Samurai Reincarnation (1981)

Samurai Reincarnation

Venganza tras la muerte
Dirigida por Kinji Fukasaku

Sinopsis: la masacre de 37.000 cristianos despierta el alma en pena de Shiro Amakusa, que se reencarna en un actor de teatro del Shogun. Para llevar a cabo su venganza se aprovecha de hombres que murieron sin cumplir su objetivo en la vida, todos ellos personajes importantes, y forma un grupo de demonios que extenderán el caos y proclamarán el fin del Shogunato.

Antes de nada, atención a los elegidos para el grupo de resurrectos. Shiro Amakusa, líder de la revuelta cristiana de Shimabara que tuvo lugar a principios del siglo XVII (muerto en 1638). Lady Hosokawa, hija de Mitsuhide Akechi y esposa de Tadaoki Hosokawa (muerta en 1600). Miyamoto Musashi, el perfecto samurái y estratega (muerto en 1645). Inshun Hozoin, monje budista y heredero de la escuela de lanceros (muerto en 1648). Al selecto grupo también se une Kirimaru, un ninja de Iga que no se basa en ninguna persona real.

Si analizamos el marco histórico elegido por Kinji Fukasaku para Samurai Reincarnation veremos que, aunque tomándose muchas y lógicas libertades, intenta ajustarse bastante a la realidad. Por ejemplo, respeta el hecho de que Lady Hosokawa ya estuviera muerta cuando resucita Shiro, lo que le obliga a ir a buscarla al cementerio. En cambio, las muertes de Musashi y Hozoin, separadas por tres años, tienen lugar dentro de la corta línea temporal que abarca la película (diría que unos meses), y al mismo tiempo coexisten con el Shogun Ietsuna Tokugawa, que comenzó a gobernar en 1651, otros tres años después de que muriera el último de los dos.

Samurai Reincarnation

Cuoriosamente, Samurai Reincarnation fue rodada poco después de Shogun’s Samurai, retomando en cierta forma la historia por donde la dejó Fukasaku. Algunos escenarios son idénticos, en particular el de Iga, lo que me lleva a pensar que pudo haber utilizado metraje de su anterior obra. Algunos actores incluso conservan su papel, como es el caso de Sonny Chiba encarnando a Jubei, o tienen uno parecido, como sucede con Hiroyuki Sanada en la piel de Kirumaru. Eso sí, se ofrece una versión alternativa para la pérdida del ojo de Jubei, y se le caracteriza de lujo.

Me llaman mucho la atención los escenarios, de aspecto tenebroso y apocalíptico. Lúgubres cementerios, campos de batalla, colinas de crucifixiones, castillos en llamas… todo sirve para crear esa malsana atmósfera de culto a la muerte y al diablo. En cuanto a la acción, Tomisaburo Wakayama demuestra que lo suyo con la katana no es mera coreografía de cine. Fukasaku no podría haber elegido un mejor actor para llevar a la pantalla al maestro de armas del Shogun, Lord Yagyu. Todo lo contrario sucede con Shiro Amakusa, que por el arma empleada convierte cada combate en un espectáculo ridículo.

¿Balance final? Complicado. Me entretuvo bastante la primera vez que la vi, aunque no me pareció una buena película. Con el segundo visionado no ha cambiado mucho mi opinión, pero la verdad es que la última media hora está muy bien. Es un film distinto y curioso de un gran maestro de la dirección. La dejo para quien quiera atreverse.

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