Portrait of Hell (1969)

Portrait of Hell

El arte por el arte
Dirigida por Shiro Toyoda

La primera dificultad que he encontrado en Portrait of Hell (aka Jigokuhen) ha sido localizar un poster original, o al menos diferente de las pobres carátulas de DVD modernas que rezan “del autor de Rashomon“. Pensando mal diría que la intención es relacionar a Akira Kurosawa con este título, pero legalmente es cierto que ambas obras se inspiran en novelas del mismo autor; Ryunosuke Akutagawa. Un poco de paciencia y unos minutos de Photoshop me han dado el gustazo de encabezar la reseña con un cartel diferente.

Sinopsis: Yoshihige es un artista coreano que goza del favor del emperador Horikawa. Con frecuencia se le requiere en la corte para realizar algún encargo, pero su incapacidad para mostrar la belleza de un mundo que para él no existe exaspera a su patrón. La tensión aumenta cuando Su Excelencia convierte en concubina a la hija de Yoshihige, desembocando en un acuerdo condenado al desastre. El pintor recuperará a su adorada Yoshika si consigue retratar el infierno en un mural.

La relación entre Yoshihige (Tatsuya Nakadai) y Horikawa (Kinnosuke Nakamura) es extraordinariamente interesante, aunque no tan singular como pueda parecer. En la historia se han dado más casos similares en los que un hombre poderoso perdona constantemente los desaires de algún vasallo cercano, en parte por admiración, y en parte aún mayor por el placer de saber que con un simple gesto podría ordenar la muerte de su siervo. A sus diferencias en la percepción del mundo se suman las de nacionalidad, ya que Yoshihige es coreano y se siente culturalmente superior.

Portrait of Hell

Las referencias a la muerte del emperador Horikawa suelen proceder de Annales des Empereurs du Japon, donde tan solo se menciona que tenía 29 años. Es evidente que no fue muerte natural, pero este libro tan extenso no profundiza en detalles, aunque sea en algo tan importante como el fallecimiento prematuro de un emperador. Por suerte, Japan Before Perry: A Short History dedica una página a los últimos momentos de Horikawa, resumiendo un extracto de The Emperor Horikawa Diary. Según parece Su Excelencia estaba gravemente enfermo, hasta el punto de que se requirió la presencia de un exorcista en la Corte. La lectura del nenbutsu (apelación a la gracia de Buddha) le devolvió las fuerzas durante un tiempo, pero finalmente sucumbió. Con su último aliento repitió varias veces las palabras “que el santuario de Ise me ayude”.
A mí personalmente no me queda la menor duda de que el director vio en el mencionado pasaje histórico del año 1107 un contexto propicio para la película que pretendía hacer. El auténtico Horikawa enfermo entre alucinaciones, quizás poseído a ojos de sus vasallos, no parece muy diferente del ficticio durante los últimos minutos de Portrait of Hell. Convenientemente no aparece su kampaku, Fujiwara no Tadazane, ya que habría desviado hacia su persona la responsabilidad de las penurias sociales.

Shiro Toyoda ha hecho un trabajo magnífico y de una fuerza incomparable. Ver a Tatsuya Nakadai convertirse en el diablo para pintar el infierno es el máximo exponente de la expresión “el arte por el arte”. Durante el visionado acudía a mi mente la imagen de Nerón cantando el incendio de Roma con el arpa (versión Quo Vadis), probablemente también apoyada por esas épicas notas musicales que parecen sacadas de la banda sonora de Ben-Hur. Sirva este último dato para reforzar la recomendación que hago a todos los aficionados a animarse a disfrutar de esta genial obra del kaidan.

Kuroneko (1968)

Kuroneko

Un pacto con el diablo
Dirigida por Kaneto Shindo

Cuatro años después de dirigir la que para algunos es su mejor película, Kaneto Shindo volvió al kaidan con Kuroneko, también conocida por su traducción literal Black Cat, o como Black Cat in a Bamboo Grove. Fue nominada para el Festival de Cannes en 1968, aunque luego sería cancelado por los levantamientos de Mayo en Francia. Vuelven a formar parte del reparto Nobuko Otowa como Yone, y Kei Sato como Raiko, sumando a Kiwako Taichi como Shige, y a Kichiemon Nakamura como Gintoki.

Sinopsis: un grupo de saqueadores encuentra una aldea en la que tan solo parecen vivir dos mujeres. No contentos con violarlas repetidamente, prenden fuego a la casa antes de marcharse. Tres años después del suceso, en Kioto empiezan a aparecer samuráis con la garganta rajada, y se dice que es obra de espíritus. Un capricho del destino hace que la persona encargada para dar muerte a los fantasmas sea la última que estos esperaban.

A pesar de que el contexto histórico es tan inestable como el de Onibaba, hemos retrocedido casi seiscientos años, hasta mediados del Periodo Heian. Normalmente explicaríamos la presencia de hombres armados al comienzo de la película situando la trama en medio de algún conflicto bélico destacado. Sin embargo, en los tiempos de Raiko (Minamoto no Yorimitsu, 948-1021) los ataques de los bandidos eran el pan de cada día del Imperio, incluida la propia capital. Contrariamente a la idea que la mayoría tendrá sobre esa época, durante la regencia Fujiwara el crimen salía muy barato a los delincuentes.

Kuroneko

Al principio Yone y Shige parecen ser madre e hija, pero la relación familiar entre ambas es suegra y nuera. No es esta la única similitud que tiene Kuroneko con Onibaba. La más importante es quizás la percepción de las guerras como algo lejano y nefasto cuyos motivos los campesinos no alcanzan a entender. Esto queda patente cuando Yone no es capaz de explicar siquiera a quién servía su marido. Más adelante veremos que se encontraba luchando con los Emishi, el pueblo de “bárbaros” del noreste que tantos problemas causó a la corte Heian. La imagen que se tiene de ellos se refleja en el grotesco personaje de Kumasunehiko.

Hay varias referencias a la historia de Shuten-dôji, de cuya magia tanto disfrutamos algunos en The Demon of Mount Oe. El propio Raiko menciona lo que ya aventuraba aquella película en su introducción, que el monstruo no era en verdad nada más que un ladrón. También nombra a Gintoki “quinto general”, añadiéndolo a sus cuatro Reyes Celestiales: Sakata no Kintoki, Urabe no Mototake, Usui no Sadamitsu, y Watanabe no Sadamitsu. Por último, veremos que aquella escena de Shintaro Katsu protegiendo el brazo del monstruo la última noche es idéntica a la que muestra aquí Kaneto Shindo.

En Kuroneko he encontrado una poderosa historia que encierra horror y drama, con una dirección excelente y unas interpretaciones fabulosas. A nadie sorprendo recomendando su visionado, pero aviso que está un escalón por debajo de Onibaba. La comparación puede ser inevitable.

Kwaidan (1964)

Kwaidan

De la leyenda al cine
Dirigida por Masaki Kobayashi

También conocida como Kaidan, es probablemente la película más famosa del jidaigeki de fantasmas, y sin duda una de las mejores. La dirigió Masaki Kobayashi basándose en cuatro historias del escritor Lafcadio Hearn, alcanzando una duración total de 184 minutos en la edición uncut. Rentaro Mikuni, Tatsuya Nakadai, Takeshi Shimura, y Kanemon Nakamura, figuran entre otros nombres en este reparto de lujo que da vida a diferentes personajes del folclore japonés.

El primer episodio se titula Black Hair, y trata de un samurái (Rentaro Mikuni) que abandona a su esposa (Michiyo Aratama) para casarse con una noble y huir de la pobreza. Tras vivir un tiempo con su nueva mujer, comienza a echar de menos a la que dejó atrás. Consumido por el remordimiento, decide volver a su vieja casa para encontrarse con algo que no esperaba.
Basada en The Reconciliation, es una muy acertada elección por parte de Kobayashi para abrir su película. Hasta los últimos cinco minutos el relato no tiene nada ni de fantástico, ni de terror. La lentitud aplastante de las escenas te arrastra poco a poco a la realidad de Kwaidan para golpearte sin piedad con su terrorífico final.

Kwaidan

El segundo episodio se titula The Woman of the Snow, y cuenta la historia de dos leñadores que se ven obligados a pasar la noche en una cabaña durante una terrible nevada. Mientras duermen, se les aparece una mujer de piel blanca (Keiko Kishi) que mata al anciano y perdona al joven (Tatsuya Nakadai) a cambio de que jamás cuente lo sucedido a nadie. El muchacho continúa con su vida y conoce a la hermosa Yuki, con la que se casa y acaba por romper su promesa.
Basada en Yuki-Onna, inspiró cuatro años más tarde a Tokuzo Tanaka para maravillarnos con Ghost Story of the Snow Witch, que amplía el relato hasta los 85 minutos cambiando pequeños detalles. El terror de Black Hair deja paso al drama de la mujer de nieve, un fantasma enamorado de un mortal, que construye una vida terrenal sobre la promesa de su amado. Los decorados surrealistas elevan la fantasía de Kwaidan al siguiente nivel.

El tercer relato se titula Hoichi the Earless, y cubre la leyenda popular del juglar ciego Hoichi (Katsuo Nakamura), al que un fantasma (Tetsuro Tamba) acude a recoger noche tras noche para que interprete el Heike Monogatari ante la corte del clan Taira. Cuando el sacerdote del templo (Takashi Shimura) se percata de sus salidas nocturnas, ordena que le escriban un texto sagrado por todo el cuerpo como protección.
Este segmento es el más largo de los cuatro, extendiéndose hasta los 60 minutos. Incluye una representación semi-teatral de la Batalla de Dan-no-Ura, en la que el clan Taira quedó destruido. Seguramente sea uno de los acontecimientos más decisivos de la historia de Japón, y pese a ello no la he visto llevada al cine ni antes ni después de Kobayashi. Lo mismo puedo decir de la historia de Hoichi, cuyo desenlace podría considerarse el clímax de Kwaidan.

Kwaidan

El cuarto relato se titula In a Cup of Tea, y muestra la desesperación de un samurai (Kanemon Nakamura) incapaz de beber porque ve una cara en su copa cada vez que se la lleva a los labios. Finalmente decide ignorar al hombre de la imagen, pero tendrá que enfrentarse a las consecuencias de tragarse un alma humana.
La última historia dura apenas 20 minutos y se desarrolla a toda velocidad. Cambia la mágica atmósfera del Periodo Heian por la formalidad del Periodo Edo, aunque la breve introducción tiene lugar durante la Era Meiji. El final abierto que anticipaba el narrador es fiel a la idea de “terror sin fin” de la que hizo gala Hitchcock un año antes en The Birds.

Si tenéis la ocasión de elegir entre la edición de Criterion y la de Eureka, recomiendo la segunda. Sirva de garantía que sumando este título a Silence y Onibaba, es la tercera vez que tomo la misma decisión sin lamentarlo. En Kwaidan encontraréis cuatro leyendas populares inconexas que pueden servir tanto para iniciarse al género como para descubrir su máxima expresión.

The Ceiling at Utsunomiya (1956)

The Ceiling at Utsunomiya

La trampa
Dirigida por Nobuo Nakagawa

Sinopsis: durante su viaje al templo de Nikko, el Shogun Iemitsu planea hacer una parada en el Castillo de Utsunomiya, hogar del clan Honda. Anticipando su llegada, el mercader Kagiya y el chambelán Kawamura preparan una trampa para eliminarles a él y a su séquito, garantizando la sucesión de Tadanaga, el hermano pequeño. Para dificultar las cosas a los conspiradores intervendrá el agente del gobierno Ryutaro, cuya lealtad le hará enfrentarse a multitud de peligros.

Lo primero que hice al terminar de ver la película fue documentarme sobre el incidente en internet, por si estuviera inspirado en algún hecho real. Aunque no encontré nada al respecto, todas las reseñas situaban la trama entre 1623 (ascenso al poder de Iemitsu) y 1633 (harakiri de su hermano Tadanaga). Recurriendo a la literatura me dispongo a ofrecer una versión alternativa que hará que las piezas encajen y dará sentido al momento y lugar elegidos por el director.
Por Nobiliaire du Japan, del misionero francés Jaques Edmond Joseph Papinot, sabemos que el clan Honda sólo tuvo control del feudo entre 1619 y 1622. Antes y después de esa fecha fue el clan Okudaira quien gobernó, tal y como se dice en el tercer volumen de A History of Japan, y como ratifica Stephen Turnbull en The Samurai Sourcebook. Por lo tanto, el año en que se ambienta la historia es 1622, y el joven Daimyo del complot es Masazumi Honda. Puede que lo que nos cuenta The Ceiling at Utsunomiya sea un motivo plausible para que Hidetada le desterrara ese mismo año. El que Iemitsu aún no hubiera sido investido oficialmente como Shogun por el Emperador es un hecho que ofrece margen de maniobra al guionista, ya que no implica que no llevara unos meses ejerciendo el cargo compartido. En Annales des Empereurs du Japon incluso se menciona un viaje de Hidetada a Nikko en 1622, lo que podría justificar que nuestro Iemitsu acudiera a su encuentro.

The Ceiling at Utsunomiya

Además del turbulento contexto político, en el que podéis profundizar con Shogun’s Samurai, la acción es el otro elemento fundamental de la trama. Dos de los protagonistas son hábiles espadachines que no dudan en desatar el infierno cada vez que desenvainan. Lástima que las coreografías sean tan débiles en ejecución. Demasiado teatrales para mi gusto, envejecen la película diez o veinte años, recordando al cine de The Pot worth a Million Ryo.

Incluimos esta cinta en el género kaidan por el espectro vengador que aparece llegando al desenlace. Breve, discreto, y efectivo, así fue el primer coqueteo de Nobuo Nakagawa con los fantasmas que caracterizan el jidaigeki que le conocemos hoy día. Al igual que sucede en Onibaba, estamos tan metidos en el realismo de la trama que cuando llega la parte sobrenatural nos impacta de forma especial. Es un contacto tan sutil que juega más en el terreno de lo psicológico que de lo fantástico, y por eso funciona tan bien.

Como conclusión, recomiendo el visionado de la película, pero no la considero un imprescindible del género, ni mucho menos del jidaigeki. Nakagawa ofrece una historia entretenida en un marco histórico interesante, con interpretaciones discretas y escenarios simplistas. No creo que sorprenda o decepcione a nadie.

Ugetsu (1953)

Ugetsu

Una guerra de oportunidades
Dirigida por Kenji Mizoguchi

Ugetsu Monogatari es una de las obras cumbre de Kenji Mizoguchi. Más conocida por el título internacional abreviado de Ugetsu, ganó el León de Plata a la mejor dirección en el Festival de Venecia de 1953. Se inspira en dos de los nueve cuentos de Tales of Moonlight and Rain, recopilados por Akinari Ueda y publicados en 1776.

Sinopsis: Genjuro (Masayuki Mori) y Tobei (Eitaro Ozawa) son dos campesinos que aprovechan el caos de la guerra para cumplir sus respectivos sueños. Uno quiere ser rico y el otro samurái. Su esperanza pasa por vender un cargamento de piezas de alfarería en la otra orilla del Lago Biwa. Les acompaña Ohama (Mitsuko Mito), la esposa de Tobei, y les esperan en casa Miyagi (Kinuyo Tanaka) y Genichi, mujer e hijo de Genjuro. Tan pronto llegan a su destino los dos hombres abrazan su oportunidad y se olvidan de sus seres queridos, acarreando terribles consecuencias.

El contexto histórico se sitúa a finales del siglo XVI. La presencia de Katsue Shibata en Omi me lleva a pensar que probablemente nos encontremos en 1583, antes o durante la Batalla de Shizugatake, en la que el famoso general apoyaba a Nobutaka Oda en la sucesión de su difunto hermano Nobunaga. Como pasaba en Onibaba, compartimos con los campesinos la ignorancia de no saber a lo que juegan los grandes señores de la guerra más que por las deducciones que hayamos sido capaces de hacer.

Ugetsu

Ugetsu es la historia de dos matrimonios deshechos por la ambición del hombre. El deseo de Tobei por alcanzar la gloria, y el de Genjuro por llevar una vida próspera, se identifican con dos figuras prominentes de la época; el ashigaru y el mercader. La primera estaba en pleno apogeo, con campesinos que sólo necesitaban de una armadura en el pecho, una lanza en la mano, y una cabeza distinguida bajo el brazo, para ganar fama y vasallos. El mercader tendría que esperar aún unos años para convertirse en la clase social más adinerada de la sociedad Tokugawa.

Mencionaba que la película se basa en dos cuentos de Akinari Ueda, principalmente en The House Amid the Thickets, del que proceden los elementos más importantes de la trama, incluído el nombre de Miyagi. El otro es The Lust of the White Serpent, que aporta la inspiración para el personaje de Lady Wakasa (Machiko Kyo) y las vivencias de Genjiro en la residencia Kutsuki. Este segundo relato es el que sitúa a Ugetsu en el género kaidan, con esos dos fantasmas femeninos que tanto recuerdan a los de The Bride from Hell. Una es hermosa, joven y dulce, la otra dura, franca y anciana, pero ambas igual de peligrosas. A nuestra mente también acude Hoichi de Earless cuando vemos el cuerpo pintado de Genjuro.

Una fotografía increíble, con fotogramas pensados y cuidados al milímetro, acompañada de un soberbio trabajo de cámara, convierte esta cinta en un título imprescindible dentro del cine japonés. Sin embargo, a mi juicio está algo por debajo del nivel de las contemporáneas Throne of Blood o Rashomon.

Ghost Story of the Snow Witch (1968)

Ghost Story of the Snow Witch

El secreto de sus ojos
Dirigida por Tokuzo Tanaka

Después de varios años se ha hecho justicia con esta joya del kaidan, ofreciendo un lanzamiento en DVD que deja a años luz la versión previa en laserdisc. Este segundo visionado de Ghost Story of the Snow Witch no hace sino confirmar el magnífico recuerdo que tenía de ella, y consagrarla como una de las obras maestras más bonitas de mi filmoteca.

Sinopsis: durante una terrible nevada en una noche invernal, el fantasma de la mujer de nieve se aparece a dos viajeros que buscan un gran árbol para conseguir madera. Tras matar al anciano, se ve incapaz de hacer lo mismo con su acompañante, y le perdona la vida a cambio de una promesa; que jamás cuente lo sucedido a nadie. Todo va bien hasta que el joven falta a su palabra unos años más tarde.

Cuando pensamos en Tokuzo Tanaka lo primero que nos viene a la cabeza son sus intervenciones en las sagas más famosas del jidaigeki. Sin embargo, parece que cuando más nos ofrece es cuando cambia el Periodo Edo por el Heian. El primer ejemplo lo vemos en The Demon of Mount Oe, que relataba la historia del héroe Minamoto no Yorimitsu. El segundo lo tenemos aquí mismo, en Ghost Story of the Snow Witch, de título original Kaidan Yuki Jorou. Aunque no soy capaz de precisar la era, el vestuario y las espadas tachi me llevan directamente a ese periodo histórico.

Ghost Story of the Snow Witch

La historia comienza como las grandes aventuras, con una búsqueda y un hallazgo inesperado. El terror y el drama que se despliega ante nuestros ojos lo mueve Shiho Fujimura, la mujer de nieve (Yuki Onna). Se trata probablemente del personaje de kaidan más hechizante, hermoso, y letal, de cuantos encontramos en la literatura y el cine japonés. La muerte que lleva a sus víctimas, aunque indolora, puede ser terrible cuando va envuelta en odio, o tranquila cuando va envuelta en compasión.

En este segundo visionado no he podido evitar pensar en A Girl at Dojo Temple, la extraña película de marionetas que dirigió Kon Ichikawa en 1945. Aquella era la historia de una mujer enamorada de un hombre fuera de su alcance, consumido por una tarea encomendada por humanos, pero supervisada por los dioses. Con su último sacrificio hace realidad el sueño de su amado, y sólo entonces es capaz de llegar a tocar su alma.

La dirección artística es una maravilla, con escenas e imágenes que hablan por sí solas sin necesidad de diálogos. La ambientación de los escenarios roza la perfección, con un juego de blancos fantasmales y oscuras sombras que nos mantiene embrujados delante de la pantalla. Todo ello acompañado de una genial banda sonora a cargo de Akira Ifukube, y de unos efectos especiales discretos y bien ejecutados, que envejecerán con dignidad mientras exista el cine.

Termino el comentario haciendo referencia a la fábula de la rana y la tortuga que menciona dos veces el alguacil del pueblo. El aficionado al kaidan que no conoce esta obra maestra quedará maravillado cuando vea el océano que hay más allá del pozo en el que retoza.

Onibaba (1964)

Onibaba

La llamada del abismo
Dirigida por Kaneto Shindo

No soy un gran conocedor del cine de Kaneto Shindo, pero siempre había oído maravillas de Onibaba. El guión se inspira en una fábula budista llamada Bride-Scaring Mask, y el resultado se ha convertido en un objeto de culto para los aficionados y críticos. La mejor forma de disfrutar de esta cinta es haciéndose con la edición de Masters of Cinema (mi recomendación) o la de Criterion.

Sinopsis: una mujer mayor (Jitsuko Yoshimura) y su nuera (Nobuko Otowa) sobreviven matando y robando a los soldados que escapan de la batalla malheridos y moribundos. Ganando lo justo para comer, esperan el regreso de Kichi, el hijo y esposo al que convocaron a luchar. El vínculo entre ambas se rompe cuando Hachi (Kei Sato), un vecino que había partido con Kichi, regresa solo e informa de su muerte. En ese momento nace un deseo sexual en la joven que provoca una malsana inseguridad en su suegra.

El contexto histórico se sitúa a principios del Periodo Nanboku-cho, cuando la corte del Norte y la corte del Sur, encabezadas respectivamente por el Shogun Takauji Ashikaga y el Emperador Go-Daigo, se disputaban el control de Japón. Fue una época turbulenta, y a pesar de las palabras de Ushi sobre el fin de las batallas, estas no habían hecho más que comenzar. Al igual que durante el Sengoku, el grueso de los ejércitos estaba formado por campesinos, que abandonaban sus cosechas acudiendo a la llamada de sus señores, dejando atrás campos desatendidos y mujeres desamparadas.

Onibaba

La moralidad de los personajes es nula. Los protagonistas hablan de matar y trabajar como si fueran sinónimos, haciendo gala de una total carencia de sentimientos. El frenesí sexual entre la nuera y Hachi despierta en la suegra el temor a ser abandonada. Su rechazo a la relación carnal de los jóvenes la convierte en una persona egoísta y detestable, que intenta utilizar el infierno y el castigo de los dioses como argumento disuasorio contra su nuera.

La fotografía es sencillamente impresionante. Hay cientos de hermosos fotogramas en los que el pasto donde tiene lugar la trama lo abarca todo, asfixiándonos en un mundo cuya única escapatoria está en el agujero. Esa oscura cicatriz en la tierra es un altar a lo desconocido. En sus profundidades yacen presas humanas desposeídas, y en su negrura se conocen demonio y mujer, gestando el nacimiento de Onibaba.

La banda sonora es un personaje más del reparto, con ritmos de tambores y jazz que transforman la escena tan pronto se escuchan. Es entonces cuando el espectador eleva su estado de alerta y presta más atención lo que sucede en ese macabro mundo en blanco y negro que Kaneto Shindo ha creado para nosotros. Nos contagiamos de los propios protagonistas, que siempre encuentran un hueco entre los pastos, una puerta entreabierta, o un agujero en la paja de la cabaña, que les permite asomarse a observar. Durante toda la película es una constante el deseo de ver y evitar ser visto.

El desenlace llega veloz e inesperado como una tormenta repentina. Cierra de forma espléndida un trabajo prácticamente perfecto traducido en 100 minutos de metraje. Una obra maestra de Kaneto Shindo y una de las mejores películas japonesas de la historia.