A Lustful Man (1961)

A Lustful Man

Felicidad para todas
Dirigida por Yasuzo Masumura

El director Masumura rescata a un personaje literario de 1682, Yonosuke, que nació de la imaginación del escritor Ihara Saikaku en su obra The Life of an Amorous Man. Más allá de una mera adaptación cinematográfica, A Lustful Man es la historia de un hombre que encuentra la felicidad oponiéndose al materialismo propio de la época.

Sinopsis: Yonosuke es el único hijo de un adinerado comerciante, que en lugar de aprender a llevar el negocio prefiere dilapidar su fortuna en mujeres. Incapaz de soportar este comportamiento, su padre le envía a Edo a ganarse la vida como aprendiz. Nada más llegar a la capital se las apaña para volver a las andadas, por lo que finalmente pierde el apoyo familiar y se ve obligado a viajar en busca de una fuente de ingresos.

Conocí al personaje principal cuando lei Male Colors: The Construction of Homosexuality in Tokugawa Japan. El autor, Gary Leupp, mencionaba a Yonosuke varias veces como ejemplo de bisexualidad en la sociedad del periodo Edo. La obra de Saikaku es contemporánea a la época en la que se ambienta, y por ello se considera un reflejo de las preferencias sexuales del momento. Sin embargo, antes de introducir el DVD en el lector ya tenía claro que los 725 hombres con los que supuestamente se acostaba Yonosuke iban a caer en el olvido. Masumura hace un pequeño guiño a la novela original en la escena en la que el protagonista va a parar a un burdel masculino, aunque apenas tarda un par de minutos en rechazar a sus pretendientes y huir despavorido.

A Lustful Man

Raizo Ichikawa no podía haber interpretado un papel más diferente durante su descanso de Satan’s Sword. Acostumbrados a verle como la frialdad personificada, resulta placentero comprobar que se desenvuelve estupendamente encarnando a un personaje tan alegre y emocional. Yonosuke podría considerarse la antítesis del diabólico Ryunosuke. Su objetivo en la vida es hacer felices a las mujeres (normalmente mediante favores sexuales), gasta el dinero tan pronto llega a sus manos, y es un completo incompetente en lo que a habilidades marciales se refiere. Su arma es la labia, y resulta tan efectiva como una espada cuando se mete en problemas.

A Lustful Man es una película tremendamente rápida y dinámica. Durante 90 minutos recorremos un metraje sin introducción ni desenlace, en el que el protagonista se encuentra permanentemente metido en un nudo del que ni puede ni quiere salir. Yonosuke parece demostrarnos que la vida se disfruta más viviendo cada día como si fuera el último. Nos enseña que el dinero mejor aprovechado es aquel que ya no tenemos en el bolsillo, y que la mujer es una diosa que puede ofrecernos tanto como estemos dispuestos a darle. Es deseo del director que le veamos como una oposición a las personalidades que le rodean, ya que en la obra de Saikaku su padre también busca el placer en el vino y las mujeres, y su madre es una cortesana retirada.

Creo que arriesgo muy poco recomendando esta cinta a todos los amantes del género. De vez en cuando da gusto guardar la katana para disfrutar de la sociedad Tokugawa de forma menos sangrienta y más realista.

The Wife of Seishu Hanaoka (1967)

The Wife of Seishu Hanaoka

Cobayas
Dirigida por Yasuzo Masumura

Yasuzo Masumura no es precisamente uno de los directores más prolíficos en cuanto a producción de jidaigeki, pero algunos le conocerán por Double Suicide of Sonezaki, The Snare, o A Lustful Man. En The Wife of Seishu Hanaoka se apoya en un guión de Kaneto Shindo para llevar a la pantalla The Doctor’s Wife, una novela histórica de Sawako Ariyoshi. Los papeles principales son para Raizo Ichikawa, Ayako Wakao y Hideko Takamine.

Sinopsis: Unpei es un joven doctor cuya ambición es equipararse a Hua Tuo, el célebre cirujano chino del siglo II. En su empeño por curar cualquier enfermedad que afecte al ser humano comienza a estudiar una fórmula que le permita dormir a los pacientes para poder practicarles operaciones de riesgo. Su mujer y su madre se ofrecerán como cobayas para perfeccionar la primera anestesia general de la historia.

The Wife of Seishu Hanaoka

En un impecable blanco y negro, Masumura nos guía por la vida del doctor Seishu Hanaoka, interpretado a la perfección por un Raizo Ichikawa al que inicialmente cuesta reconocer. En su caracterización se ha incluido un lunar en el cuello, que efectivamente está presente en todas las ilustraciones de su alter ego en la película. La fascinación y la devoción de su esposa Kae y su madre Otsugi son los pilares sobre los que edifica sus avances en medicina.

Llaman la atención las escenas en las que se ven involucrados los animales, difícilmente admisibles en la sociedad del siglo XXI, pero poco sorprendentes para los que estamos acostumbrados al cine clásico japonés. Es preferible no saber hasta que punto está adiestrado o drogado el gato que muestra los efectos secundarios de la anestesia, pero visto el trato que se da a los caballos del cine Sengoku me extrañaría equivocarme en mis suposiciones. No hay que ser tan inocente como para pensar que en un laboratorio moderno el panorama es muy diferente, pero dada la sensibilidad de hoy día parece una monstruosidad verlo en pantalla.

Como ya he dicho anteriormente, mi experiencia con el cine de Kaneto Shindo es limitada, pero hasta ahora nuestros tres encuentros cinematográficos (esta vez como guionista) han estado protagonizados por una suegra y una nuera. En The Wife of Seishu Hanaoka la competencia entre Kae y Otsugi por el afecto de Unpei es tan encarnizada que ninguna de las dos duda a la hora de ofrecer su vida para ser la responsable del éxito. Esposa y suegra bajo un mismo techo es una relación fascinante que a menudo explota el jidaigeki. En esta película de Masumura asistiremos a una de sus máximas expresiones.

The Wife of Seishu Hanaoka

Del personaje histórico se dice que fue el autor de la primera operación documentada con anestesia general de la historia. Su trabajo tuvo lugar en una época y un lugar en que la medicina era algo brutal, como vemos en las primeras escenas de la obra, que a mí personalmente me han obligado a cambiar de postura en la silla un par de veces. ¿Recordáis a Ichibei Shikoro en la mesa de operaciones de Eight Men to Kill? Por desgracia las intervenciones quirúrgicas de aquellos tiempos no habían avanzado mucho desde el Sengoku. Siempre que me encuentro ante algo así recuerdo un pasaje del Zohyo Monogatari en el que se describe cómo sacar una flecha de un ojo a un soldado, siendo el único instrumental médico necesario unas tenazas y tela para atarle la cabeza a un árbol.

Suponía por la crítica que iba a encontrar una película excelente, así que me basta con decir que mis expectativas han quedado más que satisfechas para dejaros mi sincera recomendación.

Zatoichi 20: Zatoichi meets Yojimbo (1970)

Zatoichi meets Yojimbo

La guerra del oro
Dirigida por Kihachi Okamoto

No puedo negar que desde que cogí por banda la primera película de la saga estaba esperando el momento de llegar a esta, porque se dan una serie de circunstancias que la hacen especial y la separan del resto. En primer lugar se habían rodado 19 entregas del personaje en 7 años ininterrumpidos, entre 1961 y 1968. Tras el vacío de 1969, este título sacaba al espadachín de su corto y merecido descanso. En segundo lugar está el hecho de que la dirige Kihachi Okamoto. No es cuestión de que sea mejor director que los que le precedieron (que también), sino que no era un habitual de las sagas como Kenji Misumi, Kazuo Ikehiro, Tokuzo Tanaka, o Kimiyoshi Yasuda, que se apuntaban con frecuencia a trabajar también en Sleepy Eyes of Death y Band of Assassins, entre otras. Por último, y más importante, el elemento diferenciador de Zatoichi meets Yojimbo es precisamente la presencia de Yojimbo, interpretado por el gran Toshiro Mifune.

Después de esta introducción, lo primero a mencionar es que el Yojimbo de Okamoto no se parece demasiado al que creó Kurosawa en 1961, pese a que su imagen sea la misma. Tienen en común la destreza con la espada, un sexto sentido para sacar dinero de todas partes, y una marcada actitud de indiferencia. Les separa su nuevo carácter salvaje y su renovada percepción del bien y del mal. El kamon (emblema) que lleva en esta película aparece en el libro de Stephen Turnbull Samurai Heraldry identificado como el “melón partido” de Kazumasu Takigawa, y se incluye dentro de la familia de la papaya en Japanese Design Motifs. El que adornaba la ropa del personaje de Kurosawa representaba una flor oxálida, característica del clan Sakai, que acentuaba la relación del protagonista con las flores. Este hecho no es significativo en sí, ya que se puede justificar el cambio de mil maneras. Lo que es representativo es que Okamoto evitara deliberadamente utilizar un elemento clave para convertir al Yojimbo de su película en el Sanjuro de Kurosawa. Ni siquiera optó por un emblema de la misma familia, y tenía un amplio abanico donde elegir.

Zatoichi meets Yojimbo

Sinopsis: Zatoichi, cansado de matar, decide volver a su pueblo favorito después de recordar lo hermoso que era estar allí. A su regreso todo ha cambiado. El que antes fuera el jefe del lugar ahora es un viejo fabricante de budas de piedra, y la aldea se encuentra bajo el control de un comerciante. Su hijo menor trabaja haciendo monedas para el Shogunato, y según los rumores le envía cantidades de oro periódicamente. Tras la búsqueda de ese oro están Yojimbo, el hijo mayor del comerciante, y el propio Zatoichi.

El argumento se presenta interesante, con una narrativa fluida y unos personajes con perfiles para todos los gustos. Se combina muy bien el sentido del humor de Yojimbo con las pataletas del masajista, similares a las que tuvo en Zatoichi and the Doomed Man, cuando Hyakutaro le suplantó el nombre. La duración pasa de largo los 85 minutos de media a los que estábamos acostumbrados, y se va hasta casi las dos horas. Okamoto tiene tiempo de meter a un tercer hombre duro: Kuzuryu (Shin Kishida). Su puesta en escena es excepcional, aunque con el paso de los minutos va perdiendo fuerza.

Zatoichi meets Yojimbo

Las escenas de acción quedan muy lejos de aquellas maravillas bajo la nieve con las que el director nos deleitaba a mediados de los 60. Aquí están rodadas con planos muy cortos y constantes cambios de cámara. Destaca el detalle de que el bastón-espada de Zatoichi sea mucho más largo y feo que el habitual, que se le rompe por tercera vez al comienzo de la trama.

Zatoichi meets Yojimbo no deja de ser una buena elección dentro de la saga, aunque Shintaro Katsu cede tanto protagonismo a Toshiro Mifune que prácticamente su presencia en el metraje queda igualada. Es una obra de gran calidad, pero el personaje de Zatoichi es menos que una sombra del que tan bien conocemos.

Blood End (1969)

Blood End

Por el pueblo, sin el pueblo
Dirigida por Satsuo Yamamoto

La película comienza en un patio de ejecución, donde tres granjeros se disponen a recibir castigo por orden de los oficiales del Shogun. Uno de ellos es Sentaro (Tatsuya Nakadai), que tras recibir 100 golpes salva milagrosamente la vida gracias al agua que le ofrece Jingoza (Kanemon Nakamura), un jefe yakuza. Ese incidente marcará el resto de su vida, dedicándose desde entonces a buscar venganza en las filas del grupo Tengu.

Independientemente del papel que juega en la historia el personaje principal, Blood End cuenta los hechos que tuvieron lugar durante la Rebelión de Mito en 1864. Los insurgentes del grupo Tengu eran partidarios del Emperador y se oponían al Shogunato y a las potencias extranjeras. Entre sus miembros había tanto samuráis como campesinos, y trataban de destruir al gobierno Tokugawa mediante la violencia.

El protagonista, Sentaro, es un granjero que pierde la personalidad durante su búsqueda de venganza, dejándose atrapar por la influencia de un grupo revolucionario que en el fondo le desprecia por su bajo estatus social. El desarrollo del personaje es paralelo a la evolución del grupo, que a su vez se olvida de sus principios fundamentales y se convierte en una banda de asesinos y saqueadores que practican la misma discriminación de clases contra la que luchan.

Blood End

Tratándose de un chambara ambientado en pleno Bakumatsu, era de esperar que gran parte del metraje estuviera dedicado a escenas de acción. Sin embargo, no vamos a poder disfrutar de grandes coreografías, ya que las condiciones del escenario son casi siempre caóticas y hacen difícil ver con claridad lo que está sucediendo. En cualquier caso, la mayoría de los combates tienen una dosis adecuada de realismo.

El final de la película me pareció ridículo e incoherente la primera vez que la vi. En esta ocasión le he encontrado sentido, sea o no el que el director pretendía darle. Personalmente creo que identifica a Sentaro con la figura del campesino. La rebelión fue un rotundo fracaso, pero el espíritu de la restauración sobrevivió, y a los pocos años ya había puesto fin a la edad de los samuráis.

Blood End es una interesante obra de Satsuo Yamamoto (director entre otras de Band of Assassins y Zatoichi the Outlaw), que si bien no se cuenta entre mis favoritas del género, no deja de ser una buena opción para conocer uno de los sucesos más destacados del turbulento Bakumatsu.