Sleepy Eyes of Death 14: Flyfot Swordplay (1969)

Flyfot Swordplay

Las muñecas del Shogun
Dirigida por Kazuo Ikehiro

La última entrega de la saga clásica la dirige Kazuo Ikehiro, rescatando para la introducción los primeros minutos de A Trail of Traps. Si comparamos las imágenes, evidenciamos la pobre calidad del DVD de Flyfot Swordplay, que supone además un hándicap a la hora de valorar las escenas de acción, rodadas en su mayor parte de noche y con escasa visibilidad. Pataletas aparte, el título internacional de la obra me ha llamado la atención por emplear la palabra flyfot en lugar de swastika, a pesar de ser menos adecuado para traducir el manji japonés. Es obvio que la película nunca se habría titulado Swastika Swordplay, pero no deja de ser impactante hasta qué punto el nazismo ha dañado un símbolo tan importante en otras culturas orientales (en mi reseña de Inn of Evil podéis encontrar algo más de información).

Sinopsis: Nemuri recibe el encargo de violar a una joven que utiliza el encaprichamiento del señor del clan Kishiwada para controlar todas sus acciones. El espadachín acepta la misión, pero al llevarla a cabo resultan dañadas dos muñecas que custodiaba el feudo para el Shogun. Nuestro protagonista se ofrece para conseguir unos duplicados, aunque lo hará bajo la constante amenaza del clan Shimazu de Satsuma, animado por la situación para eliminar a un rival en la lucha por el poder.

El contexto político, por sorprendente que resulte, parece ser el de la sucesión de Ieyoshi Tokugawa de 1837. En Full Moon Swordsman se databa la aventura en 1841, por lo que no entiendo este viaje en el tiempo. Para hacerlo más confuso, en uno de los diálogos se dice que cuando Ienari sea nombrado Shogun, Tadakuni Mizuno será ascencido a Consejero Mayor. O bien el subtítulo inglés es incorrecto, o bien el guionista ha tenido un lapsus con los nombres. Lo que está claro es que la frase es contradictoria en sí misma, puesto que el nombramiento de Ienari tuvo lugar antes incluso de que naciera Tadakuni.

Flyfot Swordplay

El que esta entrega me haya parecido una de las peores se debe a que el argumento se olvida por completo durante más de una hora para centrar nuestra atención en el enfrentamiento de Nemuri con Satsuma. Se diría que más que nunca las muñecas son una pobre excusa para mostrarnos unas cuantas escenas de acción y rellenar metraje. Son las mismas trampas de siempre, las mismas violaciones consentidas, el mismo protagonista impasible, y una aventura que carece completamente de interés.

Si hay algo destacable en Flyfot Swordplay son las coreografías grupales en las que los rivales de Nemuri se ponen en fila india para enfrentarse a él de manera individual. El supuesto Jigen-ryu de Satsuma parte de una posición grotesca y nada práctica en la que cada luchador esgrime la espada por encima de la cabeza con la mano derecha invertida. Esta perversión de la postura de la libélula (tonbo gamae) es pura invención cinematográfica. Los combates evidencian que tampoco resulta muy útil.

Puesto que en mi opinión el propio Kazuo Ikehiro resta importancia en su película a las muñecas de Hina (que en teoría deberían ser el motor de la trama), he decidido dedicarles unas lineas como favor al espectador curioso. Estas figuras de madera se visten con atuendos del periodo Heian, y se colocan en un expositor de siete escalones con una jerarquía muy estricta. En la plataforma superior se sitúan las muñecas imperiales, el emperador y la emperatriz; en el segundo escalón hay tres cortesanas sirviendo sake; en el tercero encontramos cinco músicos, cuatro con instrumentos y el cantante con un abanico; el cuarto escalón presenta a dos ministros, uno en cada esquina; en el quinto hay tres samurái; en el sexto hay objetos cuyo uso tiene lugar en palacio; y por último, en la parte inferior se ponen objetos para uso fuera de palacio.

Conforme a lo dicho anteriormente, considero Flyfot Swordplay una de las dos o tres peores cintas de la saga, pero aprovecho la ocasión para rendir mi más sincero homenaje a esta estupenda colección de catorce películas, que quedó para siempre marcada por la pérdida de Raizo Ichikawa. Ante la figura de Nemuri Kyoshiro somos más conscientes de que nos dejó un actor maravilloso.

Sleepy Eyes of Death 12: Castle Menagerie (1969)

Castle Menagerie

La tierra prometida
Dirigida por Kazuo Ikehiro

Nos encontramos ante la última entrega protagonizada por Raizo Ichikawa de la saga. Unos meses más tarde tomaría el relevo Hiroki Matsukata para representar al personaje en otras dos películas, pero Sleepy Eyes of Death no llegó más allá de 1969. En Castle Menagerie Kazuo Ikehiro tuvo el honor de trabajar con Raizo en el que sería el último chambara del actor.

Sinopsis: un samurái cristiano se hace pasar por Nemuri para cometer multitud de crímenes por toda la ciudad, dejando siempre una nota que confirma su autoría. Las víctimas son elegidas por una de las mujeres de mayor rango en el harén del shogun, que ha prometido dejar marchar a 58 creyentes si gracias a su líder consigue afianzar su influencia en palacio. Aunque en un primer momento Nemuri no se preocupa demasiado por los sucesos, su intervención evitando un aborto le sitúa en el punto de mira de los conspiradores.

En cierto sentido no es de extrañar que Nemuri ignore al impostor durante buena parte de la cinta. Después de todo, matar y violar son sus especialidades, y la única diferencia es que las presas de su rival son inocentes. Ya en The Mask of the Princess habían tratado de complicarle con una trama similar, aunque en aquella ocasión tuvo que lidiar con un inspector incansable. En esta duodécima entrega el imitador realiza varias exhibiciones de habilidad que nos hacen preguntarnos si no estará incluso al nivel del auténtico.

Castle Menagerie

La dirección artística de Castle Menagerie me ha gustado mucho. Kazuo Ikehiro casi siempre sorprende con alguna toma original que te hace disfrutar de situaciones sencillas. Valga el ejemplo de la persecución a nivel del suelo en la que vemos cómo unas sombras avanzan en busca de unos pies. Sin olvidarnos por supuesto del baile de máscaras que lleva a Kyoshiro a enfrentarse con una de las trampas más extrañas que se ha encontrado.

Entre las notas curiosas que siempre incluyo en mis comentarios está la pipa que vemos atada al cinto del protagonista al principio de la película. No es habitual verlo en el cine, pero fumar era uno de los pasatiempos más representativos de la vida del samurái durante el periodo Edo. También llamará la atención de los menos experimentados la patrulla contraincendios que deambula por el castillo recitando obviedades a voz en grito. Pese a que nos pueda parecer una tontería, Annales des Empereurs du Japon recoge durante el Periodo Heian más incendios en el Palacio de Kioto de los que puedo contar con los dedos de las manos. Las lámparas de aceite, las velas, y los cortesanos maquinadores, no son buena compañía para la madera.

Realmente no estamos ante una de las mejores entregas de la saga, pero no puedo evitar sentir una punzada de emoción cuando veo a Nemuri alejarse al tiempo que aparece el kanji del final. Es en ese momento cuando comprendo que volveré a ver al personaje, pero sin el actor. Raizo Ichikawa murió de cáncer unos meses después, a los 37 años, habiendo participado en más de cien películas y dejando una huella imborrable en aquellos que le apreciamos. Fue el ronin por excelencia, y alcanzó la inmortalidad a través de los papeles que interpretó.

Sleepy Eyes of Death 09: A Trail of Traps (1967)

A Trail of Traps

El Dios del infierno
Dirigida por Kazuo Ikehiro

De título original Burai-hikae masho no hada, la novena entrega de la saga la dirige Kazuo Ikehiro, una verdadera garantía a la hora de enfrentarnos a un chambara clásico. Su firma es más que evidente desde la misma introducción, en la que narra el origen de Nemuri sobre un fondo completamente negro. Ese estilo de arranque ya lo había utilizado tres años antes en Zatoichi and the Chest of Gold, aunque aquellas imágenes eran de acción.

Sinopsis: Shurinosuke Asahina recibe el cometido de trasladar una valiosa estatua de oro de la virgen María desde Edo hasta la casa de su nuevo custodio. Sabedor de que un grupo de cristianos intenta castigarle por la persecución que llevó a cabo en el pasado, decide pedir ayuda a Nemuri Kyoshiro, ofreciéndole a cambio incluso la virginidad de su hija Chisa. En principio el ronin se niega, pero su contacto con Asahina es motivo suficiente para ponerle en el punto de mira de los radicales.

El rival de altura de A Trail of Traps se llama Ukon Saegusa y está genialmente interpretado por Mikio Narita. Su caracterización seguramente se basa en Shiro Amakusa, el líder de la revuelta cristiana de Shimabara, y sus propios hombres parecen supervivientes de la masacre. Ahora se encomiendan a un Dios del infierno llamado Giabo.

A Trail of Traps

El Nemuri de esta película se comporta con más desdén que nunca. No le interesa absolutamente nada, y comenta que no desea relacionarse ni con familiares, ni con amistades, ni con mujeres. Destaca su mención al hecho de que estuvo enamorado, y por la forma en que lo dice se diría que lo que pasó justifica su actitud presente. Desde luego motivos no le faltan para despreciar a las mujeres, ya que en la mayoría de sus encuentros acaba esquivando la punta de una espada que atraviesa el suelo. Es una escena que se ha convertido ya en una marca de identidad de la saga, tan representativa como la de los dados en Zatoichi.

Se da por hecho que un chambara de Kazuo Ikehiro va a tener buenas coreografías de acción, pero aún así me han sorprendido. En la escena que seguramente inspira el título internacional, donde el protagonista se ve rodeado de trampas en un bosque, es donde desenvaina por primera vez su wakizashi. En combinación con su katana Masamune, su técnica de combate se convierte en un torrente de velocidad y precisión sin igual. Curiosamente el Corte de Luna Llena brilla por su ausencia hasta el enfrentamiento final, durante el que se realiza dos veces seguidas en continuo movimiento.

El acompañamiento musical estilo western, la excelente fotografía, y el detalle de los escenarios, hacen de A Trail of Traps una entrega de entretenimiento tan buena como su predecesora. Altamente recomendable tanto para los que siguen la saga como para los que no.

Sleepy Eyes of Death 04: Sword of Seduction (1964)

Sword of Seduction

El cuerpo como arma
Dirigida por Kazuo Ikehiro

Sword of Seduction es la cuarta entrega de la saga Sleepy Eyes of Death. El director Kazuo Ikehiro, como ya hiciera en Zatoichi, introduce varias novedades muy llamativas en el ámbito visual, sobre las que hablaré más tarde, y un amplio abanico de personajes misteriosos y malvados.

Sinopsis: de forma completamente casual, Nemuri se topa con un cristiano perseguido que le entrega una figura y le suplica proteger a la Virgen Shima. El protagonista desprecia tanto sus creencias como la petición, y continúa su viaje. Cuando Nemuri descubre que la mencionada Shima conoce los detalles de su nacimiento, comienza a buscarla interfiriendo en los planes de unos traficantes locales.

La fama de mujeriego y aficionado a las prostitutas que adquiría el protagonista en The Chinese Jade se confirma aquí cuando le vemos aceptar prácticamente todas las tentaciones que se le presentan, si bien es cierto que rara vez se deja llevar por la situación. En esta película la seducción y el sexo son sucesos recurrentes. Las mujeres aparecen representadas como meros instrumentos del mal, que entregan sus cuerpos a los hombres para conseguir lo que buscan. La peor de todas es la pricesa Kiku, de la que se dice que es hija de Ienari, y también que es hija del anterior Shogun. Deducimos por tanto que Ieyoshi Tokugawa ya había sucedido a su padre, y que nos acercamos mucho a la década de 1840. Concretando aún más, si aceptamos que Tadakuni Mizuno actúa como Consejero Mayor podríamos afirmar que nos encontramos como mínimo en 1839.

Sword of Seduction

Kazuo Ikehiro nos ofrece mucha más información sobre Nemuri y su pasado que sus predecesores. Descubrimos ese origen mestizo del que se habló fugazmente en Sword of Adventure y que hacía enfurecer al protagonista. En aquella escena parecía que respetaba el cristianismo, quizás hasta el punto de creer en él. Decía “no menciones la bondad infinita de Jesús con tu sucia boca”, y aunque el significado de la frase bien podría ser “no hables de pureza cuando estás podrida”, seguía dando la impresión de que había algo de devoción en sus palabras. Lo mismo se podría decir de su encuentro con el padre Johannes. En Sword of Seduction en cambio no se deja lugar a la duda en cuanto a su repulsa por el cristianismo.

En el terreno de la acción es donde Kazuo Ikehiro saca a relucir su talento. La primera vez que se desenvainan espadas es para rodar una escena en la que la cámara sigue a Nemuri a la carrera mientras derriba enemigos sin detenerse un instante. No recuerdo ahora mismo si era en Kibakichi o en Zatoichi de Kitano donde había un enfrentamiento muy parecido. También el Corte de la Luna Llena se lleva al terreno de lo místico con una toma a cámara lenta en la que la espada se desdobla durante el eterno y mortal giro. El regreso de Tomisaburo Wakayama como Chen Sun deja en evidencia a Tokuzo Tanaka, con una coreografía breve, creíble, y estupenda, en la que se baten en duelo su bastón y la espada de Nemuri.

Nada más que añadir sobre este interesantísimo jidai y su historia ambientada en la persecución cristiana del periodo Edo. A quien le haya parecido interesante la temática le recomiendo encarecidamente Silence de Masahiro Shinoda.

Zatoichi 14: Zatoichi’s Pilgrimage (1966)

Zatoichi's Pilgrimage

Tohachi el salvaje
Dirigida por Kazuo Ikehiro

La primera duda que nos plantea Zatoichi’s Pilgrimage se refiere a la ordenación de la saga, ya que la portada del DVD clásico la situaba como decimoquinta entrega en lugar de decimocuarta. En el último DVD remasterizado ya aparece con el número catorce, como indicaban todos los listados del personaje y la propia filmografía de Katsu.

Sinopsis: harto de matar, Zatoichi promete peregrinar y visitar 88 templos en los que rezará en busca de una explicación a sus sangrientas andanzas. No tarda mucho en tener que volver a desenvainar para librarse de un hombre que intentaba asesinarle sin mediar palabra. El caballo del fallecido guía al masajista hasta la casa de su hermana, que enseguida le perdona y le pone de su parte en el conflicto que enfrenta a los aldeanos con el jefe yakuza Tohachi.

El regreso de Kazuo Ikehiro no podía ser más esperado si tenemos en cuenta sus antecedentes en la colección Zatoichi. Es un director que ya ha demostrado con creces su habilidad narrativa para hacer la historia interesante sin necesidad de recurrir a escenas de acción. En esta ocasión prescinde incluso de la habitual partida de dados en la que el espadachín suele darse a conocer ante sus enemigos.

Zatoichi's Pilgrimage

Si algo nos ha quedado claro a través de estas películas es que la yakuza que representan se parece a una enfermedad que se extiende por todo Japón, y que afecta a cada pueblo sin importar lo ricos o pobres que sean sus habitantes. Tohachi se diferencia de todos estos jefes sin escrúpulos en que su estilo es más bien el de un bandido que quiere hacerse yakuza. Nos recuerda al genial Mifune en la piel de Abare Goemon (Rise Against the Sword).

Las pocas escenas de combate presentes en el metraje están muy bien coreografiadas, una de ellas de noche, algo a lo que Ikehiro nos tiene ya bastante acostumbrados. El resto del tiempo, a intervalos no muy largos, van apareciendo situaciones en las que Zatoichi demuestra su habilidad con la espada para sorpresa de los presentes. Estos detalles amenizan la trama sin necesidad de que tenga que morir nadie.

Nada más que añadir, salvo que me ha dejado un muy buen sabor de boca. Zatoichi’s Pilgrimage está como mínimo en la media de calidad de la saga.

Zatoichi 07: Zatoichi’s Flashig Sword (1964)

Zatoichi's Flashing Sword

El destello de la muerte
Kazuo Ikehiro

Kazuo Ikehiro vuelve a rodar una película de Zatoichi, todavía sin haber acabado el año 1964. En esta ocasión el estilo empleado no nos deja tantos detalles novedosos y recursos de efectos como en Zatoichi and the Chest of Gold, pero se le agradece que las coreografías sigan siendo tan perfeccionistas en medio de esa oscuridad extrañamente bien utilizada.

Sinopsis: Zatoichi es disparado por la espalda mientras pasea tranquilamente lejos de su agresor. Una misteriosa desconocida se ocupa de todo para que sea curado, e incluso le da dinero para el viaje. Queriendo agradecer este gesto, el masajista viaja al lugar donde supuestamente vive, y descubre que es la hija de un jefe yakuza local. Los problemas llegarán cuando una vez más se vea envuelto en una pugna entre bandas, esta vez para hacerse con el control del vado que cruza el río.

Durante toda la saga han querido asesinar a Zatoichi por muchas razones; por entrometido, por necesidad, por venganza, por dinero, o por encargo. El motivo que añadimos en esta ocasión es simplemente la fama. Seiroku le dispara por la espalda sin esperar a cambio otro beneficio que el de poder jactarse de haber acabado con la vida del temido espadachín.

En Zatoichi’s Flashing Sword nuestro protagonista cambia un poco el discurso con respecto al mal que la yakuza hace al mundo, y en varias ocasiones describe con sentimiento de orgullo cómo debería ser un buen yakuza y qué trato deben dar a las personas corrientes. Esta ligera variación en su mentalidad parece explicarse en la primera escena, cuando dos veces le falla uno de sus principios fundamentales: “piensa mal y acertarás”.

Zatoichi's Flashing Sword

En las coreografías cabe destacar el infinito cuidado de Kazuo Ikehiro por que todo sea perfecto. Cuando Zatoichi se encuentra rodeado siempre calcula los movimientos exactos para que todos los atacantes caigan simultáneamente como estatuas grotescas. Además, si bien en muchas ocasiones he afirmado odiar la oscuridad en las escenas de acción, este director es cosa aparte jugando con la iluminación. A través de diferentes detalles en el desarrollo de la lucha consigue hacer divertida y espectacular la escena en sí, independientemente de que no podamos ver los golpes. En cualquier caso se trata de una negrura artificial, por lo que sin demasiada dificultad dirige nuestra atención hacia donde él quiere variando la posición de los focos.

Siguiendo con las coreografías y el estilo de lucha de Zatoichi, podemos analizar el doble sentido de una de sus frases más destacadas de la película: “yo nunca desenvaino primero”. Por una parte significa que no empieza una pelea si no le provocan, y por otra que al ser ciego necesita que su adversario haga el primer movimiento para calcular la posición. Una vez en situación, “el arte del rápido” le permite alcanzar antes de ser alcanzado, lo cual explota al máximo con su corto y maniobrable bastón-espada que le da ventaja en el cuerpo a cuerpo. El desenvainado inverso pone la puntilla dándole más fuerza y velocidad.

Una más de Zatoichi, y siendo la saga que es, eso no significa otra cosa que diversión asegurada. Kazuo Ikehiro se confirma como una garantía en la dirección del personaje.

Zatoichi 06: Zatoichi and the Chest of Gold (1964)

Zatoichi and the Chest of Gold

Rebelión de campesinos
Dirigida por Kazuo Ikehiro

Comenzamos ya con una de las cuatro películas rodadas en 1964, el año más prolífico de todos, y el que vio la entrada de Kazuo Ikehiro como un soplo de aire fresco en la dirección de la saga. Introdujo nuevos conceptos y varios toques de genialidad que no se habían encontrado en sus predecesoras.

Sinopsis: 18 aldeas de campesinos han reunido durante tres años los 1.000 ryo exigidos por el intendente como pago de impuestos. La comitiva que debe entregarlos es asaltada durante el trayecto, y el tesoro cae en manos de unos bandidos. El pobre Zatoichi, que tan sólo pasaba por allí, se encuentra con que todos los aldeanos le culpan del robo. Para demostrar su inocencia y la de Chuji, un líder local, tendrá que recuperar hasta la última moneda perdida.

Zatoichi and the Chest of Gold

Entre los detalles más destacados y novedosos de esta sexta entrega está la curiosa escena de créditos en la que aparece el espadachín ciego librando tres combates sobre un fondo totalmente negro. Esas tres coreografías iniciales habrán dejado con la boca abierta a más de uno, y es que concentran los mejores y más elegantes movimientos de Shintaro Katsu con la espada hasta ese año. No conforme con ese golpe de efecto, media hora después Ikehiro vuelve a dejarnos de piedra con la que fácilmente podría ser la toma más bonita de toda la saga; cuando un río de farolillos irrumpe en la más absoluta negrura mientras cientos de samuráis ascienden por el camino de la montaña. Se trata de una idea brillante que además ofrece la posibilidad de hacer trampas, ya que tengo la impresión de que hay bastantes más luces que extras.

Zatoichi and the Chest of Gold tiene encanto, tiene un equilibrio perfecto entre historia y acción, e incluso se permite el lujo de crear un poco de misterio sobre el paradero del oro. Los que hayáis leído el comentario hasta aquí habréis visto que he escrito varias veces las palabras “más” y “mejor”, así que como conclusión me reafirmo en mi idea de que, como poco, ofrece más y mejor que las cinco entregas anteriores.