Kunoichi, Lady Ninja (1998)

Kunoichi

Poderes ocultos
Dirigida por Hitoshi Ozawa

Con el poco atractivo título original de Kunoichi ninpo-cho: Yagyu gaiden, Edo-bana jigoku-hen, la película se basa en la obra de Futaro Yamada Yagyu Ninpocho, que en 2005 fue también adaptada al manga por Masaki Segawa en la serie The Yagyu Ninja Scrolls. Ryushi Mizukani (Ochei) y Yuko Moriyama (Kato) acompañan al director (Jubei) en los papeles protagónicos.

Sinopsis: el señor de Aizu reclama a la hija de uno de sus vasallos para incluirla en su harem particular. El siervo, Mondo Hori, rechaza la petición y huye a Kumamoto con toda su familia. Tras localizarles en el templo de Tokei-ji, los guerreros de élite de Kato llevan a cabo una masacre a la que tan sólo sobreviven siete mujeres incluyendo a Ochei, la hija de Mondo. Lady Sen, esposa del difunto Hideyoshi, ofrece a Jubei Yagyu para guiarlas en su misión de venganza.

Si el manga es fiel a la historia original, la aventura comienza en 1642, cuando Akinari Kato era efectivamente el daimyo de Aizu. La edad de Tenkai nos permite calcular que el final tiene lugar en 1643, justo el año en que Masayuki Hoshina tomaba el relevo en el poder. A excepción de Jubei Yagyu, el monje Takuan, y los ya mencionados, el resto de personajes no están inspirados en ninguna figura histórica.

Kunoichi

Costará creer que es la segunda vez que veo esta catástrofe cinematográfica, pero para poder escribir la reseña no me quedaba más remedio que volver a pasar por esta calamidad. El director al menos tiene el detalle de dejar lo peor para la introducción, de forma que cinco minutos serán suficientes para que el espectador busque el stop en su mando a distancia y destruya las pruebas antes de que sea tarde. La mismísima narración inicial ya hace saltar las alarmas, puesto que por alguna razón el audio parece ser mandarín o cantonés.

Las escenas de acción están rodadas de forma lamentable, con una cámara que se mueve tan rápido y tan cerca de los luchadores que cuesta saber siquiera quién está combatiendo. Por si fuera poco, los poderes ninja de las kunoichi contribuyen a enturbiar aún más las coreografías, añadiendo rayos y bolas de fuego que lanzan desde sus pechos y genitales (habéis leído bien). De los siete guerreros de Kato el único que medianamente se salva es Koshichiro, que empuñando su nodachi vestido de blanco nos recuerda al Bijomaro de Azumi.

A excepción del propio director en la piel de Jubei Yagyu, el resto de intérpretes nos deja pobres actuaciones que sólo podemos aceptar porque encajan a la perfección en esta cinta de clase B o C. Cualquiera que la compare con Samurai Reincarnation está poco menos que insultando a la memoria de Kinji Fukasaku, ya que lo único que tienen en común es que ambas se inspiran en novelas de Futaro Yamada.

Supongo que este tipo de aventura y personajes funcionará mejor en el manga, por lo que si hay alguien interesado no debería cerrarse la puerta con mi reseña. El que estuviera valorando la posibilidad de optar por la versión cinematográfica que se lo piense dos veces antes de sumergirse en estos 101 minutos interminables.

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