The Wife of Seishu Hanaoka (1967)

The Wife of Seishu Hanaoka

Cobayas
Dirigida por Yasuzo Masumura

Yasuzo Masumura no es precisamente uno de los directores más prolíficos en cuanto a producción de jidaigeki, pero algunos le conocerán por Double Suicide of Sonezaki, The Snare, o A Lustful Man. En The Wife of Seishu Hanaoka se apoya en un guión de Kaneto Shindo para llevar a la pantalla The Doctor’s Wife, una novela histórica de Sawako Ariyoshi. Los papeles principales son para Raizo Ichikawa, Ayako Wakao y Hideko Takamine.

Sinopsis: Unpei es un joven doctor cuya ambición es equipararse a Hua Tuo, el célebre cirujano chino del siglo II. En su empeño por curar cualquier enfermedad que afecte al ser humano comienza a estudiar una fórmula que le permita dormir a los pacientes para poder practicarles operaciones de riesgo. Su mujer y su madre se ofrecerán como cobayas para perfeccionar la primera anestesia general de la historia.

The Wife of Seishu Hanaoka

En un impecable blanco y negro, Masumura nos guía por la vida del doctor Seishu Hanaoka, interpretado a la perfección por un Raizo Ichikawa al que inicialmente cuesta reconocer. En su caracterización se ha incluido un lunar en el cuello, que efectivamente está presente en todas las ilustraciones de su alter ego en la película. La fascinación y la devoción de su esposa Kae y su madre Otsugi son los pilares sobre los que edifica sus avances en medicina.

Llaman la atención las escenas en las que se ven involucrados los animales, difícilmente admisibles en la sociedad del siglo XXI, pero poco sorprendentes para los que estamos acostumbrados al cine clásico japonés. Es preferible no saber hasta que punto está adiestrado o drogado el gato que muestra los efectos secundarios de la anestesia, pero visto el trato que se da a los caballos del cine Sengoku me extrañaría equivocarme en mis suposiciones. No hay que ser tan inocente como para pensar que en un laboratorio moderno el panorama es muy diferente, pero dada la sensibilidad de hoy día parece una monstruosidad verlo en pantalla.

Como ya he dicho anteriormente, mi experiencia con el cine de Kaneto Shindo es limitada, pero hasta ahora nuestros tres encuentros cinematográficos (esta vez como guionista) han estado protagonizados por una suegra y una nuera. En The Wife of Seishu Hanaoka la competencia entre Kae y Otsugi por el afecto de Unpei es tan encarnizada que ninguna de las dos duda a la hora de ofrecer su vida para ser la responsable del éxito. Esposa y suegra bajo un mismo techo es una relación fascinante que a menudo explota el jidaigeki. En esta película de Masumura asistiremos a una de sus máximas expresiones.

The Wife of Seishu Hanaoka

Del personaje histórico se dice que fue el autor de la primera operación documentada con anestesia general de la historia. Su trabajo tuvo lugar en una época y un lugar en que la medicina era algo brutal, como vemos en las primeras escenas de la obra, que a mí personalmente me han obligado a cambiar de postura en la silla un par de veces. ¿Recordáis a Ichibei Shikoro en la mesa de operaciones de Eight Men to Kill? Por desgracia las intervenciones quirúrgicas de aquellos tiempos no habían avanzado mucho desde el Sengoku. Siempre que me encuentro ante algo así recuerdo un pasaje del Zohyo Monogatari en el que se describe cómo sacar una flecha de un ojo a un soldado, siendo el único instrumental médico necesario unas tenazas y tela para atarle la cabeza a un árbol.

Suponía por la crítica que iba a encontrar una película excelente, así que me basta con decir que mis expectativas han quedado más que satisfechas para dejaros mi sincera recomendación.

The River Fuefuki (1960)

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Retrato de una época
Dirigida por Keisuke Kinoshita

Menuda maravilla deja para la posteridad Keisuke Kinoshita, representando mejor que nadie lo que fue y supuso el periodo Sengoku. Lo hace a través de cinco generaciones de una familia de campesinos que vive a orillas del río Fuefuki. Veremos cómo dependían del señor daimyo, y la poderosa atracción que sentían hacia sus guerras.

The River Fuefuki comienza a principios de la era Daiei (1521) y se extiende hasta mediados de la era Tensho (1582). Es una interesante coincidencia que el director decidiera narrar su historia desarrollando exactamente cinco generaciones, ya que muchas veces se resume el periodo Sengoku utilizando como muestra a la familia Hojo y sus cinco generaciones de poder y dominio.

Unos años después del final de la película, Hideyoshi Toyotomi se encargó de que los campesinos no volvieran a formar parte de los ejércitos, registrando pueblo tras pueblo para retirarles todas las armas. Así se establecieron los principios que caracterizarían el periodo Edo. Sin embargo, antes de eso todo era posible. Igual que cualquier samurái con ambición reunía un puñado de soldados y se erigía daimyo, los campesinos que demostraran valor en el combate podían ascender socialmente. El propio Soun Hojo llegó a convertirse en uno de los hombres más poderosos de Japón tras haber empezado su carrera desde lo más bajo y con seis hombres a su servicio.

También es representativa la interminable sucesión de batallas a las que asistimos, y más teniendo en cuenta que son una ínfima parte de las que tenían lugar en aquellos días. Hay que recordar que la familia protagonista está ligada al clan Takeda, y por lo tanto sólo aparecen las que tienen relación con ellos, ¡y no todas!, porque de las cinco de Kawanakajima sólo vemos la cuarta.

The River Fuefuki

Los medios que despliega Kinoshita para el rodaje son espectaculares, con poco o nada que envidiar a las grandes producciones de Kurosawa. Tenemos cientos de extras engalanados con sus armaduras, cargando a caballo, y luchando cuerpo a cuerpo. Además, aunque no lo vemos, al menos esta vez sí que se menciona lo importante que era para los soldados cortar las cabezas de sus enemigos, hasta el punto de que durante los ataques relámpago, a los generales les costaba evitarlo para acelerar la ofensiva.

Y bueno, casi se me olvida, pero en esta película en blanco y negro se colorean los fotogramas de una forma experimental y abstracta. La selección de los tonos parece casi aleatoria, y las únicas coincidencias que he visto son el rojo ligado al fuego, y el azul morado a la muerte.

Para terminar, quiero hacer alusión a dos guiños históricos que el director introduce en el metraje. Uno es el encuentro singular de Kenshin Uesugi y Shingen Takeda, idéntico a como lo describen en los dibujos y crónicas. El otro es la triple fila de mosqueteros que pone Oda en la batalla de Nagashino, la primera y única vez que se hizo.

En definitiva, The River Fuefuki es un trabajo maravilloso que ofrece una visión única e inigualable de la época más interesante de la historia de Japón.