bien su aislamiento de la civilización. Es este factor el que permite al director crear una especie de mundo aparte entre las paredes que lo levantan, parecido al que vimos en The Mask of the Princess. Curiosamente el feudo de Kofu (Kai), en el que se encuentra, era junto con Sunpu (Suruga) el más importante de los gobernados directamente por el Shogunato en aquellos días.

Como decía en la introducción, la acción devora gran parte del metraje. Al protagonista le tienden tantas trampas que A Trail of Traps empieza a parecernos desmerecedora de su título. En una de ellas demuestra por fin que es vulnerable, debatiéndose durante unos minutos entre la vida y la muerte. Las secuelas de ese ataque añaden diversidad al abanico de coreografías, ya que Nemuri se ve obligado durante un tiempo a empuñar la katana con la izquierda. Al margen de eso no ha habido nada que me llamara especialmente la atención.

In the Spider’s Lair es la penúltima y más cruenta de las entregas protagonizadas por Raizo Ichikawa. Una vez más la prole del Shogun Ienari nos sorprenderá con su locura y su perversión para asegurarnos pasar un rato de oscuro entretenimiento.

Zatoichi (2003)

Zatoichi

Regresa una leyenda
Dirigida por Takeshi Kitano

Hoy me enfrento a una reseña que ya había escrito dos veces en el pasado, quizás en ambas ocasiones condicionado por las experiencias que acababa de descubrir en mi contacto con el chambara. En 2005, cuando mis referencias se reducían a Azumi, When the Last Sword is Drawn, y Samurai Fiction, la obra de Kitano me pareció de lo mejor que alguien podría encontrar jamás en el cine acción. Dos años después de aquel comentario, y veintiseis zatoichis de Shintaro Katsu por medio, la inmediata comparación derrumbó todas mis expectativas y critiqué duramente algunos elementos de la película. Hoy vuelvo sobre mis pasos, espero que por última vez, y lo hago al fin con el DVD versión original en mis manos.

Sinopsis: Zatoichi llega a un pueblo en el que dos clanes yakuza se reparten las ganancias de extorsionar a los vecinos a cambio de su dudosa protección. Uno de los primeros encuentros del masajista es con dos jóvenes vestidas de geisha que tratan de vengar la muerte de sus padres. Su relación con ellas, y un violento altercado en la casa de juegos local, le convertirán en el principal objetivo del jefe Kuchinawa en su intento por hacerse con el control absoluto del lugar.

Mirando con lupa la actuación de Takeshi en el papel protagonista no es dificil darse cuenta de que en todo momento imita los gestos y la forma de expresarse de Shintaro Katsu. Sin embargo, la personalidad del personaje es diferente. En varias ocasiones es el espadachín quien asesta el primer golpe, olvidando su filosofía de desenvainar para defender. En la casa de juegos se muestra incluso aterrador, organizando una carnicería sin que nadie hubiera sacado siquiera una espada.

Zatoichi

Las escenas de acción son el punto fuerte de la película. Si bien los efectos especiales de la sangre y los tajos se quedan algo escasos, por lo general la estética es impresionante. Las limitaciones de Kitano a la hora de esgrimir una katana nos separan de aquellos interminables planos fijos de Kenji Misumi, y nos acercan al caos de los cambios de cámara acelerados y las estocadas que sólo se intuyen. Habrá división de opiniones, pero el combate de Genosuke (Tadanobu Asano) contra la gente del jefe Funahachi, y el de Zatoichi en la mansión de Ogi, son verdaderamente espectaculares.

El entretenimiento viene generado por la combinación de situaciones recurrentes procedentes de la saga de Katsu, como son la de los dados o la de introducción, y del humor característico del director, que rellena metraje con escenas divertidas y sorpresas musicales que consiguen sacarnos una sonrisa sin dificultad.

La trama se ve reforzada por la historia secundaria de las hermanas vengadoras. Ellas son las protagonistas del que para mí es uno de los mejores momentos de la cinta, cuando al ensayar su número de baile nos muestran la perfección de una técnica y unos movimientos trabajados desde la infancia. Las notas de la magnífica Musume Dojoji (The Maiden at the Dojo Temple) no pasan desapercibidas, a pesar de que la banda sonora trata provisionalmente de imponerse a ese clásico del siglo XVIII.

Mi valoración final es más positiva de lo que esperaba al introducir el DVD en el lector. Recomiendo esta película a los incondicionales del director y a los amantes del cine de acción y katanas japonés.

Sleepy Eyes of Death 10: Hell is a Woman (1968)

Hell is a Woman

El paraiso de los ronin
Dirigida por Tokuzo Tanaka

Tokuzo Tanaka, el director que comenzó esta estupenda saga en 1965, regresa a Sleepy Eyes of Death para ofrecernos Hell is a Woman. La décima entrega es un delicioso chambara construido sobre personajes interesantes y coreografías de lujo, con un reparto muy completo que encabezan Raizo Ichikawa, Miwa Takada, Takahiro Tamura, y Yunosuke Ito.

Sinopsis: aprovechando la enfermedad del señor del clan Saeki, sus dos principales vasallos se disputan el poder. Esta intriga causa la muerte de varios inocentes que tienen la mala suerte de estar en el lugar inadecuado en el momento menos oportuno. El propio Nemuri se ve atrapado en el enfrentamiento cuando le pide ayuda la princesa Sayo, hija del incapacitado señor del feudo.

Una vez más encontramos en la saga chambelanes ambiciosos que ponen sus intereses por encima de los de su señor y su clan; son Geki Inada en Edo y Unemenosho Hori en Saeki, protegido el primero por el guardaespaldas Tatsuma y el segundo por el ronin Jinnai. Estos dos espadachines representan una fuerza que se opone a la de Nemuri, pero que no llega a estallar contra él. Es curioso que Tanaka consiga acabar la película sin que el espectador se sienta decepcionado al verse privado de estos duelos casi obligatorios del género. No en vano, lo compensa con creces con varias escenas inolvidables de acción, entre las que destaca la de Nemuri contra los peregrinos, filmada desde una cámara fija que nos permite ver la milimétrica precisión del enfrentamiento como si estuviéramos asistiendo al teatro. No es la única novedad en la técnica, ya que unos minutos después el director se atreve a rodar otro combate con un primer plano que no se aparta de la cara del protagonista.

Hell is a Woman

Hell is a Woman va tan lejos como para tener su propio momento kaidan durante una de las trampas a las que se enfrenta Nemuri, especialmente originales en esta décima entrega. Más adelante veremos otra que parece sacada de un castillo del videojuego Samurai Warriors, y llegando al final hay una más que añade a las serpientes a la triste lista de animales maltratados por el cine clásico japonés.

Investigando como siempre sobre el posible contexto histórico de la trama, no he sido capaz de definir con certeza el lugar de los hechos y la identidad de los personajes. La primera línea de búsqueda, y más evidente, me ha llevado al feudo de Saeki, en la provincia de Bungo. Recordando que la saga se ambientaba en la década de 1840, y cruzando el dato con Nobiliaire du Japon, diríamos que el castillo pertenecía a la familia Mori y que el señor enfermo era Lord Takachika. Sin embargo, sus 20.000 koku están lejos de los 140.000 de la película, y el padre de Sayo (Lord Echigo) quedaría completamente fuera de lugar. Es por ello que en mi segunda búsqueda me he ido al feudo Takada, de 150.000 koku, que al ser el más grande de Echigo justificaría el título de su señor. Estaba bajo control del clan Sakakibara, y, además del estipendio, la distancia a Edo es otro punto a su favor. En la actualidad hay un barrio de Uozu (antiguo Echigo) que se llama Saeki. Tenga o no algo que ver, o sea la trama y sus personajes puramente ficticia, mi intención al aportar esta información es ofrecer al lector un marco probable.

Por todo lo dicho, recomiendo a los aficionados esta cinta de 81 minutos de puro entretenimiento, que comienza con un muestrario de tsubas a ritmo de western durante la introducción y termina con una nevada en un escenario que nos acerca el recuerdo de Sword of Doom.

Sleepy Eyes of Death 09: A Trail of Traps (1967)

A Trail of Traps

El Dios del infierno
Dirigida por Kazuo Ikehiro

De título original Burai-hikae masho no hada, la novena entrega de la saga la dirige Kazuo Ikehiro, una verdadera garantía a la hora de enfrentarnos a un chambara clásico. Su firma es más que evidente desde la misma introducción, en la que narra el origen de Nemuri sobre un fondo completamente negro. Ese estilo de arranque ya lo había utilizado tres años antes en Zatoichi and the Chest of Gold, aunque aquellas imágenes eran de acción.

Sinopsis: Shurinosuke Asahina recibe el cometido de trasladar una valiosa estatua de oro de la virgen María desde Edo hasta la casa de su nuevo custodio. Sabedor de que un grupo de cristianos intenta castigarle por la persecución que llevó a cabo en el pasado, decide pedir ayuda a Nemuri Kyoshiro, ofreciéndole a cambio incluso la virginidad de su hija Chisa. En principio el ronin se niega, pero su contacto con Asahina es motivo suficiente para ponerle en el punto de mira de los radicales.

El rival de altura de A Trail of Traps se llama Ukon Saegusa y está genialmente interpretado por Mikio Narita. Su caracterización seguramente se basa en Shiro Amakusa, el líder de la revuelta cristiana de Shimabara, y sus propios hombres parecen supervivientes de la masacre. Ahora se encomiendan a un Dios del infierno llamado Giabo.

A Trail of Traps

El Nemuri de esta película se comporta con más desdén que nunca. No le interesa absolutamente nada, y comenta que no desea relacionarse ni con familiares, ni con amistades, ni con mujeres. Destaca su mención al hecho de que estuvo enamorado, y por la forma en que lo dice se diría que lo que pasó justifica su actitud presente. Desde luego motivos no le faltan para despreciar a las mujeres, ya que en la mayoría de sus encuentros acaba esquivando la punta de una espada que atraviesa el suelo. Es una escena que se ha convertido ya en una marca de identidad de la saga, tan representativa como la de los dados en Zatoichi.

Se da por hecho que un chambara de Kazuo Ikehiro va a tener buenas coreografías de acción, pero aún así me han sorprendido. En la escena que seguramente inspira el título internacional, donde el protagonista se ve rodeado de trampas en un bosque, es donde desenvaina por primera vez su wakizashi. En combinación con su katana Masamune, su técnica de combate se convierte en un torrente de velocidad y precisión sin igual. Curiosamente el Corte de Luna Llena brilla por su ausencia hasta el enfrentamiento final, durante el que se realiza dos veces seguidas en continuo movimiento.

El acompañamiento musical estilo western, la excelente fotografía, y el detalle de los escenarios, hacen de A Trail of Traps una entrega de entretenimiento tan buena como su predecesora. Altamente recomendable tanto para los que siguen la saga como para los que no.

Sleepy Eyes of Death 08: Sword of Villany (1966)

Sword of Villany

El fuego vengador
Dirigida por Kenji Misumi

En la filmografía chambara de Kenji Misumi la octava entrega de Sleepy Eyes of Death se sitúa entre la entretenida Zatoichi and the Chess Expert y la estupenda Zatoichi Challenged. A pesar del título internacional que encabeza la reseña, es más conocida como The Sword that Saved Edo. Yo me he decantado por Sword of Villany, ya que es menos engañoso y ofrece una traducción literal del original Burai-ken. En el reparto Raizo Ichikawa se ve acompañado de Shiho Fujimura y Shigeru Amachi, ambos grabados a fuego en nuestra memoria por sus respectivos papeles como Yuki en Ghost Story of the Snow Witch y Hirate en The Tale of Zatoichi.

Sinopsis: un grupo de ronin aparece en la ciudad de Edo con el objetivo de vengar a su difunto maestro. Su líder, Aizen, no se conforma con castigar a los culpables directos, sino que señala al tairo Tadakuni Mizuno como último responsable. Para eliminarle, su plan es iniciar un incendio que les permita actuar en medio de la confusión. A fin de evitar la pérdida de vidas inocentes, Nemuri se interpondrá en el camino de los vengadores.

La historia comienza con el relato de un ladronzuelo local, que nos mete de lleno en la trama con su original narración de los hechos. Desde ese momento crece dentro de nosotros la sensación de que detrás de lo que vemos hay un pasado interesante que nos gustaría descubrir. Poco a poco se van desvelando los detalles del infame Incidente Oishi, que acabó con un incendio y un cadáver sin identificar.

Sword of Villany

Los momentos de acción son de muy buena factura, destacando el enfrentamiento sobre el puente en el que Nemuri desenvaina por primera vez. Inesperadamente nos topamos con otro imitador del Corte de Luna Llena, aunque esta vez nos sorprende por su reiteración y no por su originalidad. A cambio veremos que Nemuri utiliza con frecuencia una variante de la pose heijozen kennosei, apuntando la Katana hacia atrás con violencia y manteniendo a raya a los atacantes que quedan a su espalda.

Igualmente destacable es la gran batalla que tiene lugar en los tejados con una marea de llamas como fondo. Esto nos recuerda el asalto de Ikedaya por parte del Shinsengumi, cuando los imperialistas pretendían incendiar Kioto también como maniobra de distracción. La diferencia es que en Sword of Villany lo consiguen, motivo por el cual no tiene sentido el otro título internacional. En cualquier caso, lo curioso es que una vez se produce ya no parece tener relevancia alguna para la trama.

Nada más que añadir al comentario de este estupendo chambara, que se sitúa para mí a la cabeza de la saga. La incertidumbre del Incidente Oishi y la complejidad del personaje de Aizen disparan el interés por la historia.

Lady Sazen and the Drenched Shallow Sword (1969)

Lady Sazen and the Drenched Shallow Sword

La mujer barbuda
Dirigida por Kimiyoshi Yasuda

De Michiyo Okusu pensaba no haber visto ninguna película con anterioridad, pero lo cierto es que revisando su filmografía encontramos papeles relativamente importantes tanto en Zatoichi’s Pilgrimage como en Babycart in the Land of Demons. En Lady Sazen and the Drenched Shallow Sword el director Kimiyoshi Yasuda le da la oportunidad de demostrar lo bien que se desenvuelve disfrutando de una presencia casi permanente en escena y empuñando una katana con la mano izquierda.

En varios lugares de Internet mencionan que es la segunda parte de una obra de 1968 titulada Onna Sazen. El distribuidor de este DVD bootleg no dice nada al respecto, y durante el desarrollo hay varios detalles que contradicen esa posibilidad. Valga la pena mencionar que aquel del que supuestamente se venga en la primera entrega sigue aquí vivito y coleando. Jmdb y eiren.org apoyan esta teoría.

Sinopsis: cuando una mujer está a punto de ser atrapada por los hombres que la persiguen, interviene Okin, una muchacha tuerta y manca que compensa su minusvalía con un talento asombroso para el combate. Desde ese momento se sitúa en el punto de mira del magistrado de templos y santuarios, que colabora con el sumo sacerdote suministrándole mujeres a cambio de favores políticos. Por si fuera poco, a la protagonista se le abre un nuevo frente cuando encomiendan al leal Eizaburo la misión de arrebatarle su espada.

Simplificando lo que vamos a encontrarnos en esta cinta podríamos decir que se trata de la versión femenina de Tange Sazen. La principal diferencia entre ambos personajes es que el fajín del kimono de Okin no le permite situar el daishō a la cintura, y por ello sólo puede llevar la mayor de las espadas colgada a la espalda. Eso seguramente le ha ahorrado buena parte de los problemas de su equivalente masculino, al que recordamos cargando una valiosa valija de la misma manera. En cualquier caso, cuando la protagonista viste ropa de hombre desenvaina de forma natural desde el lado derecho, no desde el izquierdo como hacía Tange en un movimiento impresionante y característico. Las limitaciones del original se ven incrementadas al tratarse ahora de una mujer. Ante la frase “ha sido una mujer tuerta y manca” no puedo evitar pensar que para todos los que la rodean no es más que un monstruo de feria que viola las leyes de la naturaleza y la sociedad.

Lady Sazen and the Drenched Shallow Sword

Las escenas de acción son de lo más destacado que vamos a encontrar en Lady Sazen and the Drenched Shallow Sword. Michiyo está soberbia en unas coreografías tremendamente difíciles que le obligan a utilizar la mano mala con mucho trabajo de muñeca. El estilo de combate que le han enseñado se asemeja al de Zatoichi, basado en la velocidad, los giros circulares, y la estocada inversa. Sin embargo, debo decir que el espadachín empleaba una espada relativamente corta y con la hoja casi recta, mucho más apropiada para los movimientos de la técnica. Okin en cambio tiene que lidiar con una katana más larga, una tsuka (mango) de más de 20cm, y un sori (curvatura de la hoja) estándar que dificulta los cambios de dirección. Dicho esto, en el último enfrentamiento de la protagonista, rodado con plano vertical, Michiyo se muestra mucho más hábil que en el resto del metraje. La lejanía de la cámara y el hecho de que mire hacia abajo más de la cuenta ha provocado que me pasara por la mente la sombra de un doble. No en vano su kimono blanco aparece impecable, cuando en todos los primeros planos está lleno de sangre. Por supuesto podría ser simplemente un error de continuidad y la mía una acusación injusta, pero sea como sea, Kojiro Hongo llega a eclipsarla.

Datar esta película históricamente supone arrojar hipótesis y conclusiones gratuitas que aún así me parecen adecuadas para enriquecer el comentario. La pista nos la da Kawachi-no-Kami como magistrado de templos y santuarios. Ese título era hereditario de la familia Inoue durante el periodo Edo, y por lo tanto lo llevaron varios hombres a lo largo de más de 200 años. El cargo tampoco ayuda demasiado a reducir la búsqueda, puesto que se trata de una de las primeras posiciones oficiales a la que acceden aquellos destinados a desarrollar carrera política. Por suerte, el único que murió en el puesto fue Masasada Inoue, que además lo hizo prematuramente a los 32 años en 1786. Él podría haber sido uno de los elegidos por Yasuda para la lista de malvados, aunque también es posible, e incluso probable, que todo sea ficticio y nos encontremos a mediados del siglo XIX. Después de todo, una de las muchas concubinas de Ienari se llamaba Osode, a pesar de que su padre no era sumo sacerdote.

La valoración final de la cinta es bastante positiva. Sería injusto exigirle más de lo que pretende, que es simplemente el entretenimiento del espectador ante un personaje curioso. Michiyo Okusu está lejos de tener la magia y el carisma de Ryutaro Otomo, pero la comparativa no actúa en detrimento de la diversión.

Sleepy Eyes of Death 07: The Mask of the Princess (1966)

The Mask of the Princess

El feo rostro de la venganza
Dirigida por Akira Inoue

The Mask of the Princess incorpora a Akira Inoue a la lista de directores de la saga, rescatando una trama que tiene su origen en Sword of Seduction. Al igual que en su paso por Zatoichi (Zatoichi’s Revenge), aquí tampoco aporta nada original o destacable a la aventura, razón por la que no me entusiasma demasiado su trabajo.

Pensaba añadir una sinopsis en regla, pero tras darle muchas vueltas he visto que difícilmente se pueden escribir tres líneas para presentar la historia. Perdemos el encanto de lo que supone enfrentarse a lo desconocido, y asistimos en cambio al regreso de la vengativa Princesa Kiku. En esta ocasión se verá ayudada por un grupo de ninjas especialistas en emboscadas, que pondrán a prueba la capacidad de alerta de Nemuri.

Lo mejor de la película es la fotografía, que arroja espectaculares fotogramas de duelo y de siluetas oscuras contra cielos imposibles, con toda probabilidad pintados sobre murales. También es original la forma de filmar con una cámara que no deja de temblar mientras deambula entre los personajes. Incluso en los planos fijos se aprecia ese traqueteo imparable que dinamiza la escena.

The Mask of the Princess

En el terreno de la acción tenemos a dos personajes que verdaderamente suponen un desafío para el protagonista, cada uno con su particular manera de anular el temible Corte de Luna Llena. De los dos, destaca el imitador. El resultado de su enfrentamiento, y las palabras que se dice Nemuri a sí mismo antes del ataque, reflejan que en kenjutsu hay algo más aparte del conocimiento superficial de una técnica. Hablo por supuesto del menkyo kaiden (los secretos del arte), transmitido de maestro a discípulo para certificar el dominio total.

Aunque en algunas de las entregas anteriores es difícil de apreciar debido a los destellos y a la resolución de imagen, creo que hasta ahora el hamon (linea de templado) de la katana Masamune de Nemuri había sido de estilo Suguha (patrón recto). Aquí vamos a ver en algunos primeros planos que la linea es ligeramente irregular, lo que se conoce como Ko-midare. A pesar del significativo cambio, las espadas que se conservan de Masamune suelen combinar los estilos Notare (olas suaves) y Gunome (patrón redondeado).

Curiosidades aparte, concluyo el comentario admitiendo que la cinta es entretenida a lo largo de sus 86 minutos, pero reflexionando sobre la trama se hace evidente lo pobre que es el guión. Desde luego no está entre las mejores de la saga.