The Blazing Sword (1966)

The Blazing Sword

El vicecomandante demonio
Dirigida por Hirokazu Ichimura

Seguramente la mayor parte de nosotros conoce a Hirokazu Ichimura por la saga Crimson Bat. Sin embargo, antes de aquellas películas dirigió The Blazing Sword, basada en una novela de Ryotaro Shiba de 1964 titulada Moeyo-ken. El reparto que da vida a los personajes resulta prácticamente desconocido, encabezado por Asahi Kurizuka y Shunya Wazaki, dos actores que se encontraban en el inicio, y al mismo tiempo en la cúspide, de sus carreras cinematográficas. A Shunya volveríamos a verle en Reborn from Hell, pero Asahi apenas fue más allá de un par de papeles secundarios.

La narración se centra en la figura de Toshizo Hijikata, comenzando poco antes de la formación del Roshigumi y extendiéndose hasta el incidente de Ikeda-ya. El legendario vicecomandante del Shinsengumi se apodera de todas las decisiones importantes que llevaron a la creación de la milicia. La película está tan centrada en el protagonista, y se le da tanto peso, que casi parece que su enfrentamiento personal con Sohaku Rokusha es más importante que la lucha contra los nacionalistas (ishin shishi).

La primera advertencia que quiero lanzar es para los que se toman el jidaigeki como una enciclopedia de la historia de Japón. La biografía de Hijikata que vamos a ver tiene la dosis justa de veracidad para no alterar sustancialmente los acontecimientos en los que interviene. Pese a que efectivamente la importancia y la fama de nuestro personaje central puede compararse a la del comandante, lo que vemos en The Blazing Sword es una tremenda exageración que lo eleva a la excelencia tanto en liderazgo como en habilidad con la espada, dos campos en los que como mínimo estaba por debajo de Kondo y Okita respectivamente. Resulta llamativo que en el incidente de Ikedaya sea él quien insiste en llevarse menos hombres a la otra posada, cuando según las crónicas fue Kondo el que decidió tomar el contingente más pequeño (formado por los mejores, eso sí). Creo que este es un ejemplo perfecto del giro que se da a la historia para mayor protagonismo y gloria de Hijikata.

The Blazing Sword

Llama la atención que por enésima vez el uniforme que viste el Shinsengumi no sea el que todos los amantes de la milicia adoran y recuerdan. Para ser el elemento más característico del cuerpo no cabe duda de que es el gran sacrificado por el cine. En The Blazing Sword encontramos probablemente el caso más justificado, puesto que el haori azul con picos blancos ofrece un contraste muy bajo en blanco y negro. Quizás por ello el director decide vestir a sus personajes de blanco y negro (valga la redundancia), destacando así las montañas que adornan las mangas. Haciendo un rápido repaso por otros títulos del Bakumatsu, veremos que en When the Last Sword is Drawn se utilizan el rojo y el negro para igualar la agresividad del vestuario a la del sobrenombre de “Lobos de Mibu”; en Shinsengumi Chronicles Kenji Misumi elige el amarillo como alternativa al azul, aprovechándose del doble significado de la palabra japonesa asagi; finalmente, en Gohatto es más que evidente que los colores originales habrían destrozado esos fotogramas cargados de solemnidad, por lo que se eligió un moderno atuendo militar negro.

Las coreografías de acción vienen motivadas principalmente por actuaciones personales de Hijikata, cuyo individualismo le lleva a enfrentarse al peligro casi siempre en solitario. Su técnica de esgrima parece una variación del Tennen Rishin, lo que nos lleva a preguntarnos por qué representa al dojo en los desafíos habiendo al menos dos maestros presentes. En cualquier caso, y por más que se haga mención a diferentes escuelas, el estilo de combate de todos los personajes es prácticamente idéntico.

En The Blazing Sword no vamos a descubrir nada que no hayamos visto ya. Se trata de otra cinta más del Shinsengumi que comienza con la formación de la milicia y termina en Ikedaya. Se diferencia sólo en el protagonista y en la alteración de algunos sucesos. Creo que dejando al margen a los grandes aficionados, esta es una película que el espectador medio puede dejar pasar.

When the Last Sword is Drawn (2003)

When the last Sword is Drawn

Tiempo de lobos
Dirigida por Yojiro Takita

También conocida como Mibu Gishi Den, la película de Yojiro Takita recorre los últimos días del Bakumatsu a través del Shinsengumi y de dos personajes interpretados por Kiichi Nakai y Koichi Sato. Si mal no recuerdo fue el primer jidaigeki con el que me encontré, dos años después de su estreno. La visión de la milicia, Hajime Saito, y mi ídolo Soji Okita, resultó ser una combinación que enseguida despertó mi interés por el mundo de los samuráis.

Sinopsis: a principios de la era Meiji, un tal Hajime Saito lleva al médico a su hija. En la consulta descubre una fotografía de Kanichiro Yoshimura, el hombre al que odió durante mucho tiempo en los días en que ambos pertenecían al Shinsengumi. El doctor le contará la parte de la historia que no conocía, y juntos nos ayudarán a entender los motivos del peculiar Yoshimura.

Lo primero que salta a la vista es el contraste entre la era Meiji y el periodo Edo. En cuestión de diez años el país sufrió un cambio radical en el que desapareció la clase social que lo había dominado desde hacía casi un milenio. En los propios recuerdos de los protagonistas vemos cómo el peinado, el vestuario, y la actitud, les convierten personas completamente diferentes de las que eran. De hecho, Hajime Saito cambió su nombre por Goro Fujita, abandonando lo único que le quedaba del Bakumatsu.

When the Last Sword is Drawn se estrenó el mismo año de Twilight Samurai, y comparte con ella la exageración del drama en forma de pobreza extrema. La interpretación de Kiichi Nakai (Yoshimura) me ha parecido buena, pero hay que reconocer que sus monólogos van quizás demasiado lejos. Es un hombre que vive por y para su familia, y que pese a dar la imagen de falso samurái al que sólo le interesa el dinero, no se guarda nada para sí. Esto es algo que evidencia el tsuka-ito (encordadura del mango) de su katana. Vemos que le faltan secciones completas y que está hecho de remiendos de tela, no de seda, cuero, o algodón.

When the last Sword is Drawn

A nivel de fidelidad histórica hay detalles que me han gustado, en especial el que Saito sea zurdo, que hasta juega un papel en la trama. Parece algo insignificante, pero en el antiguo Japón ser diestro era casi tan frecuente como tener cinco dedos en cada mano, ya que a los chicos que daban demasiado uso a la izquierda se la ataban para forzarles a utilizar la derecha. Por su parte, Okita, Kondo, Nagakura, e Hijikata, están bastante bien caracterizados, dejando la única falla importante para el uniforme del Shinsengumi. De color negro y rojo, queda lejos del azul con montañas blancas o el amarillo alternativo que hemos visto en alguna ocasión.

Las coreografías de combate están muy conseguidas. Las katanas se desplazan a gran velocidad y golpean unas a otras con una fuerza endiablada. En la práctica, chocar una espada filo contra filo era prácticamente dar la hoja por perdida, pero en el cine se agradece en beneficio del espectáculo. Ikeda-ya también está aceptablemente representada, aunque el ratio de conspiradores y asaltantes (como mínimo 4:1) no refleja la realidad (1:1, o casi 2:1 si aceptamos que los Shinsengumi que esperaban fuera no llegaron a entrar en combate). Efectivamente fue en la famosa posada donde Okita tuvo sus primeros síntomas de la tuberculosis que le llevaría a la tumba.

Aunque la película sigue ocupando un lugar privilegiado en mi memoria, no es la obra maestra que en su momento pudo parecerme. Es una cinta emotiva ambientada en uno de los momentos más interesantes de la historia de Japón, cuando muchos de los últimos samuráis murieron siguiendo el código que les rigió durante cientos de años. La confirmo como un imprescindible del género y una invitación a los profanos para que conozcan la magia de aquella época.

Gohatto (1999)

Gohatto

El camino de los jóvenes
Dirigida por Nagisa Oshima

Del director de El Imperio de los Sentidos y nominada para la Palma de Oro en el festival de Cannes. Esa es la carta de presentación de Gohatto, también conocida como Taboo. Es la única película de Nagisa Oshima ambientada en los días del Bakumatsu, y la historia se basa en dos novelas cortas de Ryotaro Shiba, Maegamino no Sozaburo y Sanjogawara Ranjin, que conforman las crónicas del Shinsengumi.

La primera vez que la vi tuvo un gran impacto sobre mí, pero se quedaron muchas cosas en el aire y no llegué a entender todos los matices. Hace unas semanas, cuando me planteé reseñarla de nuevo, se me ocurrió documentarme mejor sobre el tema de la homosexualidad en Japón. Para ello me hice con el libro de Gary Leupp Male Colors: The Construction of Homosexuality in Tokugawa Japan. Pese a que no completé la lectura por tratarse de una obra demasiado explícita para mi gusto, tuve la oportunidad de profundizar en los capítulos más importantes. La sorpresa fue mayúscula cuando comprendí lo extendido y generalizado que estaba el deseo sexual hacia otro hombre, desde el periodo Heian, en el que ya se encuentran referencias literarias en obras como The Tale of Genji, hasta el Periodo Edo, donde se convierte en un tema bastante recurrido, tratado por los escritores con total naturalidad.

En el libro de Gary Leupp hay un ejemplo que sirve para hacernos una idea de lo aceptada que estaba la bisexualidad durante el Shogunato Tokugawa. Se habla de un personaje estilo Casanova, fruto de la imaginación del escritor Saikaku, que se jacta de haberse relacionado con 3.742 mujeres y 725 jóvenes. Si bien es una obvia exageración, no hay duda de que aporta una proporción interesante en la que un hombre podría distribuir su vida sexual entre uno y otro sexo. En la misma línea se mencionan diferentes personajes literarios a los que prácticamente les es indiferente pasar la noche con un hombre o una mujer.

La homosexualidad en la sociedad de los samurái es herencia o influencia de las órdenes monacales. Aquel era un entorno en el que los hombres pasaban recluidos largos periodos de tiempo en compañía únicamente de personas de su mismo sexo. Las relaciones eran siempre pederastas y marcadas por una diferencia de rango entre un nenja y un wakashu; respectivamente el monje y su acólito. El primero satisfacía su deseo sexual, mientras que el segundo encontraba en la relación amor y conocimiento. Estas prácticas, consentidas y favorecidas por la religión, pasaron a la sociedad marcial, en la que igualmente los guerreros compartían la mayor parte del tiempo con otros hombres. Aquí las relaciones eran también entre maestro y discípulo, señor y vasallo.

Gohatto

En Gohatto encontramos a Sozaburo Kano, que se alista en las filas de uno de los grupos con el código de conducta más estricto en la historia de Japón. El efecto que tiene su aparición en la milicia Shinsengumi es demoledor. El mero hecho de llevar el pelo sin arreglar a sus 18 años supone una tentadora provocación para todos, que captan el mensaje “estoy receptivo, sigo disponible para ser wakashu”. De haberse hecho ya el tradicional peinado samurái, habría sido considerado un adulto y su rol habría pasado a ser el de nenja, reduciendo o eliminando el deseo sexual de sus compañeros. Después de todo, las relaciones entre hombres de edad similar eran entonces incluso más escasas que en nuestra sociedad.

Desde su llegada al grupo, Kano recibe un trato diferente por parte de sus superiores. Kondo le sitúa directamente como su asistente personal, a lo que Hijikata responde: “es lo acostumbrado”. Igualmente los ojos de Hijikata nos revelan los rasgos más femeninos y bellos de Kano, desarrollando un extraño sentimiento personal que no se resuelve hasta el final de la película.

El tono de Gohatto es oscuro, solemne y austero. La música contribuye a acentuar el efecto, con notas distantes y oscuras que provocan incomodidad. Habría sido imposible transmitir la misma sensación si Oshima hubiera respetado el verdadero uniforme del Shinsengumi (haori azul con montañas blancas), llenando de color unos fotogramas que piden a gritos sobriedad. En el vestuario elegido se incluyen formas tan masculinas como los galones militares, que sirven también para que el espectador distinga fácilmente a los personajes por su rango. Esto resulta imprescindible para entender las relaciones pederastas señor-sirviente. Son 3 galones para el comandante, 2 galones y una línea para los subcomandantes, 2 galones para los capitanes de división, 1 galón y una línea para los soldados, y 1 galón para los demás miembros.

Si fuéramos muy estrictos con las películas que merecen el comentario de “no dejará indiferente a nadie”, desde luego Gohatto entraría en ese selecto grupo. No sólo por su temática tabú, sino por la originalidad que demuestra el autor al atreverse a filmar la homosexualidad de la literatura que tanto tiende a olvidar el cine jidai. Dará al espectador una visión de la cara oculta de la sociedad Tokugawa.

Shinsengumi Chronicles (1963)

Shinsengumi Chronicles

Salvadores de Kioto
Dirigida por Kenji Misumi

Sinopsis: Yamazaki se encuentra de manera fortuita con un miembro moribundo del Shinsengumi, tras lo cual decide ir al cuartel general de la milicia para informar del incidente. Su conversación con Kondo Isami despierta en él una gran admiración, y decide unirse a su grupo para convertirse en samurái. Pronto se dará cuenta de que bajo la superficie las cosas son muy distintas a lo que parecían.

Las películas del Shinsengumi, junto con las ambientadas en el Japón del siglo XVI, siempre han sido mis favoritas. En esta ocasión el director resume a una velocidad de vértigo la historia del grupo, cuya función era la de mantener la paz y el orden durante el sangriento Bakumatsu, y utiliza a su actor fetiche para denunciar todo aquello que se separa del camino del samurái. Raizo Ichikawa encarna a Susumu Yamazaki, un miembro real de la milicia cuya participación en el incidente de Ikedaya está bastante discutida, afirmando algunas fuentes que no es más que ficción derivada de la novela de Kan Shimozawa, en la que se precisamente se basa Shinsengumi Chronicles.

Shinsengumi Chronicles

Kenji Misumi se separa en algunos aspectos de la historia real, o al menos de la que he leído en varias páginas web dedicadas al Shinsengumi y de lo que narra la serie de la NHK de 50 episodios. Por ejemplo, aquí Kondo es un claro subordinado de Serizawa Kamo, ante el que se muestra sumiso en repetidas ocasiones refiriéndose a él como su superior. En realidad ambos tenían el mismo rango y cada uno contaba con un grupo de seguidores que dividían a la milicia en dos facciones.

Como la palabra japonesa que define el color original del uniforme de la patrulla Shinsen es ambigua, y puede referirse a azul cielo o a amarillo claro, existe la duda histórica sobre la verdadera imagen de su vestimenta. En Shinsengumi Chronicles se muestran las dos opciones, lo que supone una particularidad que no he visto hasta la fecha en ninguna otra película. En cualquier caso lo de poner de negro los picos de las mangas es una licencia que se toma el director, ya que está constatado que eran blancos.

Hay varias escenas de acción, todas acompañadas de un adecuado uso de la sangre y firmadas con el sello característico made in Misumi (planos fijos desde todo tipo de posiciones y movimientos elegantemente fluidos). La mayoría de combates tienen como protagonista a Yamazaki, aunque también encuentran su oportunidad otras leyendas del Shinsengumi como Soji Okita, Sanosuke Harada, y Kondo Isami (interpretado por Tomisaburo Wakayama).

Como sucedía con Gohatto, el marco que ofrecen los Ronin de Mibu es el ideal cuando se quiere poner a prueba el código de honor y la moralidad del samurái. En Shinsengumi Chronicles encontraremos una película bien llevada, con una dosis considerable de acción, y sobre eventos históricos reales. Recomendable.

The Assassination of Ryoma (1974)

The Assassination of Ryoma

Padre de la restauración
Dirigida por Kazuo Kuroki

Todavía me cuesta creer que después de siete años por fin haya podido ver esta obra maestra de la forma en que se merece. La dirige Kazuo Kuroki, alguien que consiguió impresionarme con dos títulos que descubrí no hace mucho. Uno es Evil Spirits of Japan, y el otro Silence has no Wings, que hasta la fecha es lo más cercano a la poesía que he visto en imágenes. Con estos antecedentes, y sabiendo que la película está en la lista Kinema Jumpo de las 100 mejores obras japonesas de todos los tiempos, es inevitable sentir una irresistible atracción hacia The Assassination of Ryoma.

El director se concentra en los últimos tres días de la vida del personaje, allá por Noviembre de 1867. El Bakumatsu está llegando a su fin, y la alianza entre los clanes Satsuma y Choshu (Satcho) se prepara para la ofensiva final contra el Shogunato Tokugawa. Por su parte, Shintaro Nakaoka y su milicia de la región de Tosa han decidido respaldarles en el conflicto para asegurarse su continuidad en el nuevo Japón.

The Assassination of Ryoma

Ryoma es una de las grandes figuras del periodo y una representación viva de la modernización que sufría Japón. Se dice que combinaba su vestimenta tradicional con unos zapatos de piel occidentales. Pese a que su caracterización en algunas obras haya implantado en los espectadores una imagen de sucio holgazán y charlatán, Ryoma era un experto en Kenjutsu, y tenía un don para comprender lo que otros evidenciaban. En la actualidad muchos le consideran el padre de la Flota Imperial Japonesa, en cuya expansión colaboró.

La película toma de vez en cuando el estilo de un documental, con escenas cotidianas en las que el único sonido proviene de la banda sonora, de una de esas repetitivas piezas de ¿koto?, ¿biwa? (nunca he tenido muy buen oído para reconocer los instrumentos japoneses). Esta combinación transmite la sensación de que se trata del homenaje a un fallecido, y de que cuando cese la música le habremos perdido para siempre. Ryoma interviene en casi todos los diálogos, y en cada uno deja una huella de su personalidad. La historia del gato en el árbol explica de forma bastante clara la visión que tenía de la restauración.

The Assassination of Ryoma

Entre los personajes secundarios están Uta y Shintaro, enemigos del protagonista a los que consigue conciliar temporalmente para formar un curioso grupo. Su alianza parece un guiño a la de Satsuma y Choshu, clanes que tradicionalmente habían sido enemigos y que se unieron con la mediación de Ryoma. La gran ausente es su esposa, Narasaki Ryo (Oryo), que de hecho le salvó la vida en el incidente de Teradaya, del que tenemos constancia con el cartel de “Se Busca” al poco de empezar.

No voy a extenderme más, salvo para decir que Kazuo Kuroki hace partícipe a Hanjiro Nakamura en la muerte de Ryoma. Este samurái fue uno de los cuatro grandes asesinos del Bakumatsu, entre los que también estaba Izo Okada (recordemos Hitokiri de Hideo Gosha). Así que, cuando el protagonista mencione a un amigo de su infancia llamado Izo, ya podéis deducir de quién se trata.

The Assassination of Ryoma no ha defraudado lo más mínimo mis expectativas. Es exactamente la obra maestra que esperaba, y desde hoy ocupa una posición de privilegio en mi filmografía jidai-geki. Grande Ryoma; grande Kuroki.

Destiny’s Son (1962)

Destiny's Son

Destino aciago
Dirigida por Kenji Misumi

En este repaso que estoy haciendo a mi colección de jidai-geki lo que más me llama la atención es lo mucho que ha cambiado mi gusto y mi manera de ver el cine en estos ocho años que han pasado. El ejemplo más contundente que me he encontrado hasta ahora es precisamente el de Destiny´s Son, de la cual escribí verdaderas sandeces. Leyendo aquellos comentarios antes de reescribirlos ahora para este blog, me parece que el autor fuera otra persona. Esto me demuestra que cuando vemos una película lo que más influye a la hora de juzgarla son nuestras espectativas, nuestra personalidad, y lo que esperamos encontrar en ella.

Reflexiones personales aparte, otra novela de Renzaburo Shibata dirigida por Kenji Misumi y protagonizada por Raizo Ichikawa. ¿Nos suena el tridente? Al igual que en Sword Devil, producto de los hombres que acabo de mencionar, la historia se construye alrededor de un personaje principal bueno y sencillo, sin ningún conocimiento de esgrima. En un momento determinado la espada se presenta en su camino, y lo que al principio parece una bendición capaz de llevarle a cualquier parte se convierte en su maldición. Otras similitudes entre los protagonistas de ambas películas son un pasado incierto, unos padres desconocidos, y el rechazo de la sociedad por sus dudosos orígenes.

En la segunda mitad de Destiny´s Son, el camino de Shingo le introduce de lleno en los momentos más turbulentos del Bakumatsu, concretamente los que tuvieron lugar después de lo relatado en Samurai Assassin. El periodo de tiempo abarcado es muy amplio, desde 1853 hasta 1861, y la única percepción que tenemos del paso de los años, además de la narración, es el cambio de peinado del protagonista, que varía adecuándose a su situación personal. No soy un experto en este tema, pero me ha parecido clásico y formal cuando su vida está en perfecto orden, descuidado cuando se desentiende del mundo, y tradicional cuando parece recuperar su sitio (de derecha a izquierda en la imagen).

Destiny's Son

Hablar de la acción con Kenji Misumi es repetirme una vez más. Planos bien estudiados, coreografías elegantes y perfectas en las que el héroe derriba de un golpe a cada enemigo, y duelos larguísimos con una importante componente psicológica. Nuevamente aparece una técnica única que otorga ventaja al protagonista frente a sus desconcertados adversarios. El Corte de la Luna Llena de Sleepy Eyes of Death, la Pose Silenciosa de Satan´s Sword, el Iejutsu de Sword Devil, y ahora la Postura del Laúd; una posición principalmente defensiva y útil exclusivamente en enfrentamientos individuales.

Al margen de todo lo anterior, lo que verdaderamente diferencia a esta película son sus escenarios y paisajes. La fotografía es excelente y los decorados increíblemente variados y cuidados, llegando a su máxima expresión en el laberinto del Castillo de Mito y sus infinitas habitaciones (a quien haya jugado al Samurai Warriors de Playstation le vendrán a la mente un montón de recuerdos). En definitiva, un imprescindible del chambara y de Misumi.

Samurai Wolf 2 (1967)

Samurai Wolf 2

La bestia liberada
Dirigida por Hideo Gosha

Más que una continuación, la segunda parte de Samurai Wolf es una entrega más de lo que podría haber terminado siendo otra saga de aventuras con un ronin como protagonista. En esta ocasión, Hideo Gosha nos deja un sabor de boca extraño al repetir hasta el más mínimo detalle destacable de su obra anterior.

Sinopsis: Kiba Okaminosuke se encuentra por casualidad con un grupo de samuráis que transporta prisioneros a Arakawa. Tras ofrecerles agua, se da cuenta de que uno de los cautivos se parece a su propio padre, un retador de dojos asesinado años atrás, por lo que decide ayudarle a escapar. Más adelante se dará cuenta de su error, ya que la ambición sin límites de Magobei (así se llama el preso) llega a ponerle en una situación muy complicada.

Podemos situar la época elegida para desarrollar los acontecimientos gracias a la narración del incidente con el padre de Kiba, en la que se dice que murió durante el año 6 de la era Tenpo (1835), cuando el protagonista tenía siete años. Suponiendo que Kiba sea un sanjuro (treintañero), podemos decir que la trama tiene lugar durante el periodo Bakumatsu, probablemente en torno a 1860.

Samurai Wolf 2

El argumento es todo lo sencillo que puede ser para entrar cómodamente en los 68 minutos que dura la película. El director vuelve a centrar la trama en el oro, y más concretamente en la explotación ilegal de minas pertenecientes al Shogunato. Es curiosa la obsesión de Gosha por este tema, ya que es pieza fundamental de practicamente la totalidad de su filmografía chambara: Samurai Wolf (el envío de oro), Sword of the Beast (la mina de oro), The Secret of the Urn (la urna del tesoro), y por supuesto Goyokin (el oro del Shogun).

Las coreografías son un calco de la primera parte, y de hecho todos los duelos importantes se resuelven de la misma forma; escudo-contraataque-sangre. Los personajes entran y salen del plano a voluntad, aportando realismo y continuidad a la acción. Conforme nos acercamos al final, los enfrentamientos de Kiba son mucho menos elegantes y más desesperados, especialmente cuando no puede utilizar el brazo izquierdo.

Personalmente, y como valoración final, no creo que Kiba Okaminosuke tuviera el encanto suficiente como para haber protagonizado una saga con más títulos, pero aún así estas dos películas son un ejemplo único de cómo comprimir el buen chambara en tan sólo 70 minutos.