Lady Kasuga (1990)

Lady Kasuga

La herencia de un bastardo
Dirigida por Sadao Nakajima

Sinopsis: Ofuku es madre de cuatro hijos y esposa de un samurái caído en desgracia. Descontenta con su vida, decide visitar al Shogun retirado Ieyasu para pedirle que ascienda a su marido, recordándole su participación en Sekigahara. Ieyasu se lo promete a cambio de que le entregue su cuerpo, a lo que ella accede. Habiéndose quedado embarazada tras el encuentro, su marido la abandona y Ofuku encuentra empleo como nodriza del primogénito del Shogun Hidetada. En un golpe del destino, el heredero nace muerto y proponen en secreto a Ofuku que entregue a su bebé para ocupar el lugar del fallecido. La situación permanece estable hasta que el Shogun vuelve a tener un hijo varón.

El director Sadao Nakajima rescata a uno de los personajes femeninos que tuvo más relevancia durante la cimentación del recién formado gobierno Tokugawa. Tradicionalmente se caracteriza a Lady Kasuga por la imagen que da de ella la obra kabuki Lady Kasuga, an Exemplary Woman. Fuertemente influenciada por el ideal confuciano de la mujer, elimina de su personalidad la ambición para convertirla en una esposa modelo, que no duda en renunciar a su título si ello le permite volver con el esposo que la abandonó. En su película, Nakajima parece dejarla a medio camino entre el personaje kabuki y el histórico, puesto que ni siente demasiada estima por su marido después del enfrentamiento, ni tiene la ambición y el valor que se le atribuyen a la auténtica Ofuku. La energía que le falta la absorbe su leal sirvienta, que realiza en su lugar el famoso viaje a Sunpu para conseguir la implicación de Ieyasu en la sucesión.

Después de acabar el visionado sorprende que me haya costado encontrar información sobre la auténtica Lady Kasuga (Tsubone-no-Kasuga). Por lo que he podido leer en A History of Japan, de James Murdoch, y en un interesantísimo artículo del Centro de Estudios Japoneses titulado Lady Kasuga: The Rise of a Shogun’s Nurse, jamás hubo la más ligera sospecha o duda de que pudiera ser la madre biológica de Iemitsu, y mucho menos de que hubiera tenido una relación sexual con Ieyasu Tokugawa. Su intervención real en los acontecimientos se explica por el deseo personal de escalar en la jerarquía social, y por el cariño que tenía al primogénito de Hidetada, al que después de todo había criado y amamantado ella misma.

Lady Kasuga

Me ha parecido brillante la forma en que Nakajima hila la trama en torno a la preocupación de las principales sirvientas porque la esposa de Hidetada, Oeyo, había dado a luz a cuatro hijas en seis años. No en vano, realmente Ieyasu no se retiró hasta que el nacimiento de Iemitsu aseguró la continuidad del linaje. Hidetada quedaba al margen de la “maldición”, puesto que él ya había tenido y perdido a un hijo varón con su esposa anterior.

Entrando a valorar las interpretaciones de los actores, me gustaría poder decir algo bueno de Yukiyo Toake, pero siendo justos es el guión el que le niega la posibilidad de lucirse en pantalla. Su papel protagonista resulta ser demasiado pasivo; una mera testigo de los acontecimientos con la única misión de proteger la mentira que permitirá a su hijo heredar el control de Japón. Nada vemos de su osadía, su coraje, y su lucha porque sus hijos biológicos (en la película sus otros hijos) alcanzaran cargos importantes dentro del gobierno.
El otro actor destacado es Tomisaburo Wakayama, que a sus sesenta años representa a un divertido y cómico Ieyasu Tokugawa al que vuelven loco las mujeres. A pesar de la imagen desvirtuada que ofrece del legendario Shogun, no negaré que me ha gustado bastante su interpretación.

Como valoración final, Lady Kasuga me ha parecido una obra interesante que sin embargo no consigue explotar el potencial de la verdadera Ofuku. Con todo, recomiendo su visionado a los incondicionales del género.

Azumi 2: Death or Love (2005)

Azumi Death or Love

El precio de la misión
Dirigida por Shusuke Kaneko

La segunda parte de Azumi se diferencia de su predecesora en el intento que hace por introducir amor y sentimentalismo en la trama. La misma construcción del título resulta cómica, cuando la violenta tipografía roja del nombre de nuestra protagonista se ve atacada por unos elegantes caracteres blancos llenos de florituras que dibujan las palabras Death or Love. Es como si la mano de Shusuke Kaneko relevara a la de Ryuhei Kitamura y nos dejara claro desde la misma escena de créditos qué es lo que va a aportar a la historia.

Sinopsis: el grupo de asesinos que emprendiera la misión se ve reducido a tan solo dos miembros; Azumi y Nagara. Habiendo eliminado a dos de los tres señores de la guerra, se dirigen a por Masayuki Sanada, el último objetivo. No será fácil, puesto que el ejército Toyotomi ya ha dado varios pasos hacia la guerra. El clan Sanada, como vanguardia de los opositores al shogunato, utilizará a sus ninja Uenokogashu para acabar con la vida del monje Tenkai y la de sus dos peones asesinos.

El making-of de El Señor de los Anillos insinuaba que para vender mejor una película en Hollywood había que desarrollar una historia de amor, razón por la que casi vemos a Arwen luchar en el adarve del Abismo de Helm. La entrada de Ginkaku en nuestra historia sirve únicamente para llenar el vacío que dejaba Nachi (interpretado también por Shun Oguri) al morir a los 15 minutos de la entrega anterior e impedir el romance.

Azumi Death or LoveLas coreografías de acción empeoran considerablemente, puesto que el número de personajes con un estilo de combate convencional se ha visto seriamente reducido, especialmente en el bando enemigo. Ejemplo ideal del tipo de acción que vamos a tener nos lo ofrece Roppa utilizando un arma inverosímil (compuesta aparentemente por dos hojas tipo falcata unidas por el mango) a modo de boomerang, con un efecto visual que nos recuerda aquellos discos de energía que lanzaba Krilin en Dragon Ball.

Pese a todo, la mejora de los efectos especiales con respecto a la primera parte permite que la película se haga llevadera en sus 106 minutos. Es una lástima que el guionista no haya sabido concluir la cinta donde a todas luces debía haberlo hecho. En lugar de eso, sin explicación ninguna, Azumi aparece con su vestuario de gala en una batalla campal que tiene para nosotros efecto deja vu. Mucha palabrería y poco sentido completan este final tan descuidado.

Si soy completamente sincero, debo decir que recordaba Azumi 2: Death or Love bastante peor de lo que me parece ahora. La recomendaría sólo a aquellos que disfrutaran con su predecesora, por supuesto rebajando las expectativas.

Sleepy Eyes of Death 13: Full Moon Swordsman (1969)

Full Moon Swordsman

El gemelo malvado
Dirigida por Kazuo Mori

El mismo año en que Raizo Ichikawa nos dejó para siempre, uno de sus más emblemáticos personajes regresó encarnado por Hiroki Matsukata. Full Moon Swordsman es la decimotercera entrega de la saga Sleepy Eyes of Death y una de las últimas películas dirigidas por Kazuo Mori.

Sinopsis: tras ser confirmado Ieyoshi Tokugawa como heredero, se produce en él un cambio de actitud y personalidad radical. Se convierte en un demonio al que sólo le interesa disfrutar del poder y de la inmunidad para abusar de mujeres. Es en una de esas cacerías cuando se topa con Nemuri, que desde ese momento no cesará en su empeño por descubrir quién y cómo está suplantando al futuro Shogun. Para ello contará con la ayuda de una hermosa espía que comparte su objetivo.

En esta ocasión la presentación del protagonista es especial. El director no quiso simplemente vestir a Matsukata de Nemuri y arrojarlo delante de la cámara, sino que esperó casi diez minutos para darle entrada, en un plano lejano y desenfocado que va descubriendo la sorpresa poco a poco. La caracterización es bastante diferente, tanto en estética como en carácter, siendo lo más llamativo de todo ese exagerado peinado que involuntariamente te distrae cada vez que le miras. Su actitud también ha cambiado, ya que no espera a estar en el punto de mira para interesarse por los sucesos. Por si eso fuera poco, esta vez es capaz de aguantar los 81 minutos de metraje sin acostarse con ninguna mujer.

Full Moon Swordsman

Lo del hermano gemelo impostor no es la primera vez que lo vemos en la saga. Sword of Villany ya nos había mostrado un caso similar que seguramente nos sorprendió durante el desenlace. En Full Moon Swordsman es parte de la trama y no se oculta al espectador, reservando el interés para la forma en que Nemuri intentará impedir la nefasta sucesión. Durante su viaje además llegará un momento en que es difícil saber si quienes le rodean son aliados o enemigos, alimentando así la incertidumbre.

Normalmente hay pocos personajes en esta saga, además del principal, capaces de captar nuestra atención. Yo en esta película me he encontrado con un inspector general llamado Kanjuro Sano que me ha cautivado. A pesar de tener un papel de villano, demuestra poseer todas las cualidades del auténtico samurái. Sirve a su señor con todo su empeño, por encima de la ley y del bien, y resuelve de la mejor manera posible cuando el fracaso se hace inevitable.

Uno de los interrogantes que todos teníamos antes de ver la película era el de las escenas de acción con Hiroki Matsukata. En líneas generales son más dinámicas y plásticas que las de Raizo (tenía 11 años menos), y en ocasiones se desarrollan a cámara lenta. Los saltos, los giros agresivos, y los movimientos elásticos del actor se alejan de aquellas batallas en las que Nemuri permanecía firme como un árbol y desataba su danza mortal en un espectáculo de precisión y velocidad. Personalmente me gustaban más las anteriores, pero se agradece un poco de frescura después de doce episodios.

Full Moon Swordsman es para mí un aprobado alto que objetivamente se mantiene en el nivel medio de la saga. Subjetivamente, la pérdida de Raizo Ichikawa es una herida abierta que su sustituto no consigue cerrar.

Kunoichi, Lady Ninja (1998)

Kunoichi

Poderes ocultos
Dirigida por Hitoshi Ozawa

Con el poco atractivo título original de Kunoichi ninpo-cho: Yagyu gaiden, Edo-bana jigoku-hen, la película se basa en la obra de Futaro Yamada Yagyu Ninpocho, que en 2005 fue también adaptada al manga por Masaki Segawa en la serie The Yagyu Ninja Scrolls. Ryushi Mizukani (Ochei) y Yuko Moriyama (Kato) acompañan al director (Jubei) en los papeles protagónicos.

Sinopsis: el señor de Aizu reclama a la hija de uno de sus vasallos para incluirla en su harem particular. El siervo, Mondo Hori, rechaza la petición y huye a Kumamoto con toda su familia. Tras localizarles en el templo de Tokei-ji, los guerreros de élite de Kato llevan a cabo una masacre a la que tan sólo sobreviven siete mujeres incluyendo a Ochei, la hija de Mondo. Lady Sen, esposa del difunto Hideyoshi, ofrece a Jubei Yagyu para guiarlas en su misión de venganza.

Si el manga es fiel a la historia original, la aventura comienza en 1642, cuando Akinari Kato era efectivamente el daimyo de Aizu. La edad de Tenkai nos permite calcular que el final tiene lugar en 1643, justo el año en que Masayuki Hoshina tomaba el relevo en el poder. A excepción de Jubei Yagyu, el monje Takuan, y los ya mencionados, el resto de personajes no están inspirados en ninguna figura histórica.

Kunoichi

Costará creer que es la segunda vez que veo esta catástrofe cinematográfica, pero para poder escribir la reseña no me quedaba más remedio que volver a pasar por esta calamidad. El director al menos tiene el detalle de dejar lo peor para la introducción, de forma que cinco minutos serán suficientes para que el espectador busque el stop en su mando a distancia y destruya las pruebas antes de que sea tarde. La mismísima narración inicial ya hace saltar las alarmas, puesto que por alguna razón el audio parece ser mandarín o cantonés.

Las escenas de acción están rodadas de forma lamentable, con una cámara que se mueve tan rápido y tan cerca de los luchadores que cuesta saber siquiera quién está combatiendo. Por si fuera poco, los poderes ninja de las kunoichi contribuyen a enturbiar aún más las coreografías, añadiendo rayos y bolas de fuego que lanzan desde sus pechos y genitales (habéis leído bien). De los siete guerreros de Kato el único que medianamente se salva es Koshichiro, que empuñando su nodachi vestido de blanco nos recuerda al Bijomaro de Azumi.

A excepción del propio director en la piel de Jubei Yagyu, el resto de intérpretes nos deja pobres actuaciones que sólo podemos aceptar porque encajan a la perfección en esta cinta de clase B o C. Cualquiera que la compare con Samurai Reincarnation está poco menos que insultando a la memoria de Kinji Fukasaku, ya que lo único que tienen en común es que ambas se inspiran en novelas de Futaro Yamada.

Supongo que este tipo de aventura y personajes funcionará mejor en el manga, por lo que si hay alguien interesado no debería cerrarse la puerta con mi reseña. El que estuviera valorando la posibilidad de optar por la versión cinematográfica que se lo piense dos veces antes de sumergirse en estos 101 minutos interminables.

A Lustful Man (1961)

A Lustful Man

Felicidad para todas
Dirigida por Yasuzo Masumura

El director Masumura rescata a un personaje literario de 1682, Yonosuke, que nació de la imaginación del escritor Ihara Saikaku en su obra The Life of an Amorous Man. Más allá de una mera adaptación cinematográfica, A Lustful Man es la historia de un hombre que encuentra la felicidad oponiéndose al materialismo propio de la época.

Sinopsis: Yonosuke es el único hijo de un adinerado comerciante, que en lugar de aprender a llevar el negocio prefiere dilapidar su fortuna en mujeres. Incapaz de soportar este comportamiento, su padre le envía a Edo a ganarse la vida como aprendiz. Nada más llegar a la capital se las apaña para volver a las andadas, por lo que finalmente pierde el apoyo familiar y se ve obligado a viajar en busca de una fuente de ingresos.

Conocí al personaje principal cuando lei Male Colors: The Construction of Homosexuality in Tokugawa Japan. El autor, Gary Leupp, mencionaba a Yonosuke varias veces como ejemplo de bisexualidad en la sociedad del periodo Edo. La obra de Saikaku es contemporánea a la época en la que se ambienta, y por ello se considera un reflejo de las preferencias sexuales del momento. Sin embargo, antes de introducir el DVD en el lector ya tenía claro que los 725 hombres con los que supuestamente se acostaba Yonosuke iban a caer en el olvido. Masumura hace un pequeño guiño a la novela original en la escena en la que el protagonista va a parar a un burdel masculino, aunque apenas tarda un par de minutos en rechazar a sus pretendientes y huir despavorido.

A Lustful Man

Raizo Ichikawa no podía haber interpretado un papel más diferente durante su descanso de Satan’s Sword. Acostumbrados a verle como la frialdad personificada, resulta placentero comprobar que se desenvuelve estupendamente encarnando a un personaje tan alegre y emocional. Yonosuke podría considerarse la antítesis del diabólico Ryunosuke. Su objetivo en la vida es hacer felices a las mujeres (normalmente mediante favores sexuales), gasta el dinero tan pronto llega a sus manos, y es un completo incompetente en lo que a habilidades marciales se refiere. Su arma es la labia, y resulta tan efectiva como una espada cuando se mete en problemas.

A Lustful Man es una película tremendamente rápida y dinámica. Durante 90 minutos recorremos un metraje sin introducción ni desenlace, en el que el protagonista se encuentra permanentemente metido en un nudo del que ni puede ni quiere salir. Yonosuke parece demostrarnos que la vida se disfruta más viviendo cada día como si fuera el último. Nos enseña que el dinero mejor aprovechado es aquel que ya no tenemos en el bolsillo, y que la mujer es una diosa que puede ofrecernos tanto como estemos dispuestos a darle. Es deseo del director que le veamos como una oposición a las personalidades que le rodean, ya que en la obra de Saikaku su padre también busca el placer en el vino y las mujeres, y su madre es una cortesana retirada.

Creo que arriesgo muy poco recomendando esta cinta a todos los amantes del género. De vez en cuando da gusto guardar la katana para disfrutar de la sociedad Tokugawa de forma menos sangrienta y más realista.

Sleepy Eyes of Death 12: Castle Menagerie (1969)

Castle Menagerie

La tierra prometida
Dirigida por Kazuo Ikehiro

Nos encontramos ante la última entrega protagonizada por Raizo Ichikawa de la saga. Unos meses más tarde tomaría el relevo Hiroki Matsukata para representar al personaje en otras dos películas, pero Sleepy Eyes of Death no llegó más allá de 1969. En Castle Menagerie Kazuo Ikehiro tuvo el honor de trabajar con Raizo en el que sería el último chambara del actor.

Sinopsis: un samurái cristiano se hace pasar por Nemuri para cometer multitud de crímenes por toda la ciudad, dejando siempre una nota que confirma su autoría. Las víctimas son elegidas por una de las mujeres de mayor rango en el harén del shogun, que ha prometido dejar marchar a 58 creyentes si gracias a su líder consigue afianzar su influencia en palacio. Aunque en un primer momento Nemuri no se preocupa demasiado por los sucesos, su intervención evitando un aborto le sitúa en el punto de mira de los conspiradores.

En cierto sentido no es de extrañar que Nemuri ignore al impostor durante buena parte de la cinta. Después de todo, matar y violar son sus especialidades, y la única diferencia es que las presas de su rival son inocentes. Ya en The Mask of the Princess habían tratado de complicarle con una trama similar, aunque en aquella ocasión tuvo que lidiar con un inspector incansable. En esta duodécima entrega el imitador realiza varias exhibiciones de habilidad que nos hacen preguntarnos si no estará incluso al nivel del auténtico.

Castle Menagerie

La dirección artística de Castle Menagerie me ha gustado mucho. Kazuo Ikehiro casi siempre sorprende con alguna toma original que te hace disfrutar de situaciones sencillas. Valga el ejemplo de la persecución a nivel del suelo en la que vemos cómo unas sombras avanzan en busca de unos pies. Sin olvidarnos por supuesto del baile de máscaras que lleva a Kyoshiro a enfrentarse con una de las trampas más extrañas que se ha encontrado.

Entre las notas curiosas que siempre incluyo en mis comentarios está la pipa que vemos atada al cinto del protagonista al principio de la película. No es habitual verlo en el cine, pero fumar era uno de los pasatiempos más representativos de la vida del samurái durante el periodo Edo. También llamará la atención de los menos experimentados la patrulla contraincendios que deambula por el castillo recitando obviedades a voz en grito. Pese a que nos pueda parecer una tontería, Annales des Empereurs du Japon recoge durante el Periodo Heian más incendios en el Palacio de Kioto de los que puedo contar con los dedos de las manos. Las lámparas de aceite, las velas, y los cortesanos maquinadores, no son buena compañía para la madera.

Realmente no estamos ante una de las mejores entregas de la saga, pero no puedo evitar sentir una punzada de emoción cuando veo a Nemuri alejarse al tiempo que aparece el kanji del final. Es en ese momento cuando comprendo que volveré a ver al personaje, pero sin el actor. Raizo Ichikawa murió de cáncer unos meses después, a los 37 años, habiendo participado en más de cien películas y dejando una huella imborrable en aquellos que le apreciamos. Fue el ronin por excelencia, y alcanzó la inmortalidad a través de los papeles que interpretó.

The Blazing Sword (1966)

The Blazing Sword

El vicecomandante demonio
Dirigida por Hirokazu Ichimura

Seguramente la mayor parte de nosotros conoce a Hirokazu Ichimura por la saga Crimson Bat. Sin embargo, antes de aquellas películas dirigió The Blazing Sword, basada en una novela de Ryotaro Shiba de 1964 titulada Moeyo-ken. El reparto que da vida a los personajes resulta prácticamente desconocido, encabezado por Asahi Kurizuka y Shunya Wazaki, dos actores que se encontraban en el inicio, y al mismo tiempo en la cúspide, de sus carreras cinematográficas. A Shunya volveríamos a verle en Reborn from Hell, pero Asahi apenas fue más allá de un par de papeles secundarios.

La narración se centra en la figura de Toshizo Hijikata, comenzando poco antes de la formación del Roshigumi y extendiéndose hasta el incidente de Ikeda-ya. El legendario vicecomandante del Shinsengumi se apodera de todas las decisiones importantes que llevaron a la creación de la milicia. La película está tan centrada en el protagonista, y se le da tanto peso, que casi parece que su enfrentamiento personal con Sohaku Rokusha es más importante que la lucha contra los nacionalistas (ishin shishi).

La primera advertencia que quiero lanzar es para los que se toman el jidaigeki como una enciclopedia de la historia de Japón. La biografía de Hijikata que vamos a ver tiene la dosis justa de veracidad para no alterar sustancialmente los acontecimientos en los que interviene. Pese a que efectivamente la importancia y la fama de nuestro personaje central puede compararse a la del comandante, lo que vemos en The Blazing Sword es una tremenda exageración que lo eleva a la excelencia tanto en liderazgo como en habilidad con la espada, dos campos en los que como mínimo estaba por debajo de Kondo y Okita respectivamente. Resulta llamativo que en el incidente de Ikedaya sea él quien insiste en llevarse menos hombres a la otra posada, cuando según las crónicas fue Kondo el que decidió tomar el contingente más pequeño (formado por los mejores, eso sí). Creo que este es un ejemplo perfecto del giro que se da a la historia para mayor protagonismo y gloria de Hijikata.

The Blazing Sword

Llama la atención que por enésima vez el uniforme que viste el Shinsengumi no sea el que todos los amantes de la milicia adoran y recuerdan. Para ser el elemento más característico del cuerpo no cabe duda de que es el gran sacrificado por el cine. En The Blazing Sword encontramos probablemente el caso más justificado, puesto que el haori azul con picos blancos ofrece un contraste muy bajo en blanco y negro. Quizás por ello el director decide vestir a sus personajes de blanco y negro (valga la redundancia), destacando así las montañas que adornan las mangas. Haciendo un rápido repaso por otros títulos del Bakumatsu, veremos que en When the Last Sword is Drawn se utilizan el rojo y el negro para igualar la agresividad del vestuario a la del sobrenombre de “Lobos de Mibu”; en Shinsengumi Chronicles Kenji Misumi elige el amarillo como alternativa al azul, aprovechándose del doble significado de la palabra japonesa asagi; finalmente, en Gohatto es más que evidente que los colores originales habrían destrozado esos fotogramas cargados de solemnidad, por lo que se eligió un moderno atuendo militar negro.

Las coreografías de acción vienen motivadas principalmente por actuaciones personales de Hijikata, cuyo individualismo le lleva a enfrentarse al peligro casi siempre en solitario. Su técnica de esgrima parece una variación del Tennen Rishin, lo que nos lleva a preguntarnos por qué representa al dojo en los desafíos habiendo al menos dos maestros presentes. En cualquier caso, y por más que se haga mención a diferentes escuelas, el estilo de combate de todos los personajes es prácticamente idéntico.

En The Blazing Sword no vamos a descubrir nada que no hayamos visto ya. Se trata de otra cinta más del Shinsengumi que comienza con la formación de la milicia y termina en Ikedaya. Se diferencia sólo en el protagonista y en la alteración de algunos sucesos. Creo que dejando al margen a los grandes aficionados, esta es una película que el espectador medio puede dejar pasar.