Whirlwind (1964)

Whirlwind

Vidas de posguerra
Dirigida por Hiroshi Inagaki

Ya sea conocida como Shikonmado – Dai tatsumaki, como Big Tornado, o como Whirlwind, se trata de otro trabajo de Hiroshi Inagaki, que sirve de continuación a Osaka Castle Story. Si la anterior terminaba con la tregua que tuvo lugar tras la Campaña de Invierno de Osaka, ésta comienza con la quema del castillo durante la Campaña de Verano de 1615, que marcó el inicio de la era Genna.

Sinopsis: la batalla de Osaka ha finalizado con la derrota absoluta del ejército de Toyotomi y sus aliados más importantes, incluido Yukimura Sanada. Ahora les toca a los supervivientes decidir por qué camino van a continuar sus vidas. Unos se plantean el suicidio como honorable vía de escape, otros prefieren seguir luchando hasta la muerte llevándose consigo a cuantos enemigos puedan, otros tratarán de escapar a la masacre, y finalmente los más cobardes recurrirán a la traición para mantener su estatus.

Al encontrarnos desde el mismo inicio en una situación extrema de vida o muerte, tenemos la oportunidad de juzgar instantáneamente a todos los personajes en función de sus elecciones. Sabemos quién es valiente, quién es cobarde, quién es débil y se desentiende del mundo, y quién es fuerte y lucha por seguir adelante. Esto es algo muy poco frecuente en el cine, donde normalmente evitan que sepamos de qué pie cojea cada uno hasta pasado el ecuador, o incluso hasta el desenlace. En cualquier caso, es una consecuencia directa de comenzar justo tras el clímax que anticipaba Osaka Castle Story.

Whirlwind

El cartel de Whirlwind y las menciones al dúo Mifune-Inagaki son engañosos, ya que el papel del mítico actor es bastante secundario, y dispone de muy pocos minutos en pantalla. De hecho, el tiempo en escena está tan repartido que es difícil hablar incluso de claros protagonistas. Hay al menos cinco o seis personajes con participación importante en el metraje, aunque a fin de cuentas todo gire en torno a Kozato y Jubei.

Recordaba la película con bastante menos acción, pero lo cierto es que hay tantos enfrentamientos como en cualquier chambara. La diferencia es que aquí el que más combate es Akashi (Toshiro Mifune), y lo hace con una flauta, por lo que no hemos de esperar ni vistosidad, ni realismo. Sólo dejo fuera de esta valoración el breve duelo entre Jubei y Shuri, que nos dejan un intercambio de golpes muy bonito y cuidado.

Al final de Whirlwind se ponen a prueba los efectos especiales de 1964, que superan el examen con buena nota gracias al acertado uso de las maquetas. Por lo demás, es una buena película, con actuaciones de calidad y personajes bien definidos, que será del agrado de casi todos.

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