When the Last Sword is Drawn (2003)

When the last Sword is Drawn

Tiempo de lobos
Dirigida por Yojiro Takita

También conocida como Mibu Gishi Den, la película de Yojiro Takita recorre los últimos días del Bakumatsu a través del Shinsengumi y de dos personajes interpretados por Kiichi Nakai y Koichi Sato. Si mal no recuerdo fue el primer jidaigeki con el que me encontré, dos años después de su estreno. La visión de la milicia, Hajime Saito, y mi ídolo Soji Okita, resultó ser una combinación que enseguida despertó mi interés por el mundo de los samuráis.

Sinopsis: a principios de la era Meiji, un tal Hajime Saito lleva al médico a su hija. En la consulta descubre una fotografía de Kanichiro Yoshimura, el hombre al que odió durante mucho tiempo en los días en que ambos pertenecían al Shinsengumi. El doctor le contará la parte de la historia que no conocía, y juntos nos ayudarán a entender los motivos del peculiar Yoshimura.

Lo primero que salta a la vista es el contraste entre la era Meiji y el periodo Edo. En cuestión de diez años el país sufrió un cambio radical en el que desapareció la clase social que lo había dominado desde hacía casi un milenio. En los propios recuerdos de los protagonistas vemos cómo el peinado, el vestuario, y la actitud, les convierten personas completamente diferentes de las que eran. De hecho, Hajime Saito cambió su nombre por Goro Fujita, abandonando lo único que le quedaba del Bakumatsu.

When the Last Sword is Drawn se estrenó el mismo año de Twilight Samurai, y comparte con ella la exageración del drama en forma de pobreza extrema. La interpretación de Kiichi Nakai (Yoshimura) me ha parecido buena, pero hay que reconocer que sus monólogos van quizás demasiado lejos. Es un hombre que vive por y para su familia, y que pese a dar la imagen de falso samurái al que sólo le interesa el dinero, no se guarda nada para sí. Esto es algo que evidencia el tsuka-ito (encordadura del mango) de su katana. Vemos que le faltan secciones completas y que está hecho de remiendos de tela, no de seda, cuero, o algodón.

When the last Sword is Drawn

A nivel de fidelidad histórica hay detalles que me han gustado, en especial el que Saito sea zurdo, que hasta juega un papel en la trama. Parece algo insignificante, pero en el antiguo Japón ser diestro era casi tan frecuente como tener cinco dedos en cada mano, ya que a los chicos que daban demasiado uso a la izquierda se la ataban para forzarles a utilizar la derecha. Por su parte, Okita, Kondo, Nagakura, e Hijikata, están bastante bien caracterizados, dejando la única falla importante para el uniforme del Shinsengumi. De color negro y rojo, queda lejos del azul con montañas blancas o el amarillo alternativo que hemos visto en alguna ocasión.

Las coreografías de combate están muy conseguidas. Las katanas se desplazan a gran velocidad y golpean unas a otras con una fuerza endiablada. En la práctica, chocar una espada filo contra filo era prácticamente dar la hoja por perdida, pero en el cine se agradece en beneficio del espectáculo. Ikeda-ya también está aceptablemente representada, aunque el ratio de conspiradores y asaltantes (como mínimo 4:1) no refleja la realidad (1:1, o casi 2:1 si aceptamos que los Shinsengumi que esperaban fuera no llegaron a entrar en combate). Efectivamente fue en la famosa posada donde Okita tuvo sus primeros síntomas de la tuberculosis que le llevaría a la tumba.

Aunque la película sigue ocupando un lugar privilegiado en mi memoria, no es la obra maestra que en su momento pudo parecerme. Es una cinta emotiva ambientada en uno de los momentos más interesantes de la historia de Japón, cuando muchos de los últimos samuráis murieron siguiendo el código que les rigió durante cientos de años. La confirmo como un imprescindible del género y una invitación a los profanos para que conozcan la magia de aquella época.

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