Mission to Hell (1959)

Mission to Hell

El arma bajo la tierra
Dirigida por Tai Kato

La película de hoy es de esas que cuando aparecen hacen saltar las alarmas de los grandes aficionados al jidai-geki. Entre sus muchos títulos internacionales destacan Genghis Khan and His Mongols y The Great King of Mongolia, llevándonos erróneamente a pensar que tenenemos en nuestras manos una de esas escasas joyas ambientadas en el periodo Kamakura. Por desgracia, no es más que una triste forma de acercar esta obra al público internacional, ya que, como veremos después en detalle, Tai Kato nos transporta al mismísimo inicio del periodo Heian.

Sinopsis: el señor de la guerra Akudo-o ha reunido a un ejército de más de 150.000 hombres procedentes del norte de Japón y de todas partes del continente asiático. Su rebelión en Mutsu se ha extendido hacia el sur y su próximo objetivo es la recientemente trasladada capital del país. En su camino solo se interpone el castillo de Hizawa, cuya guarnición espera impaciente la llegada de refuerzos. El Emperador envía a Takemaru Oda como emisario, confiando en que su original estrategia de defensa les de la victoria en la contienda. El viaje hasta el castillo se verá obstaculizado por Akawashi Dewa, la mano derecha de Akudo-o.

Ahora que sabemos que la capital acababa de instalarse en Heian-kyô, y que la rebelión procede de Mutsu, podemos concluir que el conflicto se engloba dentro de la larga guerra entre los Emishi y el gobierno imperial japonés. Nos encontramos por lo tanto entre los años 794 y 802, con una historia que presumiblemente combina sucesos reales con otros muchos ficticios. Los Emishi siempre lucharon en inferioridad numérica y nunca más allá de defender sus tierras o realizar incursiones en los pueblos fronterizos. La participación de continentales asiáticos seguramente esté inspirada en las invasiones mongolas del siglo XIII, y en cierta forma autoriza los títulos internacionales que se le han dado a esta película.

Mission to Hell

Del aspecto físico de los Emishi (también llamados Ebisu o Ezo) se sabe poco más que la descripción del emperador chino Kao-tsung, que quedó sorprendido por sus caras y cuerpos cuando los conoció a través de una embajada japonesa en el año 659. Los llamaron “gente peluda”, motivo por el que suelen representarse como barbudos de aspecto prehistórico (recordemos a Kumasunehiko en Kuroneko). El director caracteriza a su ejército de salvajes tomando elementos de la cultura Ainu (supuestos descendientes de los Emishi), mongola, e incluso diría que árabe.

Entrando en valoraciones, creo que Tai Kato consigue salvar los muebles después de una terrible introducción que parece sacada de una película de bajo presupuesto sobre Genghis Khan. La primera hora lidia con las dificultades de nuestro héroe Takemaro (Hashizo Okawa) para superar la persecución de Akawashi (Jun Tazaki), dejando la batalla de Hizawa para el desenlace. El duelo final, con esas tempranas versiones de tachi con hoja recta, me ha recordado a la mítica lucha de Alain Delon con Stanley Baker en El Zorro; un interminable choque de espadas recorriendo todo el escenario para acabar en la torre ante la expectante mirada de todos.

Mission to Hell

No quería concluir el comentario sin hacer mención al magnífico ejemplar de armadura que viste el protagonista para la batalla final. Se trata de una versión tardía de la clásica tankô de infantería, que incorpora un faldón (kusazuri) similar al de la keikô de caballería. Las pieles de leopardo que lleva adheridas al casco (kabuto) son un añadido que combinado a las tradicionales plumas de faisán le da un toque exótico al vestuario.

Mission to Hell, como he preferido llamar a esta obra de Tai Kato, no pasa de ser una entretenida película de aventuras que seguramente ni decepcione ni entusiasme a nadie. Creo que resultará especialmente interesante para los que buscan tomarse un descanso del periodo Edo.

Evil Man of Edo (1958)

Evil Man of Edo

Un hombre excepcional
Dirigida por Masahiro Makino

De la mano de Masahiro Makino nos llega esta preciosa historia del periodo Edo protagonizada por Ryutaro Otomo y Keiko Okawa. Muy en la línea de Bull’s Eye of Love, que data del año anterior y que reseñé hace unos días, se trata de una obra descafeinada que sin grandes pretensiones busca nada más que el entretenimiento y disfrute del espectador.

Sinopsis: Namino (Keiko Okawa) huye de su poderoso clan para evitar que la obliguen a casarse. A su llegada a Edo el posadero recomendado por su bisabuelo no la reconoce, por lo que se refugia en un humilde vecindario haciéndose pasar por hombre. En otra parte, un tal Akiyama se está haciendo rico gracias a las predicciones del falso adivino Doman, y su ambición le lleva a querer construirle un templo justo donde se asientan las viviendas de la nueva familia de Namino.

Protagonista indiscutible y actuación estelar de Ryutaro Otomo, en un papel que le viene como anillo al dedo y que le sitúa como antítesis del malvado hombre de Edo (traducción española del título Evil Man of Edo). Protector de los desamparados, profesor de escuela, vecino ejemplar y maestro con la espada; todo el mundo acude a él en busca de ayuda al grito de “¡Sensei! ¡Sensei!”. La bondad del personaje nos recuerda las apariciones del actor interpretando a Tange Sazen, quizás el ronin con mejor corazón del chambara.

Evil Man of Edo

Keiko Okawa por su parte se ve a sí misma realizando uno de esos recurrentes cambios de sexo en los que debe hacerse pasar por hombre (Senkichi) con un mínimo esfuerzo de caracterización. Las diferencias con Hibari Misora, que se mueve como pez en el agua en este terreno, son abrumadoras, ya que nuestra joven protagonista ni siquiera se molesta en cambiar el tono de voz. Lejos de reprochárselo, este hecho nos brinda algunas de las escenas más cómicas del metraje, ya que a Sanshiro (Ryutaro Otomo) le disgusta el amaneramiento del supuesto muchacho.

Puntuales a su cita con este estilo de película encontramos coreografías inofensivas y teatrales en las que la sangre y el realismo brillan por su ausencia. Emulando a Kenshin Himura, Sanshiro utiliza la espada golpeando a sus rivales con la parte que no corta, aunque, a diferencia del personaje del manga, el filo de su katana no está invertido y debe empuñarla con la hoja al revés. Este detalle provoca unos movimientos extraños en los que cada estocada se enfrenta a la resistencia y la inercia del desplazamiento de una hoja curva.

El punto final del comentario es para remarcar lo divertido y entrañable que es este título de Masahiro Makino, construido sobre los hombros de un fantástico elenco de personajes que compensan el vacío de sus carteras con un admirable espíritu de comunidad. Evil Man of Edo es una de esas películas capaces de mantenernos 90 minutos con una sonrisa en la cara, a la espera de un final en el que cualquier cosa es posible.

Bull’s Eye of Love (1958)

Bull's Eye of Love

Blanco al corazón
Dirigida por Masahiro Makino

Sinopsis: tras el fallecimiento de Lord Minaguchi, el chambelán Hyobu pone en marcha su plan para hacerse con el control del clan. Su intención es casar a su hija con Sannojo, el hijo menor del difunto, y utilizarle como marioneta para hacer su voluntad en el feudo. La única oposición la encuentra en un anciano y fiel vasallo que viaja a Edo en busca del primogénito de Lord Minaguchi, que había renunciado a la vida de samurái hacía tres años.

Nos encontramos ante una película de amor sobre un hombre y una mujer que se quieren y son demasiado orgullosos para reconocerlo. Ella (Kocho) es la dueña de un establecimiento de tiro con arco, y él (Genjiro) un humilde obrero cuya deuda económica con su amada no hace más que aumentar. Puesto que 90 minutos serían demasiado largos para hacer que finalmente se entreguen el uno al otro, Masahiro Makino utiliza las maquinaciones del malvado chambelán para separar a los amantes tanto físicamente como en la escala social.

Cuando comencé a ver Bull’s Eye of Love no recordaba que Hibari Misora estaba en el reparto. A los pocos minutos de presentar la trama encontramos la primera canción a coro que introduce al personaje de Genjiro (interpretado por Kinnosuke Nakamura) seguida de un solo de Kocho (interpretada por la reina del Enka). Ha sido una verdadera lástima que no tengamos subtítulos para ninguna de las intervenciones musicales, ya que son parte de la narración de la historia y los actores reaccionan a lo que escuchan en ellas. En especial las de Hibari quedan algo huérfanas por no poder más que imaginar lo que dice.

Bull's Eye of Love

Curiosidad que quería mencionar en el comentario es el uso que se hace en un par de ocasiones del dedo meñique cuando los personajes hablan de la chica que les gusta. La explicación es que en el lenguaje corporal japonés se levanta este dedo para referirse a una mujer, novia, amante o esposa. Prestad atención al gesto en adelante, porque aunque es la primera vez que lo observo de forma tan evidente, no es raro encontrarlo en este cine.

Por desgracia nada puedo hacer para tratar de situar la trama en un momento histórico concreto. No he encontrado nada sobre el clan Minaguchi, y el feudo no aparece en ninguno de los listados de han a los que tengo acceso. Su emblema de la flor de peral tampoco me dice nada. El último recurso ha sido fijarme en la moneda de 1 ryo (koban) que entrega Genjiro al vidente. Su tamaño descartaría al siglo XVII, porque parece más pequeña, y al periodo Bakumatsu, porque es mucho más grande. Eso nos deja el intervalo posible de 1710-1859, siempre que el director haya cuidado ese detalle.

Entrando ya en valoraciones, la película me ha gustado de principio a fin por su sencillez, su ritmo, y sus personajes. Casi todas las escenas son divertidas y descafeinadas, y ni siquiera el malvado de la obra es capaz de despertar en el espectador el habitual sentimiento de odio y rechazo. La única escena de acción llega al final, pero para entonces habremos disfrutado lo suficiente como para dejarla pasar con una sonrisa.

Flower (2006)

Flower

¿Venganza?
Dirigida por Hirokazu Koreeda

Sinopsis: Sozaemon es un samurái en misión de venganza que se ha instalado en una zona pobre de Edo. El asesinato de su padre le brinda la oportunidad de obtener el reconocimiento del clan Matsumoto si consigue encontrar y matar al culpable. Sin embargo, su escasa habilidad para el combate y su desinterés por realizar la tarea acaban provocándole un debate interno que no es capaz de resolver. La relación con sus nuevos vecinos le ayuda a ver la vida con otros ojos.

Allá por 2006 nos llegó la primera, y hasta la fecha única, incursión de Koreeda en el jidai-geki. La carátula del DVD presumía de varias selecciones en diversos festivales de cine, concretamente Toronto, San Sebastián, Pusan, Vancouver, Hong Kong, Atenas y Londres. Pese a que la película no recibió ninguno de los galardones, las críticas fueron por lo general positivas, y Jun’ichi Okada ganó el premio Nikkan Sports al mejor actor debutante por su interpretación como Soza.

Flower es un drama contado a través de la comedia, con un sentido del humor del siglo XXI llevado al periodo Edo para hacernos disfrutar con los más humildes. Personajes entrañables como Mago, Jiro, Onobu, o Shigehachi, consiguen con su sencillez que entendamos el pensamiento del protagonista y su apego a la vida. La música renacentista, que tanto ha llamado la atención de los espectadores, me ha parecido un vehículo perfecto para revivir la alegría de una época pasada, aunque me ha dejado fuera de juego escucharla en una película oriental.

Flower

En Japón tradicionalmente se identifica la vida del guerrero con la de la flor de cerezo, puesto que su florecimiento es hermoso y efímero. Koreeda contradice a la cultura popular, y con la voz de sus personajes nos dice que las flores regresan cada año en primavera, mientras que el hombre que cae no vuelve a levantarse jamás. No en vano, el título original es Hana Yori mo Naho, que significa “incluso más que las flores”, haciendo referencia a que nuestro paso por el mundo es aún más breve. Esta idea se instala poco a poco en la mente de Soza y le hace darse cuenta de que debe aprovechar al máximo su existencia.

La obra se ambienta en 1702, en una era en que después de varias generaciones se comenzaba a olvidar lo que era vivir por la espada y morir en el campo de batalla. Un tiempo en que el samurái era más una élite social que una clase guerrera, y las armaduras un símbolo de respeto por antepasados ilustres. A pesar de todo, en secreto, 47 hombres se preparaban para recordar a todo el país el significado del bushido (los 47 ronin, por si algún novato me lee). Algunos de ellos aparecen en la película de Koreeda, pero lo glorioso de su tarea se desvirtúa hasta el punto de dejarlos como unos simples asesinos que van a realizar un acto cobarde. Nos encontramos por lo tanto ante dos historias de venganza cuyos protagonistas toman caminos opuestos, con un claro vencedor a ojos del director.

Aprovecho para mencionar a Engelbert Kaempfer, al que se nombra una vez durante la segunda mitad del metraje. Lo que se cuenta de él no pasa de ser una anécdota, pero este físico alemán es una de las pocas fuentes extranjeras contemporáneas a las que hoy día podemos leer. De sus obras sólo he tenido acceso a Kaempfer’s Japan: Tokugawa Culture Observed, que de hecho fue donde encontré casi toda la información que tengo sobre Tsunayoshi Tokugawa. Si recordamos el excéntrico amor por los animales que caracterizaba a este Shogun, entenderemos la reacción del casero cuando descubre que sus inquilinos están comiendo perro.

En conclusión, considero que Koreeda y Flower refrescan un género monopolizado por la violencia y los ideales del guerrero. Recomiendo el visionado, pero no iré tan lejos como para colocarla entre los imprescindibles del jidai-geki.

Lady Kasuga (1990)

Lady Kasuga

La herencia de un bastardo
Dirigida por Sadao Nakajima

Sinopsis: Ofuku es madre de cuatro hijos y esposa de un samurái caído en desgracia. Descontenta con su vida, decide visitar al Shogun retirado Ieyasu para pedirle que ascienda a su marido, recordándole su participación en Sekigahara. Ieyasu se lo promete a cambio de que le entregue su cuerpo, a lo que ella accede. Habiéndose quedado embarazada tras el encuentro, su marido la abandona y Ofuku encuentra empleo como nodriza del primogénito del Shogun Hidetada. En un golpe del destino, el heredero nace muerto y proponen en secreto a Ofuku que entregue a su bebé para ocupar el lugar del fallecido. La situación permanece estable hasta que el Shogun vuelve a tener un hijo varón.

El director Sadao Nakajima rescata a uno de los personajes femeninos que tuvo más relevancia durante la cimentación del recién formado gobierno Tokugawa. Tradicionalmente se caracteriza a Lady Kasuga por la imagen que da de ella la obra kabuki Lady Kasuga, an Exemplary Woman. Fuertemente influenciada por el ideal confuciano de la mujer, elimina de su personalidad la ambición para convertirla en una esposa modelo, que no duda en renunciar a su título si ello le permite volver con el esposo que la abandonó. En su película, Nakajima parece dejarla a medio camino entre el personaje kabuki y el histórico, puesto que ni siente demasiada estima por su marido después del enfrentamiento, ni tiene la ambición y el valor que se le atribuyen a la auténtica Ofuku. La energía que le falta la absorbe su leal sirvienta, que realiza en su lugar el famoso viaje a Sunpu para conseguir la implicación de Ieyasu en la sucesión.

Después de acabar el visionado sorprende que me haya costado encontrar información sobre la auténtica Lady Kasuga (Tsubone-no-Kasuga). Por lo que he podido leer en A History of Japan, de James Murdoch, y en un interesantísimo artículo del Centro de Estudios Japoneses titulado Lady Kasuga: The Rise of a Shogun’s Nurse, jamás hubo la más ligera sospecha o duda de que pudiera ser la madre biológica de Iemitsu, y mucho menos de que hubiera tenido una relación sexual con Ieyasu Tokugawa. Su intervención real en los acontecimientos se explica por el deseo personal de escalar en la jerarquía social, y por el cariño que tenía al primogénito de Hidetada, al que después de todo había criado y amamantado ella misma.

Lady Kasuga

Me ha parecido brillante la forma en que Nakajima hila la trama en torno a la preocupación de las principales sirvientas porque la esposa de Hidetada, Oeyo, había dado a luz a cuatro hijas en seis años. No en vano, realmente Ieyasu no se retiró hasta que el nacimiento de Iemitsu aseguró la continuidad del linaje. Hidetada quedaba al margen de la “maldición”, puesto que él ya había tenido y perdido a un hijo varón con su esposa anterior.

Entrando a valorar las interpretaciones de los actores, me gustaría poder decir algo bueno de Yukiyo Toake, pero siendo justos es el guión el que le niega la posibilidad de lucirse en pantalla. Su papel protagonista resulta ser demasiado pasivo; una mera testigo de los acontecimientos con la única misión de proteger la mentira que permitirá a su hijo heredar el control de Japón. Nada vemos de su osadía, su coraje, y su lucha porque sus hijos biológicos (en la película sus otros hijos) alcanzaran cargos importantes dentro del gobierno.
El otro actor destacado es Tomisaburo Wakayama, que a sus sesenta años representa a un divertido y cómico Ieyasu Tokugawa al que vuelven loco las mujeres. A pesar de la imagen desvirtuada que ofrece del legendario Shogun, no negaré que me ha gustado bastante su interpretación.

Como valoración final, Lady Kasuga me ha parecido una obra interesante que sin embargo no consigue explotar el potencial de la verdadera Ofuku. Con todo, recomiendo su visionado a los incondicionales del género.

A Lustful Man (1961)

A Lustful Man

Felicidad para todas
Dirigida por Yasuzo Masumura

El director Masumura rescata a un personaje literario de 1682, Yonosuke, que nació de la imaginación del escritor Ihara Saikaku en su obra The Life of an Amorous Man. Más allá de una mera adaptación cinematográfica, A Lustful Man es la historia de un hombre que encuentra la felicidad oponiéndose al materialismo propio de la época.

Sinopsis: Yonosuke es el único hijo de un adinerado comerciante, que en lugar de aprender a llevar el negocio prefiere dilapidar su fortuna en mujeres. Incapaz de soportar este comportamiento, su padre le envía a Edo a ganarse la vida como aprendiz. Nada más llegar a la capital se las apaña para volver a las andadas, por lo que finalmente pierde el apoyo familiar y se ve obligado a viajar en busca de una fuente de ingresos.

Conocí al personaje principal cuando lei Male Colors: The Construction of Homosexuality in Tokugawa Japan. El autor, Gary Leupp, mencionaba a Yonosuke varias veces como ejemplo de bisexualidad en la sociedad del periodo Edo. La obra de Saikaku es contemporánea a la época en la que se ambienta, y por ello se considera un reflejo de las preferencias sexuales del momento. Sin embargo, antes de introducir el DVD en el lector ya tenía claro que los 725 hombres con los que supuestamente se acostaba Yonosuke iban a caer en el olvido. Masumura hace un pequeño guiño a la novela original en la escena en la que el protagonista va a parar a un burdel masculino, aunque apenas tarda un par de minutos en rechazar a sus pretendientes y huir despavorido.

A Lustful Man

Raizo Ichikawa no podía haber interpretado un papel más diferente durante su descanso de Satan’s Sword. Acostumbrados a verle como la frialdad personificada, resulta placentero comprobar que se desenvuelve estupendamente encarnando a un personaje tan alegre y emocional. Yonosuke podría considerarse la antítesis del diabólico Ryunosuke. Su objetivo en la vida es hacer felices a las mujeres (normalmente mediante favores sexuales), gasta el dinero tan pronto llega a sus manos, y es un completo incompetente en lo que a habilidades marciales se refiere. Su arma es la labia, y resulta tan efectiva como una espada cuando se mete en problemas.

A Lustful Man es una película tremendamente rápida y dinámica. Durante 90 minutos recorremos un metraje sin introducción ni desenlace, en el que el protagonista se encuentra permanentemente metido en un nudo del que ni puede ni quiere salir. Yonosuke parece demostrarnos que la vida se disfruta más viviendo cada día como si fuera el último. Nos enseña que el dinero mejor aprovechado es aquel que ya no tenemos en el bolsillo, y que la mujer es una diosa que puede ofrecernos tanto como estemos dispuestos a darle. Es deseo del director que le veamos como una oposición a las personalidades que le rodean, ya que en la obra de Saikaku su padre también busca el placer en el vino y las mujeres, y su madre es una cortesana retirada.

Creo que arriesgo muy poco recomendando esta cinta a todos los amantes del género. De vez en cuando da gusto guardar la katana para disfrutar de la sociedad Tokugawa de forma menos sangrienta y más realista.

The Wife of Seishu Hanaoka (1967)

The Wife of Seishu Hanaoka

Cobayas
Dirigida por Yasuzo Masumura

Yasuzo Masumura no es precisamente uno de los directores más prolíficos en cuanto a producción de jidaigeki, pero algunos le conocerán por Double Suicide of Sonezaki, The Snare, o A Lustful Man. En The Wife of Seishu Hanaoka se apoya en un guión de Kaneto Shindo para llevar a la pantalla The Doctor’s Wife, una novela histórica de Sawako Ariyoshi. Los papeles principales son para Raizo Ichikawa, Ayako Wakao y Hideko Takamine.

Sinopsis: Unpei es un joven doctor cuya ambición es equipararse a Hua Tuo, el célebre cirujano chino del siglo II. En su empeño por curar cualquier enfermedad que afecte al ser humano comienza a estudiar una fórmula que le permita dormir a los pacientes para poder practicarles operaciones de riesgo. Su mujer y su madre se ofrecerán como cobayas para perfeccionar la primera anestesia general de la historia.

The Wife of Seishu Hanaoka

En un impecable blanco y negro, Masumura nos guía por la vida del doctor Seishu Hanaoka, interpretado a la perfección por un Raizo Ichikawa al que inicialmente cuesta reconocer. En su caracterización se ha incluido un lunar en el cuello, que efectivamente está presente en todas las ilustraciones de su alter ego en la película. La fascinación y la devoción de su esposa Kae y su madre Otsugi son los pilares sobre los que edifica sus avances en medicina.

Llaman la atención las escenas en las que se ven involucrados los animales, difícilmente admisibles en la sociedad del siglo XXI, pero poco sorprendentes para los que estamos acostumbrados al cine clásico japonés. Es preferible no saber hasta que punto está adiestrado o drogado el gato que muestra los efectos secundarios de la anestesia, pero visto el trato que se da a los caballos del cine Sengoku me extrañaría equivocarme en mis suposiciones. No hay que ser tan inocente como para pensar que en un laboratorio moderno el panorama es muy diferente, pero dada la sensibilidad de hoy día parece una monstruosidad verlo en pantalla.

Como ya he dicho anteriormente, mi experiencia con el cine de Kaneto Shindo es limitada, pero hasta ahora nuestros tres encuentros cinematográficos (esta vez como guionista) han estado protagonizados por una suegra y una nuera. En The Wife of Seishu Hanaoka la competencia entre Kae y Otsugi por el afecto de Unpei es tan encarnizada que ninguna de las dos duda a la hora de ofrecer su vida para ser la responsable del éxito. Esposa y suegra bajo un mismo techo es una relación fascinante que a menudo explota el jidaigeki. En esta película de Masumura asistiremos a una de sus máximas expresiones.

The Wife of Seishu Hanaoka

Del personaje histórico se dice que fue el autor de la primera operación documentada con anestesia general de la historia. Su trabajo tuvo lugar en una época y un lugar en que la medicina era algo brutal, como vemos en las primeras escenas de la obra, que a mí personalmente me han obligado a cambiar de postura en la silla un par de veces. ¿Recordáis a Ichibei Shikoro en la mesa de operaciones de Eight Men to Kill? Por desgracia las intervenciones quirúrgicas de aquellos tiempos no habían avanzado mucho desde el Sengoku. Siempre que me encuentro ante algo así recuerdo un pasaje del Zohyo Monogatari en el que se describe cómo sacar una flecha de un ojo a un soldado, siendo el único instrumental médico necesario unas tenazas y tela para atarle la cabeza a un árbol.

Suponía por la crítica que iba a encontrar una película excelente, así que me basta con decir que mis expectativas han quedado más que satisfechas para dejaros mi sincera recomendación.