Jirocho Fuji (1959)

Jirocho Fuji

El auge de un yakuza
Dirigida por Kazuo Mori

Jirocho Fuji es la primera de dos películas dirigidas por Kazuo Mori sobre el legendario yakuza Shimizu no Jirocho. De nombre Chogoro Yamamoto, este hombre se abrió camino en el bajo mundo de la mafia japonesa hasta convertirse en una de las figuras más influyentes de su época, con miles de hombres en su organización.

La historia se desarrolla centrada en uno de los rasgos característicos del personaje, que era la mediación en conflictos entre familias rivales. Sus intervenciones son siempre contrarias a los intereses del jefe Kurogoma no Katsuzo, lo que le convierte en su enemigo acérrimo. Más temprano que tarde se ve forzado a luchar cuando un mensajero acude a él con una declaración formal de guerra.

El estilo de la película es desenfadado y con un humor en ocasiones infantil. Pese a las innumerables muertes que se dan cita a lo largo del metraje, nunca vemos una gota de sangre, lo que la convierte a efectos de la época en lo que llamaríamos una cinta para todos los públicos. No llega a ser tan suave como las de Hibari Misora o las de ninjas sesenteras, pero desde luego es un chambara de lo más descafeinado.

Jirocho Fuji

Con todo, Daiei tiró la casa por la ventana para juntar a actores de la talla de Kazuo Hasegawa, Shintaro Katsu, Raizo Ichikawa, y a la actriz Ayako Wakao. Este reparto da vida al Jefe Jirocho, a sus 28 leales sirvientes, y a sus principales opositores. Si bien el papel de ninguno de ellos es especialmente exigente en interpretación o acción, me ha gustado sobre todo Shintaro katsu y su particular toque humorístico.

De la aventura me llama la atención el poder que se atribuye a la yakuza. Los pueblos están gobernados por jefes y familias que se imponen con sobornos y/o intimidaciones a los administradores y oficiales locales, los cuales además les ofrecen su protección como un paraguas para actividades ilegales. Así mismo, la yakuza suele rechazar sistemáticamente cualquier acción o comportamiento que huela a samurai, como queda patente en el enfado del jefe Jirocho cuando le traen la cabeza del jefe Yasugoro, aludiendo a los 47 ronin. Para el que no lo sepa, capturar cabezas enemigas era una de las actividades favoritas de los samuráis tanto en la batalla como en la venganza.

Este título de Kazuo Mori ha sido para mí el primer contacto cinematográfico con el legendario Shimizu no Jirocho, y lo cierto es que me ha parecido una cinta interesante. Tengo pendiente de ver la segunda parte, pero repitiendo reparto es difícil que me estropee el buen sabor de la primera.